jueves, 1 de enero de 2015

HOMILÍA EN LA MISA EXEQUIAL DE LA HERMANA FRANCISCA DE LOS ANGELES

HOMILÍA EN LA MISA EXEQUIAL DE LA HERMANA FRANCISCA DE LOS ANGELES
Hermana de la Caridad, Dominica de la Presentación de Tours
Carmen de Viboral (Antioquia, Colombia) 16-02-1916, Maracaibo (Venezuela) 30-12-2014


Queridos hermanos y hermanas
En las postrimerías del año 2014, nuestra querida hermana Francisca emprendió su vuelo definitivo a la Gran Casa de la Misericordia.  En la puerta de esa bella morada sin duda la estaban esperando todos los necesitados que ella atendió con tanto amor y la invitaron de una vez a sumarse al coro de los bienaventurados que cantan en el cielo: “Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré su fidelidad por todas las edades”. (Salmo 88, 1). Y hoy, abriéndose las puertas de un nuevo año civil, en la fiesta de Santa María Madre de Dios, estamos aquí congregados en otra gran casa marabina, la Casa de familia de María de Chiquinquirá y de todos sus hijos para darle sepultura cristiana a los restos mortales de la Hermana.

A quien hoy honramos con esta eucaristía exequial es una digna hija de la Beata Marie Poussepin, intrépida cristiana, fundadora, en el siglo XVII en Sainville, Francia, de la Congregación religiosa Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación de Tours. Mejor regalo no nos podía ofrecer Papa Dios, en este año de la vida consagrada, que la vida y obra de esta religiosa que se sintió llamada por Dios a vivir su fe bautismal  en el seguimiento radical de Jesucristo, casto pobre y obediente, consagrándose a Dios totalmente dentro de esta congregación.  Contemplar y entregar a los demás  lo contemplado es el lema de la Orden dominica a cuya gran familia está afiliado este instituto religioso. Ese  fue el oficio de la Hna. Francisca entre nosotros. Ella también vio, contempló, oyó, palpó, saboreó  el amor compasivo de Dios hecho hombre en Cristo Jesús y dio testimonio de él y lo anunció y lo hizo manifiesto tanto con su vida como con su servicio amoroso en beneficio de los pequeños y de los pobres.
Ana Josefa Tobón  Arbeláez, su nombre civil, era una antioqueña de pura cepa, con el temperamento proactivo y la fe profundamente arraigada en la tradición católica de las familias de esa región colombiana. Enviada  a Maracaibo en 1971, después de algunos años en el Colegio, volcó toda la fuerza de su carisma fundacional y  el impetuoso fervor de su vocación de servicio en sus hermanos más necesitados. El fruto de esos desposorios fue la Casa de la Misericordia. Desde entonces el lugar se volvió, gracias  a la callada y abnegada entrega de la hermana, junto con otras religiosas de su congregación y un generoso cuerpo de voluntarios, en uno de los epicentros marabinos de la manifestación de la divina misericordia, un puerto de oración, de sosiego y de paz.
La Hermana Francisca no oraba solo por la sanación de los cuerpos; también atendía sus necesidades espirituales, pues bien sabía  que las enfermedades del alma son en gran parte la causa de las enfermedades del cuerpo y del espíritu. Los asiduos visitantes muy pronto lo advirtieron también ellos. Por eso acudían a la Casa de la Misericordia no solo en procura de curación física y de medicamentos sino también en búsqueda del camino de la fe, de  la oración, de orientación  espiritual. Y allí los recibía ella con su enorme capacidad de escucha, de amor y de misericordia, que emanaban de su frágil cuerpecito de mujer.  Ella nunca se atribuyó nada. Todo para ella tenía su fuente en Dios.
La Arquidiócesis de Maracaibo bendice a Dios por haber sembrado este reflejo vivo de su amor en nuestra tierra zuliana. La Hermana Francisca  era uno de los pilares orantes que sostenía esta Iglesia local. En los numerosos encuentros que tuve con ella siempre insistía en la importancia de la oración y me comentaba cuánto oraba por la santificación de los sacerdotes, de las religiosas, de los seminaristas, por el advenimiento de la paz y de la justicia en Venezuela y por la concordia fraterna entre chavistas y opositores.  Ahora, desde el cielo, estoy seguro que continuará ejerciendo ese mismo servicio en nuestro favor de nuestra Iglesia y de nuestro país.
La despedimos en el inicio de un año nuevo, lleno de expectativas y de esperanza, en el día en que celebramos con toda la Iglesia universal la fiesta de Santa María Madre de Dios, y tiene lugar la Jornada Mundial de Oración por la Paz del mundo. Lo primero que nos viene al corazón en este momento es dirigirle a Dios una inmensa acción de gracias por el don tan grande de esta vida saturada del evangelio del amor y de la misericordia que su Hijo Jesús trajo al mundo. Cuando el Señor Jesús vio a sus discípulos salir en misión y regresar contentos, exultó en el Espíritu Santo y le dio gracias a su Padre por haber decidido compartir sus designios con los pequeños (Cf Lc 10,21). Así debe estar exultando también el Señor al ver volver a su discípula Francisca contenta por haber cumplido la tarea que él le confió en esta tierra. Hoy nosotros también exultamos porque en ella Dios se nos hizo cercano y visible.

