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sábado, 3 de enero de 2015

Oración de fin y principio del año...

Al inicio de este año comparto con ustedes esta oración por si les puede ayudar a volar más arriba de las tempestades como los aviones que quieren evitar las turbulencias. Dios los bendiga...

Oración de fin y principio del año

PADRE DIOS, dueño del tiempo y de la eternidad,
tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.
Al terminar este año quiero darte gracias
por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la vida y el amor, por las flores,
el aire y el sol, por la alegría y el dolor, 
por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice el año anterior,
 el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos
y lo que con ellas pude construir
para bien de mi familia y de mi país.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé,
las amistades nuevas,
los más cercanos a mí y los que están más lejos,
los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar,
con los que compartí la vida, el trabajo,
el dolor y la alegría.

Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón,
perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado,
por la palabra inútil y el amor desperdiciado.
Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho,
y perdón por mi pasividad e indiferencia 
ante los acuciantes problemas de mi país.

Por la oración que poco a poco fui aplazando
y que hasta ahora vengo a presentarte.
Por todos mis olvidos, descuidos y silencios cómplices
nuevamente te pido perdón.

Se inicia un nuevo año
lleno de expectativas  de retos
y detengo mi vida ante el nuevo calendario,
libro sin estrenar que quiero escribir siguiendo tus designios; 
 te ofrezco por adelantado cada uno de sus 365 días,
Son todos tuyos y sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.

Te pido para mí,  los míos, mi país la paz, la justicia, la alegría,
la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con esperanza y bondad
llevando a todas partes un corazón lleno
de comprensión, de solidaridad y de paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad
 y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno;
que mi corazón se llene sólo de bendiciones
y las derrame a mi paso.

Cólmame de bondad y de alegría 
para que, cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí
encuentren en mi vida un poquito de TI.

Danos a todos un año constructivo y convivencial
 y enséñanos a repartir solidaridad
particularmente a los más necesitados 
de tu amor y de tu misericordia
. Amen!!!

jueves, 1 de enero de 2015

FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO 2015

FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO
 
En los primeros días de este año 2.015 que el Señor nos regala, es propicia la ocasión para hacer un balance de vida del año recientemente concluido y hacer propósito para el que hemos iniciado. Mirando hacia atrás vemos, en primer lugar,  una montaña de beneficios y dones que Dios, en su infinita bondad, nos ha concedido. Por eso, elevamos nuestro corazón y decimos: “en verdad, es justo y necesario, darte gracias, siempre y en todo lugar”. Pero también vemos otra montaña formada por nuestras faltas, defectos, pecados, y, como el publicano en el templo, indignos de levantar nuestra mirada, de corazón, le decimos “ten piedad de nosotros que somos pecadores”. Pero lo más importante es que dirigimos nuestra mirada adelante, a este nuevo año que iniciamos, quizá haciéndonos la señal de cruz, le decimos al Señor que lo queremos vivir cerca de él, que nos conceda su  gracia para que, en medio de las dificultades y  el dolor, nunca nos apartemos de él.

Este nuevo año 2.015, es como un libro nuevo que el Señor nos concede, tiene 365 hojas y en él debemos escribir la historia de nuestra vida y también la historia de nuestra relación cotidiana con el Señor. Querido hermanos, permítanme darles algunos consejos para que le saquemos frutos de vida eterna a este nuevo año.
.-  Tengamos  la actitud de la Santísima Virgen María “María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. El cristiano de este siglo, para que realmente sea “cristiano”, es decir, “seguidor de Jesús”, “con los mismos sentimientos de Cristo Jesús”, debe ser místico, debe tener una experiencia personal con él. No basta que tenga un “barniz”, o sea, religioso desde el punto de vista sociológico, o emotivo, pues tendrá que ir contra corriente. Mientras más estemos en Dios, tendremos más serenidad, capacidad de ver las cosas con objetividad y acertaremos más en nuestras decisiones. No olvidemos nunca que nuestra existencia está repleta de decisiones. Me comentaba un sacerdote muy cercano a mi persona : “Un amigo piloto que hacía vuelos trasatlánticos solía pedirme la bendición de viaje antes de iniciar esos largos recorridos. Un día en el que el tiempo andaba muy revuelto por las tormentas y él se disponía a realizar uno de estos desplazamientos, le manifesté mi preocupación por las condiciones meteorológica, y me dijo: no te preocupes, es cuestión de subir un poco más. Arriba no hay turbulencia…”. 

