sábado, 20 de febrero de 2016

EUCARISTIA DEL JUBILEO DE LOS JOVENES



EUCARISTIA DEL JUBILEO DE LOS JOVENES
HOMILIA
Muy queridos jóvenes,
Es una gran alegría tener este encuentro con todos ustedes y a través de ustedes con toda la juventud cristiana que camina en esta Arquidiócesis,  para celebrar el día de la Juventud,   la Jornada Nacional de la Juventud, que nos conecta con todos las pastorales juveniles de Venezuela y el Año Jubilar de la Misericordia, regalo que nos ha hecho Dios por medio del Papa Francisco.
Jubileo significa precisamente alegría, entusiasmo. Jesús en sus parábolas relaciona siempre la alegría con la misericordia divina. Las tres parábolas de la Misericordia del capítulo 15 del Evangelio de San Lucas: la de la oveja perdida y recuperada; la de la moneda encontrada y la del hijo pródigo: las tres tienen  el denominador común de la alegría. Alegría del pastor por haber encontrado la oveja extraviada; alegría de la mujer por haber encontrado la moneda de plata; alegría del padre por el regreso del hijo a casa.  Y para que no haya duda, Jesús añade: “Les aseguro que de la misma manera Dios se alegra más por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión (Cf Lc 15,7).
Mencioné también la palabra entusiasmo. Significa literalmente algo así como estar metido en Dios. A ustedes les gusta la alegría, la rumba, estar siempre metidos en algo. Pues yo les digo que la mega rumba de la vida verdadera es estar metidos en Dios y dejar que Dios se meta dentro de nuestras vidas y con El descubrir la inmensa riqueza de nuestras vidas.
La verdadera riqueza no está, amados jóvenes, afuera. Está dentro de nosotros mismos. Oigan estas palabras del Papa Francisco a los jóvenes mexicanos congregados en un estadio de Morelia: “No podemos sentir el mañana si primero uno no logra valorarse, si no logra sentir que su vida, sus manos, su historia vale la pena. Dios les ha dado vida, mente, alma, corazón y manos para transformar la riqueza de sus propias vidas en esperanza”.
Es sin duda una tarea hermosa pero difícil. El mundo y Venezuela están muy convulsionados. Pareciera que cada día nos hundiéramos más en arena movediza. ¡Cuántas veces no habrá pasado por la mente de muchos de ustedes abandonar la carrera, colgar los guantes, tirar la toalla y dejar como decimos popularmente que esto se lo lleve quien lo trajo! Pero no todo está perdido. Desde que Dios se vino en la persona de Jesús a caminar dentro de nuestra historia humana, la última palabra no la tienen ni la desesperación ni la resignación. El tesoro que cada uno de nosotros lleva por dentro está allí, casi intacto. Piénsenlo bien. Cristo los puede ayudar a redescubrirlo, a valorarlo y a compartirlo. Gandhi, el alma grande de la India nos dejó este gran consejo: “¿Quieres cambiar el mundo? Empieza por ti mismo y el mundo ya habrá empezado a ser mejor.
Pero, cuidado, no emprendamos este cambio solos. Contemos con Cristo, el Señor. Con su gracia. Con su amor. Contemos también con nuestra Iglesia, nuestra comunidad, nuestros compañeros de grupo. No se dejen comprar ni alienar por los mercaderes de falsas esperanzas, los sicarios que matan el alma.  Terminarán esclavizándolos. Tenemos dos grandes adversarios: aquellos que nos desvalorizan y nos dicen todos los días que no servimos para nada; y aquellos que nos quieren comprar como simple mercancía barata y reducirnos a meros esclavos consumidores de moda, de fama y de sexo.  En realidad no están interesados en ustedes sino en el dinero que produzcan. La principal amenaza, enseña el Papa Francisco, es cuando uno siente que tiene que tener plata para comprar todo, incluso el cariño de los demás. En ninguna posesión material: celulares de última generación, iphone, ipod, tabletas, motos, está la verdadera felicidad.
La riqueza son ustedes, mis queridos jóvenes, que han sido amados desde toda eternidad. No existirían si no hubieran sido amados por Dios. La riqueza son ustedes que Cristo ha rescatado de la muerte con su sangre preciosa. La riqueza son ustedes que han sido transformados en templos vivos del Espíritu Santo desde e bautismo.  Existen porque la Santísima Trinidad los ama y quiere establecer una vida de alianza y comunión con cada uno.
Por eso solo volviendo a Dios por el camino que nos señala Jesús, vivirán a fondo nuestra condición humana y alcanzaremos nuestra verdadera estatura adulta.  Es verdad, son muchos los obstáculos que se interponen en el camino: se sienten solos, no consiguen trabajo,  no pueden pagar la matrícula. Pero si no cultivan lo que verdaderamente son, imágenes de Dios, si no creen en el don de Dios que llevan dentro, no subsistirán.
Aprendan a encontrarse, a valorarse unos a otros, a vivir y a caminar en equipo, a soñar juntos grandes ideales. Cultiven comunidades juveniles. Nuestra arquidiócesis cuenta con un proyecto que toma en cuenta a todos y propone la construcción juntos de una Iglesia casa, escuela y taller de comunión, misión y solidaridad. Este año será su difusión coincidiendo con las bodas de oro de la creación de la arquidiócesis. Los invito a hacer suya la idea-fuerza de este proyecto pastoral. Dice así: “La Arquidiócesis de Maracaibo, Pueblo de Dios conducido por el Espíritu Santo a través de sus pastores en la diversidad de ministerios, carismas, dones y acompañados por la Chinita, vive, celebra y anuncia su experiencia de Cristo en comunión, participación y misión permanente como signo y presencia del Reino de Dios”.
Juntémonos en nombre de Jesucristo. Pongamos juntos nuestros talentos y nuestro tiempo para construir una pastoral juvenil arquidiocesana que evangelice el mundo juvenil y sus realidades a través de los mismos jóvenes para que brote entre nosotros la civilización del amor y de la fraternidad solidaria.
Este año extraordinario de la Misericordia nos ofrece un tiempo de gracia maravilloso. No dejemos que se nos escape de las manos. Siempre es tiempo de ordenar nuestra vida a partir de Jesucristo y de su Evangelio. El es la clave para acceder al verdadero sentido de nuestra vida, para atravesar con coraje y fortaleza los sufrimientos y dolores que trae siempre consigo el compromiso cristiano por el bien común y la justicia social. Con la luz de Cristo podremos desenmascarar a todos los que nos quieren encerrar en el consumismo materialista, en ideologías inhumanas y en la cultura de la indiferencia y de la resignación.
No se contenten con ser objetos. Sean sujetos. No se contenten con ser meros consumidores, sean productores de esperanza. Sean luz que disipa tinieblas; sean sal que da sabor y cauteriza. Sean fermento que ponga de pie a sus hermanos, a sus amigos a sus mismos perseguidores. Dice Jesús que cuando se desata una tormenta, la casa construida sobre arena se desploma, mientras que la casa construida sobre roca permanece estable y aguanta la torrentera. Estamos en plena tempestad. Construyamos nuestras vidas sobre Cristo-Roca (Cf Mt 7,24-25).
Que María les enseñe a confiar en su hijo Jesús. Que les anime y les eduque para que hagan siempre con alegría y empeño todo lo que Jesús les pida. Que ella los acompañe a lo largo de este año en todos los proyectos que tienen para vivir a fondo su condición de cristianos jóvenes callejeros de la fe, discípulos misioneros del Señor.
Maracaibo 20 de febrero de 2016