  “Jesucristo es el principio y el fin de mi vida”, solía decir ella. Que su vida, su obra y testimonio susciten entre nuestras jóvenes venezolanas muchas vocaciones intrépidas, impregnadas del amor y de la misericordia sanadora de Cristo, semejantes a la de esta extraordinaria religiosa. El inicio de este año nos recuerda que hemos entrado en una nueva época. Los hombres y las mujeres de hoy, con una mentalidad distinta, marcada por la globalización y la comunicación tecnológica, tienen también hambre y sed de Dios y lo buscan ansiosamente a su manera. Necesitan nuevos testigos del amor divino, nuevos seguidores de Jesús, nuevos predicadores del evangelio de la misericordia. ¿Quiénes recogerán la antorcha y seguirán incendiando este mundo con el fuego divino del amor de Dios?

 La Hermana Francisca estuvo entre nosotros y cumplió su misión. ¡Gracias, hermana Francisca, por tu siembra de amor  en esta tierra durante estos 43 años!  Sigue orando por nosotros para que no desmayemos en nuestra misión en esta Venezuela tan necesitada de paz, de concordia, de convivencia y de justicia. Nuestra comunidad eclesial, junto con tu Congregación que serviste con fidelidad, mantendrá viva tu memoria y seguirá leyendo el evangelio abierto que nos dejaste.
Nosotros ahora nos aprestamos a sentarnos a la mesa eucarística para recibir el pan que nos dará fuerzas para emprender la ruta del 2015. Tu, en cambio, que tanto amaste la eucaristía ya no necesitas de ella pues ya puedes contemplar sin velo, en toda la plenitud de su belleza, el rostro del esposo a quien serviste con tanta fidelidad y exclamar, como la esposa del Cantar de los Cantares: “¡He encontrado el amor de mi vida; lo abracé y ya no lo soltaré!” (Cant 3,4).
Basílica de Ntra. Sra. de Chiquinquirá 1º de enero de 2015
+Ubaldo R Santana Sequera FMI
Arzobispo de Maracaibo