.- Cumplir el deber de cada día, pues es el camino que nos llevará al encuentro con Dios. No hacer cosas extraordinarias sino hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias, para escuchar la alabanza de Jesús: “Muy bien, siervo bueno y fiel; has sido fiel en lo poco, te constituiré sobre lo mucho, entra en el gozo del Señor” Mt. 25, 23. La santidad de vida se compone de muchos actos de amor: honradez, puntualidad en el trabajo, sinceridad, afabilidad en el trato, orden...Cuando alguien sucumbe en su vida y mide el suelo en su caída, no hay que creer que eso obedezca a una causa repentina. Puede ser por dos razones: una formación defectuosa recibida en el principio de su carrera le ha conducido por una senda defectuosa, o una negligencia persistente ha minado poco a poco su virtud y, dejado crecer los vicios, por lo que se  ha precipitado en una lamentable ruina. Casi siempre esta segunda causa está presente cuando no se cumple el deber de cada día.
.-  “Carpe Diem”: «no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy» o «vive cada momento de tu vida como si fuese el último» o más claramente “aprovecha el día con intensidad y provecho”. El tiempo para un empresario o un hombre de banca es oro, pero para nosotros, los cristianos, es salvación o condenación. El tiempo es la distancia que nos separa del momento en que nos presentemos delante de Dios, el día de nuestra muerte, con las manos vacías o llenas de buenas obras. Y la experiencia nos dice que “la vida en esta tierra es breve, es corta”. Por eso, no podemos darnos el lujo de “matar el tiempo”, “de aburrirnos”, de hacer que las horas pasen sin hacer algo bueno por los que están a nuestro alrededor. La Palabra de Dios nos exhorta: “anden con prudencia, no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, pues pronto viene la noche, cuando ya nadie puede trabajar, “No nos cansemos de hacer el bien, que a su tiempo cosecharemos, si no desfallecemos. Por consiguiente, mientras hay tiempo hagamos el bien a todos”.
 .- Vivamos con alegría, esperanza y optimismo. Somos hijos del Gran Rey que nos defenderá en nuestras batallas contra nuestros enemigos, externos e internos. Secundemos la iniciativa del Papa Francisco: “comuniquemos con gozo la alegría de tener a un Padre, a Jesús que nos amó y se entregó por nosotros, y al Espíritu que viene en auxilio de nuestra debilidad, nos sostiene y nos perdona”.  
Queridos hermanos, apliquemos estos sencillos, pero profundos consejos para que podamos con letra agradable a Dios llenar el libro de este nuevo año que se abre ante nosotros.
El Señor nos bendiga y nos guarde.
Él haga resplandecer su rostro sobre nosotros  y tenga de nosotros misericordia.
Él vuelva hacia la tierra su rostro y ponga en ella su paz. Amén.




Mons. Ángel Caraballo

Obispo auxiliar

miércoles, 31 de diciembre de 2014

¡Santo y feliz año 2015 para todos!

¡Santo y feliz año 2015 

para todos los lectores y sus familiares! 

¿Qué nos deparará este nuevo año? Son muchos los que ya se han apresurado a indagar en los Medios de comunicación y en las redes sociales los augurios de los vaticinadores, brujos y quiromantes.  Los cristianos no acudimos a esos instrumentos. Ponemos nuestra vida presente y futura en manos de Dios y confiamos totalmente que El sabrá llevar a buen puerto esta humanidad y cada una de nuestras vidas por el camino pascual de su Hijo Jesús como lo supo hacer con los Magos de Oriente.
En el calendario eclesiástico del 2015 encontramos una serie de efemérides, eventos y celebraciones importantes que estamos todos invitados a conmemorar y celebrar para sacar, de cada uno de ellos, los mejores frutos. Los invito a recorrerlos conmigo y a incluirlos en sus oraciones y buenas resoluciones.