+Ubaldo R Santana Sequera FMI 
Arzobispo de Maracaibo

domingo, 14 de febrero de 2016

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA 2016 - HOMILIA - LLENOS DEL ESPIRITU DE CRISTO VENCEREMOS LAS TENTACIONES



PRIMER DOMINGO DE CUARESMA 2016
HOMILIA
LLENOS DEL ESPIRITU DE CRISTO VENCEREMOS LAS TENTACIONES
El miércoles pasado, con la imposición de la ceniza en la frente, se inició el tiempo de Cuaresma. Recorrido de fe y de penitencia de cuarenta días que ha de conducir al pueblo de Dios y a cada uno de nosotros, hacia la Pascua, y llegar con nuestros hermanos a esa fiesta central, profundamente renovados.
El evangelio de este domingo nos coloca ante las tentaciones a las que el diablo sometió a Jesús antes de iniciar su misión salvadora.  Esta no será la única vez que el Señor tendrá que enfrentarlas. Serán constantes en la vida del Maestro (Cf Jn 6,15; 23,39; Mt 16,22-23; 27,46). Así lo da a entender el final del evangelio cuando dice: “el diablo se apartó de él hasta el momento oportuno”.
Esta descripción de los inicios de la actividad mesiánica de Jesús sigue el modelo del comienzo de la historia del pueblo de Israel, tal como la narra el libro del Éxodo y la relee el libro del Deuteronomio. El pueblo de Israel, que es llamado hijo de Dios, fue conducido por Dios al desierto después de la liberación de la esclavitud en Egipto.  Durante la travesía, el Señor, puso a prueba a su pueblo “para conocer el fondo de su corazón y ver si era capaz o no de guardar sus mandamientos” (Dt 8,2).  Repetidas veces, a través de Moisés, su jefe, les advirtió de los peligros de la idolatría (Dt 7,25-26), de la tentación de abandonar el cumplimiento de los mandamientos de la Alianza (Dt 8,11), de caer en la arrogancia y la prepotencia y de olvidarse de Dios, contando sólo con la fuerza y poder de su brazo para alcanzar la prosperidad  (cf Dt 8, 12-18).
Pero el pueblo, “desde el día que salió de Egipto hasta que entró en la tierra prometida”, se rebeló contra el Señor, hizo caso omiso de sus mandatos y preceptos, buscó los bienes de la tierra,, exigió milagros, fue infiel a Dios y tanta fue la prevaricación que si no es por la intercesión de Moisés, Dios los hubiera destruido (Cf Dt 9,1-17).
Con Jesús, el Hijo de Dios, enviado al mundo por el Padre, para liberar definitivamente a la humanidad de la esclavitud del pecado y del sometimiento al mal y a la muerte, no ocurre así. En los 40 días de ayuno y oración en el desierto, Jesús se pregunta: ¿Cómo llevar adelante la misión que su Padre le encomienda? 
El demonio, con las tentaciones, le propone tres modos de realizar su mesianismo. En las dos primeras tentaciones el diablo provoca a Jesús para que lleve a cabo su vocación mesiánica valiéndose del poder que le da su origen divino, anulando así el camino de la encarnación. Jesús las rechaza con frases tomadas del libro del Deuteronomio (Dt 6,3.16; 8,3). Muestra así su total conformidad con la voluntad de Dios contenida en las palabras de la Sagrada Escritura.
Pero el diablo insiste, se lo lleva al pináculo del Templo de Jerusalén y le dirige una tercera provocación, la más fuerte de todas: ¡no tienes que morir! El diablo lleva su atrevimiento hasta citar él también, como Cristo, la Escritura, el Salmo 91. “Tírate desde acá arriba: ¡tu Padre enviará sus ángeles para que te atajen y no te mates!” En otras palabras, conseguirás la victoria sin necesidad de pasar por la pasión y por la muerte. El diablo cree que ese es el punto débil de Jesús, su talón de Aquiles y por eso volverá a presentársela en Getsemaní (Lc 22, 39-46).
En el episodio de la sinagoga de Nazaret, sabremos cuál será el camino que Jesús, siempre impulsado y llevado por el Espíritu, escogerá para cumplir su misión y ser fiel a los designios de su Padre.  Un camino mesiánico desde la humildad, la compasión y la entrega hasta la muerte y muerte de cruz (Cf Lc 4,14-30).
Con el texto de las tentaciones, la Iglesia quiere darnos a entender que la vida cristiana comporta una permanente lucha espiritual contra el demonio y que necesitamos apertrecharnos muy bien para poder superar  sus arremetidas, permanecer fieles a nuestra condición bautismal y llegar con Jesús a la Pascua, pasando por la pasión y la cruz y más allá de este vida terrenal a la victoria final. Si estamos fuertemente arraigados en Cristo (Cf Col 2,7) y llevamos nuestra profesión de fe en el corazón y en la boca, venceremos las asechanzas del enemigo.