SANTA MARIA MADRE DE DIOS

Queridos hermanos y hermanas,
Concluye el 2014. Se inicia el 2015. Desconocemos lo que nos espera en el nuevo año. No sabemos siquiera si lo terminaremos. Nadie lo sabe. Así caminamos los humanos a través del tiempo. Es normal que broten de nosotros preguntas inquietantes: ¿qué nos traerá el nuevo año?, ¿con qué me iré encontrando a lo largo de los días?, ¿tendré suerte?, ¿me irá mal? No faltan quienes, inquietos por encontrar respuestas anticipadas a estas preguntas, acuden a brujos, hechiceros y quiromantes. Las cosas que ocurren fuera de nosotros pueden sin duda ejercer gran influencia en nuestras vidas: un duelo, una crisis económica, una pérdida de empleo, el nacimiento de un nuevo ser.
Pero tenemos que tener bien claro que la vida no nos la hacen desde fuera. El fatalismo no tiene la última palabra en nuestras vidas. Dios nos da la vida para que seamos su primer y principal administrador. La parte más decisiva en la configuración de nuestra vida viene de dentro de nosotros: de nuestras actitudes, de nuestra mentalidad, de nuestra espiritualidad, de los valores que tomamos en cuenta en nuestras actuaciones. Por eso es muy importante que nos  preguntemos: ¿cómo me propongo yo vivir  este año?, ¿Qué lugar ocupará Dios en mis planes, en mis proyectos?, ¿qué herramientas y ayudas utilizaré para renovarme interiormente?, ¿qué pondré de mi parte para  que este año sea  un año lleno de vida?
Por eso, estas fechas son buenas para detenernos y hacer sin miedo, con paz interior un balance personal? ¿Cómo comenzar el año en actitud de renovación? He aquí algunas sugerencias.
Tal vez, lo primero es preguntarnos cuál es nuestro estado de ánimo en estos momentos. Comienza un año nuevo, ¿qué siento dentro de mí? ¿Verdad, paz, vida? O por el contrario, ¿percibo turbación, ansiedad y confusión? Es bueno mirar de frente nuestros sentimientos y ponerles nombre. Ahí podemos encontrar ya alguna luz para orientar nuestra vida por un camino más acertado.
También hemos de preguntarnos enseguida por lo positivo que hay en nuestra vida. ¿Qué hemos recibido de bueno a lo largo del año que concluye? ¿Qué experiencias y encuentros positivos hemos vivido?
¿Qué es lo que más hemos de agradecer? Experimentar la vida como don que vamos recibiendo gratuitamente es una de las maneras más espontáneas de ir descubriendo la bondad de Dios. Esta actitud me lleva a desarrollar una forma de vivir en permanente estado de agradecimiento. El agradecimiento es la puerta grande para entrar en contacto con Dios. Hay un salmo que dice: “Entremos en su presencia dándole gracias” (Sal 95). Y el Señor Jesús, cuando vio a sus discípulos salir en misión y regresar contentos, exultó en el Espíritu Santo y le dio gracias a su Padre por haber decidido revelar sus designios a los pequeños.” (Cf Lc 10,21). Esta es una actitud fundamental para cambiar nuestra relación con Dios y con los hermanos.

Hay otras preguntas de suma importancia. ¿Qué he aprendido este año que termina? ¿Qué he descubierto con más claridad sobre mí mismo o sobre los demás? ¿He descubierto a Dios en mis gozos y mis penas, en mis temores y en mis trabajos? ¿Ha habido algún acontecimiento o alguna persona que me ha dado nueva luz? Desde que Dios se hizo niño en Belén, hemos de aprender a buscar su presencia en nuestra vida, en nuestra historia, en los acontecimientos pequeños y grandes que surcan nuestra existencia. Si descubro este código puedo disponer de una formidable herramienta para estar en permanente diálogo con Dios a lo largo del día. Una convicción debe reinar siempre en nuestro corazón: Dios está cerca de nosotros, siempre busca nuestro bien. Podemos confiar en El.
También hemos de revisar nuestros errores. ¿Qué equivocaciones he cometido a lo largo de este año? ¿Qué relaciones he estropeado? ¿Qué es lo que más he descuidado? ¿Por qué he vivido tan ocupado por mis cosas y tan olvidado del bien de los demás? Arrepentirse y distanciarse de lo malo que ha habido en nuestra vida es ya una manera de renovarse y despertar lo mejor que hay dentro de nosotros.
Todos comenzamos un año nuevo, pero todos de manera distinta. Algunos con la incertidumbre quizás de perder el puesto de trabajo. Otros con el gozo de esperar un nuevo hijo. Alguien con la angustia de entrar en el último año de su vida. Otro con la ilusión de crear un nuevo hogar. Otro con la perspectiva de ir a establecerse en otro país, lejos de su familia y de su patria. Cada uno con sus propios problemas.