El Papa Francisco ha declarado el 2015 Año de la Vida Consagrada. Buena oportunidad para dar gracias a Dios por tantos dones derramados por medio de los hombres y mujeres de especial consagración; para conocer mejor esta forma evangélica de vida practicada por tantos cristianos de todas las edades y condiciones; para valorar su testimonio y darles todo nuestro apoyo. Necesitamos muchos jóvenes valientes que opten por este estilo de vida tan antiguo y a la vez tan actual. Los hombres tienen que saber, por testigos directos, que no hay felicidad posible fuera de Dios. El es el único absoluto. Todo lo demás es relativo.

El año jubilar de la juventud que se inició en febrero del 2014, en honor de los seminaristas y jóvenes universitarios que ofrendaron su vida en la batalla de la Victoria, se prolongará por disposición de la Conferencia Episcopal Venezolana hasta el próximo mes de agosto y se clausurará a nivel nacional en el Tercer Encuentro Nacional de Jóvenes (III ENAJO) en Barquisimeto. Dentro de ese marco celebraremos también el 25 de abril el XI Encuentro de los Jóvenes con el Arzobispo.

El mes de enero estará marcado por dos fechas importantes. El 27 se cumplirán 30 años de la memorable visita apostólica del Papa San Juan Pablo II. Espléndida ocasión para dar a conocer a la nueva generación lo que significó esta visita para nuestra Iglesia local y el legado que nos dejó este gran santo de los tiempos modernos. En el palacio arzobispal se ha acondicionado el área donde se encuentra la habitación donde pernoctó el santo y se creado un ambiente propicio para la peregrinación y la oración. Queda aún pendiente colocar un signo en los espacios de LUZ donde el santo celebró la misa campal. El 31, día de San Juan Bosco, en la rectoría y en el Centro de formación agrícola de los padres salesianos en Carrasquero, se iniciarán las celebraciones en honor del bicentenario del nacimiento de este gran santo de la juventud.

El 21 de febrero se cumplirán 100 años del nacimiento de Mons. Domingo Roa Pérez, gran pastor que guió esta Iglesia local por más de 30 años y realizó una extraordinaria labor en la formación de sacerdotes, la promoción integral de los pobres, la educación en todos sus niveles y la evangelización a través de los Medios de comunicación social. Tenemos la gran responsabilidad de cultivar y acrecentar su legado socio-educativo y religioso. Necesitamos conocerlo mejor en todas sus facetas y aprender de su ejemplo de vida.
El 13 de marzo el Papa Francisco cumplirá dos años al frente de la barca de Pedro. ¡Qué bendición tan grande nos ha dado el Señor con su elección! La llegada de un pastor latinoamericano al solio pontificio es un fuerte llamado a todas nuestras Iglesias a comprometernos más con Jesucristo y llevar a cabo el programa trazado en la Exhortación “La Alegría del Evangelio”.
El 28 de marzo conmemoraremos los 500 años del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, gran reformadora, junto con San Juan de la Cruz, de la Orden de los y las Carmelitas. Una invitación a seguir valiéndonos de esta incomparable maestra de los caminos de la oración para crecer en nuestra vida espiritual y apoyar la fundación del Carmelo descalzo que se está llevando a cabo actualmente en nuestra arquidiócesis.

El 30 de abril daremos inicio al año jubilar por las bodas de oro de nuestra Arquidiócesis, creada por el Beato Paulo VI en 1966, creación que dio inicio a una nueva provincia eclesiástica y que actualmente está conformada por las diócesis de Cabimas, El Vigía-San Carlos, Machiques y la arquidiócesis de Maracaibo. Dentro de este marco festivo daremos inicio operativo a nuestro proyecto arquidiocesano de renovación pastoral con miras a construir juntos una Iglesia local casa, escuela y taller de comunión y solidaridad, inspirados en los modelos de Iglesia propuestos por el Movimiento Por un Mundo Mejor, por San Juan Pablo II (NMI 43), por el Concilio Plenario de Venezuela y el Papa Francisco en su Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”.
El 27 de mayo Mons. Diego Padrón, arzobispo de Cumaná, Mons.  Mario Moronta, obispo de San Cristóbal y a este pequeño servidor, cumpliremos 25 años de vida episcopal. Fuimos consagrados por el Cardenal José Alí Lebrún en la catedral de Caracas y fueron co-consagrantes Mons. Domingo Roa Pérez y Miguel Antonio Salas. Los invito a unirse a nuestra acción de gracias.
El 8 de agosto, fiesta de Santo Domingo de Guzmán, será una preciosa ocasión para bendecir al Señor por los 500 años de presencia en Venezuela de la Orden de los Predicadores. Haremos memoria agradecida  de aquel profético intento de evangelización “a la apostólica” en tierras de los Cumanagotos, inspirados por la predicación de los Frailes Pedro de Montesinos, Pedro de Córdoba y Bartolomé de las Casas y que concluyó con la muerte martirial de los misioneros.
Del 4 al 25 de octubre tendrá lugar en Roma la Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos que recogerá los trabajos realizados por el Sínodo extraordinario del 2014 sobre el candente tema de los retos que plantea a la Iglesia toda la evangelización de la realidad  familiar, en sus múltiples expresiones y variadas expresiones. Estamos conscientes que se trata de un asunto de crucial importancia que afecta la médula misma de la construcción de la Iglesia y de la sociedad humana y al cual debemos darle acertadas respuestas.
Es con todo este panorama por delante que les deseo un santo y fructífero año 2015, lleno de la gracia y de la bendición de Dios.