No le tengamos miedo a las tentaciones. El Nuevo Testamento (Jn 6,26-34; 7,1-4; Heb 4,15; 5,2; 2,17ª) deja claro que las tentaciones fueron una realidad evidente en la vida de Jesús. La tentación forma parte del camino de la vida cristiana.  “Nuestra vida,  explica San Agustín, en efecto, mientras dura esta peregrinación, no puede verse libre de tentaciones; pues nuestro progreso se realiza por medio de la tentación y nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones”.
San Pablo nos advierte que todos podemos ser tentados (Gal 6,1). Por eso, “quien crea estar firme cuídese de no caer”. Pero seguidamente nos asegura que “Dios es fiel y no permitirá que seamos probados por encima de nuestras fuerzas, sino que junto con la prueba hará que también encontremos el modo de sobrellevarlas (1 Co 10, 12-13).
 Apoyados en la victoria de Cristo y animados por la palabra de Pablo y Agustín, emprendamos nuestra ruta cuaresmal examinándonos con atención para detectar cuáles son las tentaciones que más nos atenazan y nos hostigan y enfrentarlas con las herramientas de lucha que la Iglesia pone en este tiempo de Cuaresma a nuestro alcance y con las que nos quiere revestir como una fuerte armadura (Cf Ef 6,10-20).
En primer lugar, dejarnos conducir por el Espíritu. Cristo fue al desierto lleno del Espíritu Santo (Lc 4,1) y por eso pudo vencer al demonio. Ese mismo Espíritu Cristo Jesús se lo prometió a sus discípulos.  Les dijo que se los enviaría para que los condujera a la verdad completa y vencieran las fuerzas negativas del mundo (Jn 14,26; 16,12-13.33). Y esto es muy importante porque el demonio es por esencia un engañador, un mentiroso redomado. Alucinados por su astucia, como ya lo dijo Isaías, “llamaremos bien al mal y mal al bien, la tiniebla luz y luz la tiniebla, amargo lo dulce y dulce lo amargo” (Is 5,20).
Es importante porque es el Espíritu Santo el que nos abre la mente y el corazón al gusto y a la inteligencia de las Sagradas Escrituras (Cf Lc 24,45). Es fundamental, indispensable, que nos hagamos asiduos lectores orantes de la Palabra de Dios. Fue con ella en los labios y el corazón que Jesús venció las tentaciones del demonio. No es con nuestras  pobres palabras, nuestros pobres razonamientos ni con nuestra lógica que venceremos. Es con el Espíritu y con la Palabra (Cf Sa 33,16-19; 44,1-9)
Hay otros tres ejercicios de piedad que la Iglesia pone en nuestras manos en esta cuaresma para adentrarnos en el desierto y caminar hacia la Pascua.  La oración, el ayuno y la limosna. El pecado de nuestros primeros padres rompió la triple relación virtuosa con la que Dios había creado al hombre y lo había hecho a imagen y semejanza suya: la relación con Dios, consigo mismo y con los demás.
Por medio de estas tres armas cuaresmales, la madre Iglesia nos invita a restablecerlas en su sentido original: la oración nos mantiene permanentemente conectados con Dios; el ayuno rompe el yugo de nuestras pasiones y vicios y nos enseña a dominar nuestro cuerpo y los pecados capitales; y con la limosna les devolvemos a los bienes de la tierra su primitiva destinación universal y re- aprendemos a compartirlos particularmente con los más pobres (Cf Is 58, 1-12). La práctica asidua de estas tres herramientas espirituales, conforme a la enseñanza de Jesús, (Mt 6,1-11), es el mejor remedio para abandonar la vida de pecado y seguir  alegre y fielmente a Jesús hasta el final.
En este año jubilar de la misericordia el Papa Francisco nos invita a vivir con mayor intensidad esta Cuaresma, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios. Nos invita a acercarnos al sacramento de la reconciliación. Este sacramento nos permite volver a Dios recibir su abrazo lleno de ternura y perdón y experimentar en carne propia la grandeza de su misericordia.
Con la oración colecta de la misa de hoy pidámosle al “Señor todopoderoso, que las celebraciones y las penitencias de esta Cuaresma nos ayuden a progresar en el camino de nuestra conversión: así conoceremos mejor y viviremos con mayor plenitud las riquezas inagotables del misterio de Cristo.”. Amén.
Maracaibo 14 de febrero de 2016