Sin embargo, a los creyentes se nos invita hoy a que, olvidando nuestras preocupaciones individuales, iniciemos el nuevo año con la mirada puesta en un objetivo urgente para la humanidad: la paz. La Iglesia celebra hoy la Jornada Mundial de la Paz. El Papa Francisco nos ha entregado un mensaje en el que nos invita a luchar por la desaparición de las esclavitudes modernas. Hemos despedido un año sembrado de violencias, agresividad, muertes y sangre. 24000 mil muertos por violencia es el triste saldo del 2014. Y comenzamos otro que no nos ofrece un horizonte mejor. Nuestra tierra se ha ido tiñendo de sangre.
La violencia se ha apoderado de varias naciones y cada día aumenta su poder y dominio en Venezuela. Y lo más peligroso de todo es que se nos va metiendo en la mente la convicción de que para cambiar las cosas hace falta cierta dosis de violencia. Es una idea no sólo monstruosa sino falsa.  Ni de la punta de las metralletas terroristas ni de los gritos de los torturados puede salir una sociedad más humana. Los fines tienen la nobleza y la bondad de los medios que se utilizan para alcanzarlos. Por eso la paz y la justicia hay que construirlas por los medios que sean cónsonos con su consecución. Jesús, el gran constructor de la paz, se negó rotundamente a que Pedro sacara su espada para defenderlo en el momento de su arresto y nunca le pidió a su Padre que le mandara legiones de ángeles al mando del Arcángel S Miguel para defenderlo (Cf Mt 26,51-54).
Ha llegado la hora de que todos nos empeñemos en crear una nueva conciencia colectiva de luchar por la «no-violencia» activa. No podemos dejar nuestro futuro en manos de los violentos ni de los linchamientos colectivos. Es urgente andar otros caminos. Venezuela está urgida de una educación que promueva la cultura de la paz, de la convivencia y de la vida. El respeto a la vida del hermano es algo esencial a lo que un creyente no puede renunciar. Desde el momento en que Dios se ha hecho hombre, ningún hombre puede ser un sujeto sacrificable ni ninguna autoridad humana puede erigirse en juez para disponer de la vida de otro ser humano.
En este campo podemos hacer  mucho más de lo que pensamos. Todos podemos colaborar en la creación de una nueva conciencia y de un nuevo estilo de vida, que actúe como punta de lanza que abra a esta sociedad tan violenta hacia un futuro de mayor. Nuestras familias, nuestras escuelas, nuestras parroquias y muchos de nuestros vecindarios son espacios donde podemos desarrollar actitudes e iniciativas que vayan sembrando las semillas del valor de la vida y de la paz.
Comenzamos el año celebrando la fiesta de Santa María, Madre de Dios. Su fidelidad y entrega a la Palabra de Dios, su identificación con los pequeños, su adhesión a las opciones de su hijo Jesús, su presencia servidora en la Iglesia naciente y, antes que nada, su servicio de Madre del Salvador hacen de ella la Madre de nuestra fe y de nuestra esperanza. Vale la pena que empecemos a caminar el año agarrados de su mano, sostenidos por su ejemplo, animados por su mirada llena de ternura y de firme valentía a la vez.
María es modelo de fe. Según Lucas, creer en Jesús Salvador no es recordar acontecimientos de otros tiempos, sino experimentar hoy su fuerza salvadora, capaz de hacer más humana y más divina  nuestra vida.  Jesús no pertenece al pasado. Intencionadamente va repitiendo que la salvación de Jesús resucitado se nos está ofreciendo "HOY", ahora mismo, siempre que nos encontramos con él. Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Hoy se dan maravillas a nuestro alrededor, que no son tan publicitadas como las tragedias pero no por eso dejan de existir. Hoy aparecen en nuestro camino personas generosas, sensibles, solidarias dispuestas a ayudarnos desinteresadamente.

La Santa Eucaristía de hoy es el primer gran regalo que Cristo nos hace al inicio de este año. Dice la Biblia que con la fuerza del alimento que Dios le dio el profeta Elías camino cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte Horeb. Con el alimento de la Palabra de vida, de la Eucaristía dominical, de la oración diaria, de la atención solidaria hacia quienes nos necesiten podemos nosotros también caminar estos 365 días que se presentan ante nosotros. Lo importante es que hagamos como la Virgen María: guardemos todo lo bueno que Dios nos da en nuestro corazón y luego lo compartamos con nuestros hermanos.