+Ubaldo R Santana Sequera FMI

Arzobispo de Maracaibo

martes, 16 de diciembre de 2014

ORDENACION PRESBITERAL DE LOS DIACONOS SILVERIO OSORIO ALBERTO QUINTERO, Y DAVID URDANETA

ORDENACION PRESBITERAL DE LOS DIACONOS
 SILVERIO OSORIO ALBERTO QUINTERO, Y DAVID URDANETA
13 DE DICIEMBRE DE 2014
Dt 1,9-14; Sal 115; 1Co 12,4-11; Jn 21,15-17

Muy queridos diáconos Alberto, David y Silverio,
Muy queridas familias de los ordenandos
Muy queridos sacerdotes concelebrantes
Muy queridos hermanos y hermanas


Hoy, día de Santa Lucía, santa y joven mártir siracusana, de gran arraigo popular en la devoción de los fieles zulianos, contemplamos, con gran alegría, cómo el Señor Jesús ha puesto nuevamente su mirada sobre este rebaño marabino y ha escogido a estos tres bautizados “para que estén con él y para enviarlos a predicar con poder de expulsar a los demonios” (Mc 3,13). Nosotros también, congregados en este templo de Ntra. Sra. de la Consolación, nos llenamos de admiración por las maravillas de Dios y, como María, cantamos nuestro Magníficat.


Cuando el Padre quiso salvar al mundo, no lo hizo solo de palabra sino mediante el envío de su propio Hijo (Cf Jn 3,16). Jesucristo, a su vez, no quiso llevar solo el cumplimiento de esta misión redentora sino que asoció a sí  doce apóstoles (Cf Mc 3,14), a quienes les comunicó su Espíritu (Cf Jn 20,22) y les confirió autoridad para  predicar el Reino de Dios hasta los confines del mundo (Cf Mt 28,20). Además estableció un vínculo muy estrecho entre sus mensajeros y su persona : “El que los recibe a ustedes me recibe a mí y el que me recibe a mí, recibe al que me envió” (Mt 10,40). Finalmente transformó está unión entre ellos y de todos con él en una condición indispensable para que los destinatarios de su predicación lo aceptaran como Hijo de Dios, Señor y Salvador (Cf Jn 17,21-22).

Hemos oído, en la primera lectura, que así había actuado también Moisés cuando, agobiado por la pesada carga de conducir el pueblo de Israel a través del desierto hasta la tierra prometida, siguiendo el consejo de su suegro, eligió a “setenta varones prudentes con los cuales gobernó fácilmente un pueblo numeroso” (Cf Ex 18,13-27). Los apóstoles a su vez asumieron este mismo modelo de liderazgo. “Eligieron como auxiliares suyos en el servicio cotidiano a siete varones tenidos por fieles testigos del Señor, a quienes, mediante la oración e imposición de manos dedicaron al servicio de los pobres” (Cf Oración consecratoria; Hech 6,1-6).