+Ubaldo R Santana Sequera
Arzobispo de Maracaibo

miércoles, 10 de febrero de 2016

MIÉRCOLES DE CENIZA 2016 - HOMILÍA

MIÉRCOLES DE CENIZA 2016
HOMILÍA
 
Muy queridos hermanos y hermanas,
Hoy se inicia el ciclo litúrgico de la Cuaresma, tiempo fuerte de combate cristiano contra las tentaciones y el pecado que nos acecha permanentemente. El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que en el ser humano al ser “un compuesto de espíritu y cuerpo existe cierta tensión, y se desarrolla una lucha de tendencias entre el espíritu y la carne” (No 2516). Es una lucha que proviene de nuestra condición pecadora, inclinada hacia el mal. Forma parte de la experiencia cotidiana del combate espiritual.
En la primera lectura el profeta Joel convocaba a todas las categorías de personas, niños de pecho, jóvenes, recién casados, ancianos, sacerdotes, a volver a Dios, a arrepentirse y a llorar sus pecados y pedir humildemente perdón. Hoy también la Liturgia convoca a todo el pueblo de Dios a abandonar los caminos del mal, a voltearse nuevamente hacia Dios y reemprender la ruta que conduce hacia su casa. Y la razón principal es que Dios es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en clemencia y se conmueve ante la desgracia de sus hijos.
Nuestra madre la Iglesia nos exhorta con mucha insistencia y fuerza, a ponernos en ruta hacia Dios recibiendo la ceniza. Por medio de este signo que el ministro nos coloca en la frente, mientras nos dice: “Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás”, reconocemos nuestra pequeñez, nuestra fragilidad y la gran necesidad que tenemos de vivir fuertemente aferrados a Dios y a sus mandamientos.
Hacemos nuestro el Salmo 90: “Señor, Tú haces que los hombres vuelvan al polvo, con solo decirles: <vuelvan seres humanos>. Porque mil años son ante tus ojos como el día de ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche. Tú los arrebatas y son como un sueño como la hierba que brota de mañana: por la mañana brota y florece y por la tarde se seca y se marchita (…) Nuestros años se acaban como un suspiro (…) Ten compasión de tus servidores. Sácianos enseguida con tu amor y cantaremos felices toda nuestra vida”
Es Dios mismo que nos ofrece por medio de Jesucristo este tiempo de gracia y de reconciliación. Así lo anuncia el apóstol Pablo en la segunda lectura: “En nombre de Cristo, hermanos, reconcíliense con Dios para recibir la salvación”. Este es un tiempo favorable. No lo echemos en saco roto. La ruta cuaresmal nos ha de llevar renovados y fortalecidos a las fiestas pascuales de este año y a asumir con mayor entusiasmo y coherencia nuestro bautismo y las promesas que allí le hicimos a Dios.
No echemos en saco roto esta gracia que se nos ofrece con particular abundancia en este año jubilar de la misericordia. El Papa Francisco nos exhorta a vivir esta Cuaresma jubilar “con mayor intensidad para celebrar y experimentar la Misericordia de Dios”. La Misericordia de Dios se vive, se celebra, se experimenta. No es una palabra vacía. Es una realidad concreta en la que todos estamos llamados a sumergirnos. La palabra Misericordia nos abre a la vivencia de un Dios que nos revela su amor, como el de un padre o una madre, que se conmueve en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo (Cf Misericordiae Vultus No 6). Escuchemos esta palabra del profeta Oseas: “¿Cómo voy a abandonarte, como voy a entregarte, Israel? Mi corazón se subleva contra mí y se enciende toda mi ternura: no daré libre curso al ardor de mi ira, no destruiré a Efraín. Porque yo soy Dios y no hombre, soy el Santo en medio de ti.” (Os 11, 8-9).
La Iglesia en Venezuela, a través de la Conferencia Episcopal Venezolana, nos invita cada año al inicio del tiempo de Cuaresma a abrirnos a Dios y al prójimo por medio de la Campaña Compartir. Este año, nos propone adentrarnos en  una novedosa experiencia de misericordia y solidaridad con el lema: “Alienta la vida, donde haya desesperación que yo lleve esperanza”.  Con esta Campaña pone a nuestra disposición una herramienta para luchar juntos, en comunidad cristiana, contra tres males que dañan la vida personal, familiar y socio-política de los venezolanos: la indiferencia, la violencia y el individualismo. Todos, sin excepción, estamos invitados a emprender juntos la construcción de una cultura del encuentro, de la reconciliación y de la solidaridad.
Esta Campaña hace eco del Mensaje que el Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz que lleva por título “Vence la indiferencia y conquista la paz”. La corresponsabilidad solidaria, para el Santo Padre, “está en la raíz de la vocación fundamental a la fraternidad y a la vida común. La dignidad y las relaciones interpersonales nos constituyen como seres humanos, queridos por Dios a su imagen y semejanza” (No 2).  El Papa nos recuerda que con la persistente escucha orante de la Palabra de Dios, nos podemos transformar en cuidadores de nuestros hermanos y hermanas que Dios pone en el camino de nuestras vidas.
Es por este camino y solo por este camino que podremos superar la civilización de la violencia y de la muerte iniciada por  Caín al matar a su hermano Abel (Cf Gen 4,1-16)   con todas las siniestras consecuencias que sufrimos hasta el día de hoy, guerras, atentados terroristas, tráfico de seres humanos, secuestros, narcotráfico, asesinatos de niños en el vientre de su madre, y desembocar en la civilización de la empatía samaritana iniciada por el Hijo de Dios al hacerse hombre en Jesucristo, hijo de María (Cf Lc 10,25-37): dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, acoger a los inmigrantes, asistir al enfermo, liberar a los prisioneros de conciencia y los oprimidos por toda clase de males.
Para luchar contra esos males, que están alojados dentro de nosotros, en nuestras familias y en toda la sociedad, la Cuaresma nos ofrece tres herramientas: la oración, el ayuno y la limosna. Con la oración nos reconectamos con Dios, fuera de cuya presencia no podemos vivir como hermanos. Con el ayuno, nos enfrentamos a nosotros mismos, a nuestras pasiones y vicios y asumimos el control de nuestro cuerpo y de su tendencia a vivir sometido a los pecados capitales. Con la limosna, compartimos generosamente los bienes personales y de la creación con los más necesitados.
Pidámosle al Señor, con la oración colecta de la misa de hoy que “nos conceda emprender este tiempo el combate cristiano con santos ayunos para que en el momento de combatir contra las tentaciones, seamos fortalecidos con los auxilios de la penitencia. Por Jesucristo Nuestro Señor que vive y reina con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén”. Santa  provechosa cuaresma para todos. Que nos encontremos en la vigilia pascual para renovar como hombres y mujeres cristianos, nuestras promesas bautismales.
Maracaibo, 10 de febrero de 2016
+Ubaldo R Santana Sequera FMI

lunes, 4 de enero de 2016

EL PROFETA DE GALILEA - 4 DE ENERO 2016

INVOCA EL ESPIRITU SANTO
Ven, Espíritu Santo, ayúdanos a escrutar la Palabra de Dios, como  Jesús lo hizo con  los dos discípulos de Emaús. A medida que el Señor les fue explicando todo lo que le había sucedido en Jerusalén esos días, Tú les fuiste abriendo el entendimiento de las Escrituras y así descubrieron la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de la pasión y muerte de Jesús de Nazaret. Iluminados por ti, entendieron que la cruz no era el final de toda su esperanza, sino fuente de vida y resurrección.