1º de enero de 2015

miércoles, 31 de diciembre de 2014

¡Santo y feliz año 2015 para todos!

¡Santo y feliz año 2015 

para todos los lectores y sus familiares! 

¿Qué nos deparará este nuevo año? Son muchos los que ya se han apresurado a indagar en los Medios de comunicación y en las redes sociales los augurios de los vaticinadores, brujos y quiromantes.  Los cristianos no acudimos a esos instrumentos. Ponemos nuestra vida presente y futura en manos de Dios y confiamos totalmente que El sabrá llevar a buen puerto esta humanidad y cada una de nuestras vidas por el camino pascual de su Hijo Jesús como lo supo hacer con los Magos de Oriente.
En el calendario eclesiástico del 2015 encontramos una serie de efemérides, eventos y celebraciones importantes que estamos todos invitados a conmemorar y celebrar para sacar, de cada uno de ellos, los mejores frutos. Los invito a recorrerlos conmigo y a incluirlos en sus oraciones y buenas resoluciones.

El Papa Francisco ha declarado el 2015 Año de la Vida Consagrada. Buena oportunidad para dar gracias a Dios por tantos dones derramados por medio de los hombres y mujeres de especial consagración; para conocer mejor esta forma evangélica de vida practicada por tantos cristianos de todas las edades y condiciones; para valorar su testimonio y darles todo nuestro apoyo. Necesitamos muchos jóvenes valientes que opten por este estilo de vida tan antiguo y a la vez tan actual. Los hombres tienen que saber, por testigos directos, que no hay felicidad posible fuera de Dios. El es el único absoluto. Todo lo demás es relativo.

El año jubilar de la juventud que se inició en febrero del 2014, en honor de los seminaristas y jóvenes universitarios que ofrendaron su vida en la batalla de la Victoria, se prolongará por disposición de la Conferencia Episcopal Venezolana hasta el próximo mes de agosto y se clausurará a nivel nacional en el Tercer Encuentro Nacional de Jóvenes (III ENAJO) en Barquisimeto. Dentro de ese marco celebraremos también el 25 de abril el XI Encuentro de los Jóvenes con el Arzobispo.

El mes de enero estará marcado por dos fechas importantes. El 27 se cumplirán 30 años de la memorable visita apostólica del Papa San Juan Pablo II. Espléndida ocasión para dar a conocer a la nueva generación lo que significó esta visita para nuestra Iglesia local y el legado que nos dejó este gran santo de los tiempos modernos. En el palacio arzobispal se ha acondicionado el área donde se encuentra la habitación donde pernoctó el santo y se creado un ambiente propicio para la peregrinación y la oración. Queda aún pendiente colocar un signo en los espacios de LUZ donde el santo celebró la misa campal. El 31, día de San Juan Bosco, en la rectoría y en el Centro de formación agrícola de los padres salesianos en Carrasquero, se iniciarán las celebraciones en honor del bicentenario del nacimiento de este gran santo de la juventud.

El 21 de febrero se cumplirán 100 años del nacimiento de Mons. Domingo Roa Pérez, gran pastor que guió esta Iglesia local por más de 30 años y realizó una extraordinaria labor en la formación de sacerdotes, la promoción integral de los pobres, la educación en todos sus niveles y la evangelización a través de los Medios de comunicación social. Tenemos la gran responsabilidad de cultivar y acrecentar su legado socio-educativo y religioso. Necesitamos conocerlo mejor en todas sus facetas y aprender de su ejemplo de vida.
El 13 de marzo el Papa Francisco cumplirá dos años al frente de la barca de Pedro. ¡Qué bendición tan grande nos ha dado el Señor con su elección! La llegada de un pastor latinoamericano al solio pontificio es un fuerte llamado a todas nuestras Iglesias a comprometernos más con Jesucristo y llevar a cabo el programa trazado en la Exhortación “La Alegría del Evangelio”.
El 28 de marzo conmemoraremos los 500 años del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, gran reformadora, junto con San Juan de la Cruz, de la Orden de los y las Carmelitas. Una invitación a seguir valiéndonos de esta incomparable maestra de los caminos de la oración para crecer en nuestra vida espiritual y apoyar la fundación del Carmelo descalzo que se está llevando a cabo actualmente en nuestra arquidiócesis.