Es el modelo de pastoreo recomendado por la Iglesia a través de los siglos a los obispos. No nos toca llevar solos la carga. El Señor nos ha adjuntado el Orden de los presbíteros, como próvidos cooperadores nuestros (Cf PO 2). Dentro de unos momentos, en la Oración consecratoria, elevaré al Señor la súplica siguiente: “Concede, Señor, también a mi humilde ministerio esta misma ayuda para mi más necesaria porque mayor es mi fragilidad”. El Señor ha venido en ayuda de mi fragilidad y me ha dado este año cinco nuevos colaboradores. Esta mañana damos alegre bienvenida a tres de ellos: a Silverio, David y Alberto, cristianos comprometidos provenientes de esta buena cantera zuliana que ha dado a la Iglesia tantos abnegados y santos sacerdotes como los padres: Helímenas Áñez, Felipe Santiago Jiménez, Luis de Vicente, Olegario Villalobos, Antonio Ma. Soto, Nolberto López y muchos otros de antaño y de hogaño que honran y embellecen este cuerpo ministerial. Queridos hijos, a ustedes les dirijo las palabras del profeta Isaías: “Miren la roca de la que fueron hechos” (Is 51,1).

Hermanos y hermanas, sabemos que los sacerdotes no salen de la nada. Provienen de ustedes, “descendencia elegida, reino de sacerdotes y nación santa”, pueblo sacerdotal, pueblo de Dios (Cf 1 Pe 2,9). Dios los ha tomado de entre ustedes, familias creyentes, asociaciones apostólicas, parroquias misioneras y los consagra, los unge, los configura con su Hijo Jesús y los vuelve a colocar en medio de ustedes para que sean la presencia misma de su Hijo Jesús y les transmitan su salvación. (Cf Is 61, 1-3; He 5,1). Antes de ser diáconos y presbíteros, obispos todos nosotros somos primero bautizados, cristianos, miembros del pueblo de Dios.

Durante muchos años estos tres hermanos nuestros sirvieron a su Iglesia como laicos comprometidos. Pero un buen día,  descubrieron como los primeros apóstoles que el Señor los llamaba para otra misión. “Vengan conmigo y les haré pescadores de hombres” (Mc 1,17). Cada uno de estos tres elegidos vivió este momento de manera diferente. Alberto escribe que desde su confirmación sintió la necesidad de entregarse al servicio de Dios y de la Iglesia. Silverio sintió, a través de la catequesis y de la liturgia parroquial,  que el Señor lo llamaba a dejarlo todo y a seguirlo. David cuenta que su vocación  al sacerdocio nació de la necesidad de romper la indiferencia ante las injusticias hacia el necesitado.
    
Queridos diáconos, dentro de poco, por la gracia sacramental y el don del Espíritu Santo ingresarán al Orden de los Presbíteros, quedarán incardinados a una Iglesia local, regida por un Obispo, quien será, de ahora en adelante, su padre, amigo, hermano y pastor. Se incorporarán a un presbiterio, para vivir juntos,  sacerdotes diocesanos y religiosos, en fraternidad y comunión  y cooperar en el ministerio episcopal que desempeñamos Mons. Ángel y este servidor. En el presbiterio marabino aprenderán a construir la Iglesia local como casa, escuela y taller de comunión. A vivir en fraternidad, a ser solidarios unos con otros,  a compartir los bienes, a crecer en capacidad de servicio y entrega a la porción del rebaño encomendado.

Su ministerio será tanto más eficaz cuanto más unidos trabajen entre sí  con  su Obispo, al servicio del crecimiento y santificación del conjunto del pueblo de Dios. Si por la ordenación quedan configurados con Cristo Buen Pastor es para trabajar, junto con el Obispo y sus demás hermanos, en la constitución y el cuidado de un solo rebaño. “Entonces se formará un rebaño único, bajo la guía de un solo pastor” (Jn 10,16). No hay que confundir hacer Iglesia con hacer conucos de Iglesia; hay que construir una sola Iglesia. Formar parte de un presbiterio no basta: hay que construir un solo presbiterio y no un archipiélago de curas yuxtapuestos. Déjense moldear por el Espíritu de Cristo, único arquitecto capaz de llevar a cabo, la construcción, a primera vista imposible, de esta unidad a partir de la variedad de los dones, de los ministerios y de las funciones que él mismo ha distribuido entre todos. (Cf Segunda lectura).