Rompe hoy, para nosotros también, los sellos del Libro sagrado, para que tengamos acceso a su verdadero sentido y su aplicación concreta en nuestras vidas, experimentemos cómo está presente la fuerza de la resurrección de Jesús en medio de nuestras tribulaciones y sufrimientos y demos testimonio de la Pasión y la Cruz como únicos caminos para llegar a la vida plena y a la construcción  de un mundo más justo y fraterno. Amén

LEE EL EVANGELIO DE HOY: MATEO 4,12-17.23-25
Cuando se enteró de que Juan había sido apresado, Jesús se retiró a Galilea. Luego, dejando Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaún, junto al mar, en los límites de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:
Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; a los que habitaban en una región de sombras mortales una luz les iluminó.
A partir de entonces, Jesús comenzó a proclamar: “Conviértanse, porque el Reino de los cielos ya está llegando” (…)
Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas de los judíos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Su fama se extendió por toda Siria. Le llevaron a todos los que padecían enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, epilépticos y paralíticos y él los sanó.
Lo seguía mucha gente de Galilea, la Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán.
REFLEXION BIBLICA
Este texto hay que leerlo en el contexto del tiempo de Navidad y de la Epifanía. Sería bueno tener un mapa de la Palestina a mano para ubicar la Galilea y las regiones circundantes mencionadas. El texto litúrgico omite el pasaje del llamado de los cuatro primeros discípulos (vv 18-22). Es bueno también relacionar estos relatos con los textos anteriores, particularmente la narración de la adoración del Niño Dios por los sabios de oriente (Mt 2,1-12).
Han pasado ya más de treinta años entre los dos acontecimientos, pero ahora Jesús va a ratificar con sus opciones la enseñanza central contenida en el relato de los Magos. En primer lugar que es el Mesías que lleva a plenitud el proyecto salvador de Dios y el Ungido por el Espíritu que cumple las promesas mesiánicas contenidas en el Antiguo Testamento. De allí la abundancia de citas de textos proféticos en el evangelio de Mateo.
En segundo lugar que ha venido a salvar a toda la humanidad y no solamente al pueblo judío. Por eso inicia su predicación por  Galilea, territorio considerado contaminado por costumbres idolátricas, habitado por gente pagana; y los pocos judíos que quedan son muy laxos, no viven según la Ley de Moisés. Es en ese territorio, de donde no surgen profetas (Cf Jn 7,52), considerado por Isaías tierra de tinieblas y sombras mortales,  por donde va a empezar a refulgir la luz resplandeciente “que viene de lo alto para iluminar a los que habitan en tinieblas y en sombras de muerte” (Lc 1,78). Al final del evangelio les pedirá a sus discípulos que lleven su evangelio a todas las naciones de la tierra (Mt 28,18-20)
La predicación de Jesús, acompañada de curaciones de todos los enfermos que se le acercan de Judea, Jerusalén y hasta de regiones circunvecinas, aquejados de toda clase de enfermedades, causa un tremendo impacto en sus primeros discípulos, en las personas sanadas y su fama corre como reguero de pólvora atrayendo a gente de todas las regiones limítrofes que al oír su mensaje y ver sus acciones deciden quedarse con él y seguirlo.
Jesús realizó estos pasos fundamentales después de superar tres fuertes pruebas: las tentaciones del demonio en el desierto; la detención y encarcelamiento de su primo Juan el Bautista y el abandono de  su casa en Nazaret con el consiguiente doloroso alejamiento de su madre María, presumiblemente ya viuda para ese momento. Al leer todo el relato en su conjunto, Mateo quiere dejar bien asentado que Jesús posee la acreditación necesaria para presentarse como luz de las naciones y predicar con autoridad la conversión y la llegada del Reino de Dios entre los hombres.
APLICA ESTE TEXTO A TU VIDA:

¿Cómo ha llegado la persona y el mensaje de Jesús hasta tu vida? ¿Qué te enseña las pruebas que tuvo que pasar el Señor para dirigirse a Galilea y empezar su misión? ¿Qué pruebas has tenido que pasar tu para descubrir y seguir a Jesús? El Papa Francisco en su Exhortación “La alegría del evangelio”, dice que la Buena Noticia de Jesús “tiene la dinámica del éxodo y del don, del salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá (EG 21)…Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco, sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie” (EG 23). ¿Ves alguna relación entre este texto y el evangelio? ¿Entre estos textos y tu vida?

domingo, 3 de enero de 2016

LA EPIFANIA DEL SEÑOR

La fiesta de la Epifanía es conocida popularmente entre nosotros como la fiesta de los Reyes Magos y ha entrado profundamente en nuestra cultura. Hay lugares donde se entrega regalos a niños pobres; en otros se realiza la escenificación dramatizada del relato en un ambiente festivo. Forma parte de la cultura religiosa del venezolano. La Iglesia en Venezuela lastimosamente ya no la celebra en fecha fija, que solía ser el 6 de enero, llamado el día de Reyes. Esta movilidad la ha alejado sin duda de la dimensión religiosa y cultural de la fiesta y ha dejado la fiesta popular sin acompañamiento evangelizador. Creo que no ha sido una ganancia sino una pérdida, pues cada fiesta religiosa encierra un  potencial religioso y evangelizador que no nos debemos dejar robar.
 