El 30 de abril daremos inicio al año jubilar por las bodas de oro de nuestra Arquidiócesis, creada por el Beato Paulo VI en 1966, creación que dio inicio a una nueva provincia eclesiástica y que actualmente está conformada por las diócesis de Cabimas, El Vigía-San Carlos, Machiques y la arquidiócesis de Maracaibo. Dentro de este marco festivo daremos inicio operativo a nuestro proyecto arquidiocesano de renovación pastoral con miras a construir juntos una Iglesia local casa, escuela y taller de comunión y solidaridad, inspirados en los modelos de Iglesia propuestos por el Movimiento Por un Mundo Mejor, por San Juan Pablo II (NMI 43), por el Concilio Plenario de Venezuela y el Papa Francisco en su Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”.
El 27 de mayo Mons. Diego Padrón, arzobispo de Cumaná, Mons.  Mario Moronta, obispo de San Cristóbal y a este pequeño servidor, cumpliremos 25 años de vida episcopal. Fuimos consagrados por el Cardenal José Alí Lebrún en la catedral de Caracas y fueron co-consagrantes Mons. Domingo Roa Pérez y Miguel Antonio Salas. Los invito a unirse a nuestra acción de gracias.
El 8 de agosto, fiesta de Santo Domingo de Guzmán, será una preciosa ocasión para bendecir al Señor por los 500 años de presencia en Venezuela de la Orden de los Predicadores. Haremos memoria agradecida  de aquel profético intento de evangelización “a la apostólica” en tierras de los Cumanagotos, inspirados por la predicación de los Frailes Pedro de Montesinos, Pedro de Córdoba y Bartolomé de las Casas y que concluyó con la muerte martirial de los misioneros.
Del 4 al 25 de octubre tendrá lugar en Roma la Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos que recogerá los trabajos realizados por el Sínodo extraordinario del 2014 sobre el candente tema de los retos que plantea a la Iglesia toda la evangelización de la realidad  familiar, en sus múltiples expresiones y variadas expresiones. Estamos conscientes que se trata de un asunto de crucial importancia que afecta la médula misma de la construcción de la Iglesia y de la sociedad humana y al cual debemos darle acertadas respuestas.
Es con todo este panorama por delante que les deseo un santo y fructífero año 2015, lleno de la gracia y de la bendición de Dios.



+Ubaldo R Santana Sequera FMI

Arzobispo de Maracaibo

HERMANA FRANCISCA DE LOS ANGELE

Hermana de la Caridad, Dominica de la Presentación de Tours
Carmen de Viboral (Antioquia, Colombia) 16-02-1916, 
Maracaibo (Venezuela) 30-12-2014

Anoche, 30 de diciembre, celebró su Pascua definitiva la Hermana Francisca de los Ángeles, digna hija de la Beata Marie Poussepin, intrépida cristiana, fundadora, en el siglo XVII en Francia, de la Congregación religiosa Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación de Tours.
Ana Josefa Tobón  Arbeláez, su nombre civil, era una antioqueña de pura cepa, con el temperamento proactivo y la sólida fe de las familias cristianas de esa región colombiana. Enviada  a Maracaibo en 1971, después de algunos años en el Colegio, volcó toda la fuerza de su carisma fundacional y  el impetuoso fervor de su vocación de servicio en sus hermanos más necesitados. El fruto de esos desposorios fue la Casa de la Misericordia, creada en 1981, frente al Colegio de la Presentación, muy cerca del Hospital Universitario. Desde entonces el lugar se volvió, gracias  a la callada y abnegada entrega de la hermana, junto con otras religiosas de su congregación y un generoso cuerpo de voluntarios, en uno de los epicentros marabinos de la manifestación de la divina misericordia.