Vivimos en un mundo lacerado por las guerras, marcado por escandalosas desigualdades, dominado por la anticultura de la muerte, devastado por los odios, las discriminaciones y lo que el Papa Francisco llama “la cultura del descarte”, es decir una cultura que impide que los niños nazcan, que los jóvenes trabajen, que los mayores sean tomados en cuenta. Nuestro pueblo sufre no solo por el desabastecimiento, la angustia para conseguir las medicinas, el alto precio de los productos de primera necesidad  sino también por la violencia incontrolada, la inseguridad, la corrupción de las autoridades y de los líderes sociales y religiosos; la falta de valores, de principios morales y orientaciones éticas y religiosas. El pueblo que les toca pastorear sufre por la falta de convivencia, de respeto mutuo, de tolerancia.

Por eso es esencial que los pastores de este siglo, de este nuevo milenio, crean en la comunión, la construyan en sus propias vidas y se empeñen en buscar la unidad de su Iglesia en el cumplimiento de su ministerio. Quedó definitivamente atrás el viejo modelo de cura tridentino. No fue malo. En su tiempo dio buenos frutos. No seríamos hoy lo que somos sin ellos pero no seríamos fieles al legado si intentáramos preservarlo. El magisterio de la Iglesia, desde el Concilio Vaticano II, nos dice  que el viejo modelo de Iglesia de cristiandad ya no responde a las necesidades de la evangelización del mundo y de la sociedad postmoderna y que se impone por consiguiente una decidida y valiente conversión personal y pastoral.

No hay nueva evangelización sin nuevos y renovados pastores, sin una Iglesia que sea de los pobres, desde los pobres y con los pobres. La nueva evangelización tiene que dejar de ser retórica y tema de discursos y sermones y ha de empezar a verse. El Hijo de Dios para hacer creíble su amor y su voluntad de salvar al mundo no solo habló en las Escrituras sino que se encarnó, se hizo hombre; trabajó con sus manos, vivió pobremente en medio de su pueblo, recorrió a pie sus caseríos, entró en sus casas, compartió sus penas y sus alegrías, curó sus enfermos, expulsó sus demonios; sufrió persecución, cárcel y martirio; murió en la cruz (Cf GS 22).

La nueva evangelización ha de encarnarse entonces en sus pastores. Tiene que verse y tocarse: en la santidad personal y comunitaria de los obispos y sacerdotes, en sus métodos pastorales, generadores de vida comunitaria, de cristianos adultos, de laicos comprometidos en la gestación de una nueva sociedad, justa y fraterna, impregnada de la cultura de la vida y de la solidaridad. Ha de verse en su estilo de vida sencillo, austero, desprendido de toda clase de ínfulas de poder, de prestigio y de privilegios. Ha de verse en hombres concretos que gastan la vida con humildad y alegría entre la gente de las parroquias, educan a los jóvenes, acompañan a las familias, visitan a los enfermos en casa y en el hospital, se hacen cargo de los pobres, en la certeza que, como dice Tolstoi, “separarse para no ensuciarse con los otros es la suciedad más grande” (Cf Papa Francisco).
 
El sacerdocio que recibimos no es nuestro: es el de Cristo que quiere compartirlo con nosotros para construir su Iglesia, que es su cuerpo, su pueblo, su esposa. Su vocación es ser un hombre de comunión no solo con la jerarquía, el Papa, el Obispo, sus hermanos sacerdotes, diáconos sino con todos los demás miembros del pueblo de Dios. No está sobre nadie. Su puesto no es el primero sino el último (Cf Lc 22,26). Es un simple soldado raso que, por donde pasa, va sembrando la pasión por la unidad,   la comunión y la misión. Nunca deja detrás de sí un cementerio sino una sementera. “Un pastor que es consciente de que su propio ministerio proviene únicamente de la misericordia y del corazón de Dios, nunca podrá asumir una actitud autoritaria, como si todos estuvieran a sus pies y la comunidad fuera de su propiedad, su reino personal.” (Papa Francisco). La autoridad que se le confiere, los poderes ministeriales que recibe  no son para pisar ni tiranizar a nadie sino pura y exclusivamente para servir mejor y siempre a sus hermanos (Cf Mc 10,41ss).