1. INVOCA AL ESPIRITU SANTO
Prepara tu ánimo para entrar en diálogo con el Señor, que te va a dirigir su Palabra. Deja a un lado tus ocupaciones habituales. Porque este tiempo es el más importante para tu vida. Ábrete al Espíritu que desea inspirarte el sentido de la Palabra y quiere animarte a vivirla. Invoca al Espíritu, para que te ilumine y te fortalezca
 
2 LEE EL TEXTO DEL EVANGELIO: Mt 2, 1-12
Después del nacimiento de Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos sabios que venían del oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarlo”.
Cuando el rey Herodes oyó esto se alarmó y con él toda Jerusalén. Reunió a todos los sumos sacerdotes y a los maestros de la Ley y les preguntó acerca del lugar donde tenía que nacer el Mesías. Le respondieron: “En Belén de Judea, porque así está escrito en el profeta:
Y tu Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un jefe que será pastor de mi pueblo Israel” (Mi 5,1.3).
Entonces Herodes llamó en secreto a los sabios e investigó con exactitud el tiempo de la aparición de la estrella. Y enviándolos a Belén, les ordenó: “Vayan y averigüen con cuidado sobre este niño y cuando lo encuentren, avísenme, para que yo también vaya a adorarlo. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino. En eso, la estrella que habían visto en el oriente los guió hasta que llegó y se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño.
Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y, cayendo de rodillas, lo adoraron. Luego abrieron sus cofres y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos en sueños de que no volvieran a donde estaba Herodes regresaron a su tierra por otro camino.
 
 
3. REFLEXIONA: ¿QUÉ DICE EL TEXTO EVANGELICO?
Epifanía significa manifestación. Celebramos en este día la manifestación de Jesús, el Salvador, al mundo pagano, representado por los sabios de oriente. El texto no dice que eran reyes ni que eran tres ni tampoco menciona sus nombres. Todos estos datos son productos de la tradición.
Después de haber presentado a Jesús como hijo de Abraham y descendiente de David, en la genealogía, Mateo lo presenta ahora en su relación con los no-judíos, es decir los paganos,  representados por los sabios de oriente que llegan para adorarlo y ofrecerle sus dones. Mateo anuncia desde el inicio el rechazo de los dirigentes de Israel, personificados por Herodes, contra Jesús, actitud que se encuentra a lo largo del evangelio, y que se irá agudizando hasta llegar a su eliminación física. Como dice San Juan en su prólogo: “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron” (Jn 1,11).
Al mismo tiempo hace patente la apertura del evangelio que trae Jesús a los paganos y el cumplimiento  de algunas profecías del Antiguo Testamento: Num 24,17, relativa a la estrella; Salmo 72, 10-15 relativa al reconocimiento del Mesías por reyes paganos que vienen de lejos. La aparición de la estrella indica que el Libro de la creación y el Libro de las Escrituras están interconectados para señalar la presencia de Dios humanado, en medio de nosotros.
La peregrinación de los sabios hasta la casa de José y María para adorar al Niño Mesías, nos desvela el sentido de la venida del Hijo de Dios a la tierra. Ha venido con la misión de ofrecer la salvación a todas las gentes, “de toda tribu, lengua, pueblo y nación” (Ap 5,9). Pues “Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,4).
Este relato nos invita a mirar con gozo y agradecimiento la convocatoria universal del Señor para formar la gran familia de los hijos de Dios. Esa es también la vocación de la Iglesia. Mateo concluirá precisamente su evangelio con el expreso mandato dado por Jesús a sus seguidores de todos los tiempos de llevar a los paganos el evangelio de la salvación: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos” (Mt 28,16-20). Esa es la Iglesia misionera, en salida, samaritana que el Papa Francisco nos pide en su magnífica Exhortación “L Alegría del Evangelio “ (EG 20-23)
4. APLICA EL EVANGELIO A TU VIDA
Todos necesitamos encontrarnos con Dios. Ese encuentro se da dentro de los contextos reales donde nos encontramos; desde la realidad de la vida cotidiana de cada uno (familia, profesión, estudios). Los caminos no se repiten: cada uno de nosotros ha de preguntarse cómo se presenta Dios en su propia vida, cómo se nos da a conocer; cómo se comunica con nosotros. Los sabios lo encontraron a través de una estrella; oyeron su voz en un sueño. ¿Cómo llega el Señor hasta ti?
La decisión que toman de abandonar su casa y su país simboliza las salidas y las peregrinaciones que en algún momento debemos emprender para desprendernos de la rutina, de la comodidad, de la indiferencia para ponernos a buscar al Señor. Sin búsqueda no hay encuentro. Pero no una búsqueda al azar, probando toda clase de fórmulas. Hay que estar atento para descubrir por cuál camino el Señor nos quiere conducir hasta él. Es el camino de la fe.
 
5. ORA
Te doy gracias, Padre, porque te preocupas de mi persona y me llamas constantemente para que sea feliz, siguiendo a tu Hijo Jesús.
Te doy gracias, Jesús, porque Tú me indicas el camino de tu seguimiento y quieres que sea tu discípulo y tu misionero.
Te doy gracias, María, buena Madre, que nos muestras y nos regalas siempre a tu Hijo para nuestro bien.
6. ACTÚA
Inicia este año de la Misericordia tu camino, tu peregrinación. Busca tu estrella que te lleve donde está Dios. Esa peregrinación ha de ser primero hacia dentro de ti, hacia tu interioridad, tu corazón. Pero luego, si es verdadera, ha de sacarte de ti colocarte en otro camino para llevar la buena noticia del encuentro a los demás. Sigue el consejo de Herodes que es bueno aunque lo da con malas intenciones: “Vayan y averigüen con cuidado sobre este niño y cuando lo encuentren, avísenme, para que yo también vaya a adorarlo”.
 
¡Feliz día de Reyes!
Mons. Ubaldo Santana

sábado, 2 de enero de 2016

La apertura de la Puerta Santa...