La Hermana Francisca no oraba solo por la sanación de los cuerpos; también atendía sus necesidades espirituales, pues bien sabía  que las enfermedades del alma son en gran parte la causa de las enfermedades del cuerpo y del espíritu. Los asiduos visitantes muy pronto lo advirtieron también ellos. Por eso acudían a la Casa de la Misericordia no solo en procura de curación física y de medicamentos sino también en búsqueda del camino de la fe, de  la oración, de orientación  espiritual. Y allí los recibía ella con su enorme capacidad de escucha, de amor y de misericordia, que emanaban de ese frágil cuerpecito de mujer.  Ella nunca se atribuyó nada. Todo para ella tenía su fuente en Dios.
La Hermana Francisca  era uno de los pilares orantes que sostenía esta Iglesia local. En los numerosos encuentros que tuve con ella siempre me comentaba cuánto oraba por la santificación de los sacerdotes, de las religiosas, de los seminaristas, por el advenimiento de la paz y de la justicia en Venezuela y por la concordia fraterna entre chavistas y opositores.  Ahora, desde el cielo, estoy seguro que continuará ejerciendo ese mismo servicio en nuestro favor de nuestra Iglesia y de nuestro país.

Mejor regalo no nos podía ofrecer Papa Dios en este año de la vida consagrada que este modelo de mujer que entendió la vivencia de su fe cristiana como una consagración religiosa siguiendo a Cristo contemplativo y sanador en la gran familia de los Dominicos.  Contemplar y entregar lo contemplado es el lema de esta Orden. Ese  fue el oficio de la Hna. Francisca entre nosotros: contempló el amor compasivo de Dios hecho hombre en Cristo Jesús y lo entregó sin reserva alguna y con alegría a los pobres.  
“Jesucristo es el principio y el fin de mi vida”, solía decir ella. Que su vida, su obra y testimonio susciten entre nuestras jóvenes venezolanas muchas vocaciones semejantes a la de esta extraordinaria religiosa. Nuestra Iglesia y nuestro país están hambrientos y sedientos de testigos del amor divino de esta calidad. ¡Gracias, hermana Francisca, por tu siembra de amor  entre nosotros durante estos 43 años!  Ya puedes contemplar, en toda la plenitud de su belleza, el rostro del esposo a quien serviste con tanta fidelidad en todos los que vinieron a verte.
+Ubaldo R Santana Sequera FMI
Arzobispo de Maracaibo

martes, 23 de diciembre de 2014

MENSAJE DE NAVIDAD 2014 NAVIDAD: DIOS-CON-NOSOTROS Y NOSOTROS-CON-DIOS PARA SIEMPRE.