Mis hijos, amen profundamente a su Iglesia, no en abstracto, no en general sino en concreto: amen esta Iglesia a la que  pertenecen, en la que viven con sus bellezas y arrugas, sus cualidades y defectos. Siempre estén disponibles para servirla donde sea, cuando sea, como sea sin condiciones y desinteresadamente. Construyan Iglesia, den a luz comunidades cristianas, edifiquen y consoliden su presbiterio, formen creyentes adultos, hagan acontecer el Reino de amor, de justicia y de paz. La Buena noticia del Reino es buena noticia porque acontece no solo porque se predique. Jesús condenó a los fariseos porque decían y no hacían (Cf Mt 23,3).

 El Evangelio que hemos escuchado nos enseña que desde Pedro, el primer Papa, hasta hoy, todos los sacerdotes y obispos, son pecadores perdonados.  Los que figuran en el catálogo de los santos, los que forman parte de la gran muchedumbre anónima que rodea al cordero inmolado (Cf Ap 7,9-10), los centenares de miles que en las cuatro latitudes del mundo, en ciudades, selvas, llanos y campos, se levantan cada día y se entregan incansablemente a su ministerio, todos somos pecadores perdonados. Somos hombres débiles que Cristo hace fuertes (Cf 2 Co 12,9), hombres incrédulos, como Tomás, vueltos creyentes en sus llagas gloriosas (Cf Jn 20,27-29); hombres cuyos abrumadores  pecados han quedado sepultados en la sobreabundancia de su amor (Cf Rm 5,20).  Unos renegados, transformados por el milagro de su perdón, en pastores de su rebaño. “¿Me amas? Pastorea mis ovejas” (Jn 21 15-16). Siempre que predomine el amor de Cristo sobre nuestra miseria humana, podremos hacernos cargo de una parte de su rebaño.

Aquí está la fuente de la caridad pastoral. La caridad pastoral es el modo propiamente cristiano del sacerdote de vivir el mandamiento del amor que el Señor dejó a sus discípulos en el cenáculo (Cf Jn 13,34). Para pastorear como Cristo hay que amar a las ovejas de Cristo como él las amó. El Señor las amó hasta el colmo dando su vida por ellas. “No hay mayor amor que el de dar la vida por sus hermanos” (Jn 13,1; 15,13). La caridad pastoral es el amor del corazón de Jesús, Buen Pastor, presente en nuestras vidas que nos sostiene, nos inspira, nos motiva y nos lleva permanentemente a cuidar con atención y ternura las personas confiadas a nuestro cuidado, a conocerlas por sus nombres, a reunir  a las dispersas, a apacentarlas en buenos pastos, a buscar a las perdidas, a traer al redil a las descarriadas, a vendar a las heridas, a robustecer a las débiles, a mantener a las fuertes (Cf Ez 34,11-16; Lc 15).

La fuente de donde mana la caridad pastoral es la eucaristía. No solo la celebración diaria de la eucaristía sino sobre todo una vida, una espiritualidad eucarística. La Eucaristía ha de impregnar todos los momentos de la vida del sacerdote desde que se levanta hasta que se acuesta, desde el inicio de su ministerio hasta que el Señor lo llame a su casa. Sacerdocio y Eucaristía nacieron juntos en el Cenáculo y juntos los hemos de mantener. “Hagan esto en conmemoración mía” (Lc 22,19) les dijo el Señor a sus apóstoles. Seamos fieles a su mandato. Que la eucaristía nos haga más sacerdotes y que el ejercicio de nuestro sacerdocio nos haga cada vez más eucarísticos.

Alberto, ama y apacienta el rebaño de tu Señor. Silverio, se buen colaborador de la Verdad. David, que siempre estés dispuesto a dar respuesta a todo el que te pida razón de tu esperanza. Que a los tres la Virgen María les muestre todo su amor de madre, les guíe diariamente al Cenáculo para orar con ella y esperar la llegada del Espíritu pentecostal; les consiga la gracia de encontrarse personalmente con Cristo; los haga oyentes obedientes de su Palabra; les enseñe a decir siempre SI a Dios; les dé el gusto espiritual de ser parte del pueblo pobre y sencillo y a llevar el evangelio de la vida por los nuevos caminos de la misión.

Maracaibo 13 de diciembre de 2014

+Ubaldo R Santana Sequera FMI

Arzobispo de Maracaibo