Buenos días, hermanos, espero que se haya abierto abierto de par en par para todos ustedes y sus familias la "ianua" (de allí viene ianuarius, enero) del 2016 y que hayan franqueado el umbral del nuevo año corde magno et animo volenti, deseosos de sumergirse en las fuentes de la misericordia, comparto con ustedes este material recopilado por el P. Nedwrad Andrade sobre la puerta santa. Dios los bendiga
La apertura de la Puerta santa
La tradición
Según la descripción hecha en el año 1450 por Giovanni Rucellai de Viterbo, fue el Papa Martin V, en 1423, quien abrió, por primera vez en la historia de los años jubilares, la Puerta santa en la basílica de San Juan de Letrán. En ese tiempo los jubileos se celebraban cada 33 años. En la basílica vaticana la apertura de la Puerta santa está atestiguada por primera vez en la Navidad de 1499. En esa ocasión, el Papa Alejandro Vl quiso que la Puerta santa fuera abierta no solamente en San Juan de Letrán, sino también en las demás basílicas mayores de Roma: San Pedro, Santa Maria la Mayor y San Pablo extramuros.
Una puerta pequeña, probablemente de servicio, que se encontraba en la parte izquierda de la fachada de la basílica de San Pedro, fue ensanchada y transformada entonces en Puerta santa, precisamente en el lugar en que se encuentra aún hoy. Eso implicó la destrucción de una capilla adornada con mosaicos, que se encontraba dentro de la basílica y había sido dedicada por el Papa Juan Vll a la Madre de Dios.
Alejandro Vl, además, quiso que quedaran bien definidas las normas del ceremonial del Año santo, aún no precisadas por sus predecesores, y en particular los ritos de apertura y clausura de la Puerta santa. Ese Papa encargó la elaboración de los ritos al famoso Johannes Burckard, maestro de las ceremonias pontificias, originario de Estrasburgo y obispo de las diócesis reunidas de Civita Castellana y Orle. La Puerta santa del año jubilar de 1500 fue abierta la noche de Navidad de 1499 y fue cerrada en la solemnidad de la Epifania de 1501. El Ritual preparado por Burckard y aprobado por el Papa, salvo algunos retoques introducidos en 1525 por el maestro Biagio de Cesena, fue seguido sustancialmente en todos los jubileos posteriores.
Elementos característicos
Desde el jubileo de 1500 hasta el de 1950 los ritos relativos a la Puerta santa permanecieron casi idénticos. Esos ritos se caracterizaban por algunos elementos particulares.
El muro
Desde 1500 hasta 1975 la Puerta santa de las cuatro basílicas romanas estaba cerrada en el exterior por un muro y no por una puerta. Por tanto, en el momento de la apertura no se abrían las hojas de una puerta, sino que se derribaba un muro: el Papa tiraba una parte y los albañiles completaban el trabajo de demolición. Sigue vivo aún el recuerdo y la aprensión causada por los escombros que cayeron a pocos centimetros del Papa Pablo VI cuando abrió la Puerta santa en la noche de Navidad de 1974.
El martillo
El Papa, ya en la Navidad de 1499, usó el martillo para golpear tres veces contra el muro que cerraba la Puerta santa. Al inicio se usaba el martillo de los albañiles y los golpes que daba el Papa no eran simbólicos. Pero casi inmediatamente el martillo se convirtió en un objeto artístico y precioso. En 1525 el martillo usado era de oro; en 1575, de plata dorada con mango de ébano.
La paleta
El Papa usaba la paleta en el rito de clausura. Este uso está atestiguado desde la Navidad de 1525. El último Papa que la utilizó fue Pio Xll en el rito de clausura del Año santo de 1950.
Los ladrillos
Hay testimonios del uso de los ladrillos en el rito de clausura de la Puerta santa ya desde el siglo XV. El cronista del jubileo de 1423 escribe que "es tan grande la devoción de las personas por los ladrillos y escombros, que apenas es derribada la puerta, se lanzan con ímpetu a recogerlos y llevárselos como si fueran reliquias sagradas» (L. Bargellini, L'Anno Santo, 66). El rito de clausura de la puerta redactado por Burckard para la Epifania de 1501 prevé que dos cardenales pongan en el muro dos ladrillitos: uno de oro y uno de plata.
Las monedas
También el uso de incluir algunas monedas en el muro de la Puerta santa se halla atestiguado desde el jubileo de 1500. Al inicio, las monedas simplemente se insertaban en la mezcla. A partir de 1575 se ponían dentro de un cofre metálico. Esta costumbre sigue vigente aún.
El agua bendita
El uso del agua bendita ya estaba previsto en el Ritual de 1525 para bendecir las piedras y los ladrillos que sirven para la clausura de la Puerta santa.
Sucesivamente se introdujo su uso también para la apertura de la Puerta: los penitenciarios, después de derribar el muro, pasan paños mojados con agua bendita tanto por el dintel como por el umbral. Ese rito estuvo en vigor hasta el anterior Año santo.
La puerta de madera
En el exterior de la basílica la Puerta santa se hallaba clausurada por un muro, mientras que en su interior el muro estaba cubierto por una sencilla puerta de madera. Esa puerta se quitaba antes de derribar el muro y se volvía a poner inmediatamente después, puesto que servia como protección por la noche, cuando no se permitía la visita de peregrinos. Las puertas de madera, sencillas, sin adornos, que hoy cierran las Puertas santas de las basílicas de San Juan de Letrán, Santa Maria la Mayor y San Pablo extramuros, eran las antiguas puertas que hasta el jubileo de 1975 se encontraban ante la Puerta santa dentro de la basílica.
En cambio, en la basílica de San Pedro la última puerta de madera, inaugurada por el Sumo Pontífice Benedicto XIV en 1748, fue sustituida, el 24 de diciembre de 1949, por una puerta de bronce bendecida por el Papa Pio Xll inmediatamente después de la apertura de la Puerta santa.
La "Recognitio"
Según la tradición, la apertura de la Puerta santa se prepara mediante el rito de la "Recognitio", que tiene como finalidad hacer que resulte fácil al Papa abrir la Puerta santa. En ese rito, en medio de varios momentos de oración, se quita el muro de ladrillos que cierra la Puerta santa en el interior de la basílica, sacando el cofre que se halla allí encerrado desde el anterior jubileo. Ese rito, presidido por el maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias, se celebró el miércoles 15 de diciembre en la basílica de San Pedro; el jueves 16, en la de San Juan de Letrán; el viernes 17, en la de Santa Maria la Mayor; y el martes 21 en la de San Pablo extramuros. Después de la "Recognitio" el maestro de las ceremonias litúrgicas pontificias presentó al Santo Padre el contenido de los cofres.
El cambio de 1975
En la Navidad de 1975 se modificó el rito de clausura de la Puerta santa. El Papa no usó ya la paleta ni los ladrillos, sino que simplemente cerró las hojas de la puerta de bronce de 1950. Y, el pasado 24 de diciembre, Juan Pablo II ya no usó el martillo, pues no habia que derribar un muro: solamente empujó la puerta para que se abriera.
Con estos cambios, la atención, que antes se centraba en el muro, se desvió hacia la Puerta santa, la cual se enriqueció con el profundo sentido bíblico, teológico, litúrgico y pastoral que tiene la puerta en la historia de la salvación y en la historia de la Iglesia convirtiéndose así en uno de los signos fuertes del jubileo, como destacó el Papa en la carta apostólica Tertio millennio adveniente (n. 33).
Los aspectos peculiares del rito
Los elementos del antiguo ritual que han caído en desuso han sido sustituidos por otros que expresan mejor el significado bíblico y litúrgico de la Puerta santa. Esos elementos, además, ponen de relieve algunos aspectos peculiares que, como señala la carta apostólica, han caracterizado estos últimos años la preparación de toda la Iglesia para el jubileo:
La celebración se articula en cinco momentos:

1.    La statio (estación) en una iglesia u otro lugar apropiado;
2.    El camino procesional;
3.    La apertura de la Puerta de la Misericordia y el ingreso a la Catedral;
4.    El recuerdo del Bautismo;
5.    La celebración de la Eucaristía.

La statio (estación)
Para la iglesia estacional que se elija debe ser significativa y amplia para los ritos de introducción, no debe estar muy lejos de la catedral ni muy cerca, para poder realizar una verdadera procesión.
Los momentos constitutivos de la statio (estación) son: el saludo y la monición inicial, la proclamación del evangelio, la lectura de la parte inicial de la Bula Misericordiae Vultus.

La procesión
La procesión tiene como sentido ser signo de la peregrinación, “es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia” (MV 14). Recuerda el hecho que “también la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio” (MV 14).
Para la procesión está indicado el Salmo 86 que canta los sentimientos de confianza y total abandono en Dios, y la esperanza de su intervención salvífica, el Salmo 25, es un himno que canta la bondad de Dios en la cual el orante confía y espera su serenidad y paz. Por su antigua y polivalente función procesional, el canto de las Letanías de los Santos es particularmente adaptado a esta circunstancia.
En la procesión de ese día tiene gran relevancia el Evangeliario: que llevado al frente por el diácono, es un signo de Cristo que camina con su pueblo, y de su Palabra, que es luz y guía para sus discípulos.
La apertura de la Puerta de la Misericordia y el ingreso a la catedral
El ingreso a la catedral es un símbolo cristológico (cfr. Jn 10,7.9), Él es la Puerta de la Misericordia, recuerdo constante de la índole de este Jubileo extraordinario. Con las palabras del Salmo 118 el Obispo invoca la apertura de la Puerta que nos recuerda la puerta del corazón misericordioso de Dios, abierta en el costado de Cristo en la cruz (cfr. Jn 19,34). Él es la puerta que nos conduce a la salvación, como se canta en la antífona inspirada en Jn 10,9. La entrada debe ser solemnizada:
Ornamentando la puerta con ramos frondosos, o con elementos festivos propios de la cultura local, y si es el caso con elementos cristológicos;se debe valorar la parada en la puerta: primero para cruzarla, el Obispo se detiene en las estaciones procesionales; al detenerse ante la puerta para abrirla se muestra solemnemente el Evangeliario, que contiene las palabras de misericordia, primero hacia el exterior a aquellos que han peregrinado, y luego al interior de la catedral con el canto de la antífona: “Yo soy la puerta”.
Una vez terminada la parada en la puerta, el Obispo con el Evangeliario, los concelebrantes y ministros, se dirigen procesionalmente al altar; los fieles se dirigen a sus lugares. Durante la entrada se canta la antífona de entrada del tercer domingo de adviento u otro canto adecuado al adviento.

Memoria del bautismo
La Puerta de ingreso a la comunidad de la Iglesia es el sacramento del Bautismo. El rito de bendición y aspersión del agua constituye el recuerdo vivo de este acontecimiento. El Bautismo de hecho es “primer sacramento de la nueva Alianza. Por él los hombres, adhiriéndose a Cristo por la fe y recibiendo el espíritu de hijos adoptivos (cfr. Rm 8,15), se llaman y son hijos de Dios (cfr. 1Jn 3,1; Jn 1,12; Rm 9,8); unidos a Cristo en una muerte y resurrección como la suya (cfr. Rm 6,5), forman con él un mismo cuerpo (cfr. Ef 5,30; 1Co 12,27; Rm 12,5); ungidos con la efusión del Espíritu, se convierten en templo santo de Dios (cfr. 1Co 3,16-17; 6,19; 2Co 6,16; Ef 2,21-22) y miembros de la Iglesia, en ¬«una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios» (1Pe 2,9)”. (Bendicional 933)

La celebración de la eucaristía

La celebración de la eucaristía, ¬«como acción de Cristo y del pueblo de Dios ordenado jerárquicamente, es el centro de toda la vida cristiana para la Iglesia, tanto universal, como local, y para cada uno de los fieles. Pues en ella se tiene la cumbre, tanto de la acción por la cual Dios, en Cristo, santifica al mundo, como la del culto que los hombres tributan al Padre, adorándolo por medio de Cristo, Hijo de Dios, en el Espíritu Santo.» (Instrucción general del Misal Romano 16). Por esta razón constituye el vértice de la celebración de la apertura del Jubileo. En él, el Padre en su misericordia viene al encuentro de todos aquellos que lo busquen con “sincero corazón”, ofreciendo continuamente a los hombres su alianza y pregustar la eternidad de su reino “y allí, junto con toda la creación, libre ya del pecado y de la muerte, te glorifiquemos por Cristo, Señor nuestro”. (Plegaria Eucarística IV)