MENSAJE DE NAVIDAD 2014
NAVIDAD: DIOS-CON-NOSOTROS Y NOSOTROS-CON-DIOS PARA SIEMPRE

Queridos sacerdotes, diáconos, personas consagradas, seminaristas, laicos asociados y no asociados:
¡Un niño nos ha nacido;  un hijo  de hombre se nos ha dado! (Is 9,5). Esa es la gran noticia que celebramos los cristianos en la  Navidad. Nuestra fiesta gira en torno al advenimiento de un pequeño ser humano que es al mismo tiempo el Hijo eterno de Dios. ¡Qué grandioso acontecimiento!: ¡El Hijo de Dios se hace hijo de los hombres, uno de nosotros!  Así lo proclama el evangelista Juan en el prólogo de su Evangelio: “Y el Verbo se hizo hombre y puso su tienda entre nosotros” (Jn 1,14).
No se trata de una presencia pasajera; de una visita de turismo por la tierra; de un toque técnico, una escala antes de volver a su trono de gloria. No.  Dios ha salido de su eternidad y ha bajado hasta los subterráneos de la tierra para habitar con los humanos y todos los seres vivos y quedarse definitivamente con ellos. El profeta Isaías lo predijo siete siglos antes, al ponerle al Mesías el nombre de Emmanuel es decir: “Dios-con-nosotros” (Is 7,14). Dios para siempre e irreversiblemente con nosotros. Un “Dios-con-nosotros” que da por resultado un “Nosotros-con-Dios”.
Lo que se produce con el nacimiento de Jesús es una alianza tan fuerte entre Dios y los hombres y mujeres de la tierra que no habrá, de allí en adelante, poder humano o satánico capaz de romperla. Para hablar de ella la Sagrada Escritura utiliza la imagen de las nupcias (Cf Os 21-22; Is 62,5). No habrá más nunca humanidad sin Dios ni Dios sin humanidad. Se cumple por fin plenamente la promesa hecha por Dios a Noé al concluir el diluvio (Gen 9,12-16).
Ese niño que nace en la penuria de un pesebre, en una recóndita población de Palestina (Cf Miq 5,1), distante de los suntuosos palacios del César, envuelto en los pañales de la fragilidad humana, es la suprema revelación del amor de Dios a todos los humanos y a los seres vivos (Cf Jn 3,16) y de su poder redentor universal (Cf Rm 8,19-25). No viene afectivamente a salvar sólo al pueblo judío, ni sólo a los católicos o a los cristianos sino a todos los seres humanos, de todos los tiempos, de todas las razas, de todas las culturas, de todas las religiones. Dice la Escritura: “Dios, nuestro Salvador, quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Porque Dios es único, como único es también el mediador entre Dios y los hombres: un hombre, Jesucristo” (1 Tim 2,4).
 ¡Ésta es buena noticia! Y como todas las buenas noticias que vienen de parte de Dios, es perfecta, es buena sobre todo porque se da en la vida real. No es un discurso bonito: es un acontecimiento. Cuando los ángeles le anuncian a los pastores el nacimiento del Mesías, éstos dicen: “Vamos a Belén a ver eso que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado” (Lc 2,13-15). El evangelio prosigue: “fueron de prisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre”. Años más tarde, cuando Juan Bautista, encarcelado, manda sus discípulos para que le pregunten a Jesús si él es el Mesías que ha de venir, él les respondió: “Vayan y cuenten a Juan lo que están oyendo y observando: los ciegos ven,  los  cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia” (Mt 11, 2-5).
Los pastores van y encuentran un niño. Los enviados de Juan comprueban que  ciegos ven, sordos oyen, cojos caminan, muertos resucitan. Son hechos, son realidades, son obras del Altísimo. Así habla Dios. Así habla Jesús. Desde que el Verbo se hizo carne, todo lo que viene de Dios se hace creíble porque acontece en la carne de las realidades  de nuestra historia humana, sobre todo la de los pobres, los pequeños y los humildes. Así han de hablar los cristianos.
 No nos contentemos con hablar de Navidad. Hagamos acontecer Navidad. Nuestras familias esperan la Navidad para vivir más unidas. Nuestros niños y jóvenes tienen hambre y sed de la Navidad. Regalémosles, en vez de cosas: una vida ejemplar, obras de caridad, tiempo para escucharlos y estar atentos a sus necesidades profundas. Nuestros mayores anhelan la Navidad. Regalémosles visitas frecuentes, gestos de ternura y de atención personal. Nuestros enfermos suspiran por la Navidad que trae alegría, consuelo, compañía y sanación.
Navidad no se habla; se siente en el alma y se contagia por contacto personal. No reduzcamos la Navidad a adornos, a un ambiente, a un intercambio formal de regalos. Hagamos acontecer la   única y verdadera Navidad cristiana: la del niño Jesús, hijo de María Virgen, acostado en un pesebre y envuelto en pañales y que nos trae la profunda alegría de la salvación. Esa es la que tenemos que “ser” y “hacer acontecer” hoy y aquí en la realidad venezolana. Seamos Navidad. Seamos entendimiento y esperanza ¡Feliz Navidad!

+Ubaldo R Santana Sequera FMI         + Ángel F Caraballo Fermín
Arzobispo de Maracaibo                         Obispo auxiliar


domingo, 21 de diciembre de 2014

IV Domingo de Adviento con una oración de la Iglesia Oriental...

En este cuarto domingo de adviento comparto con ustedes esta hermosa oración de la Iglesia Oriental que encontré en la homilía para este domingo de Mons. Ángel Caraballo y que describe los regalos que la creación entera le hace a Dios: 
“¿Qué podemos ofrecer, oh Cristo, a cambio de que te hayas hecho hombre por nosotros?
Toda criatura te da testimonio de su gratitud:
Los Ángeles su canto
Los cielos la estrella
Los magos los regalos
Los pastores la adoración
La tierra una gruta
El desierto un pesebre
Pero nosotros, el género humano, te ofrecemos una Madre Virgen. 

Nosotros, esto es, la humanidad entera, te ofrecemos a María”.