lunes, 8 de mayo de 2017

CONSEJO EPISCOPAL DE LA ARQUIDIOCESIS DE MARACAIBOCOMUNICADO



ARQUIDIOCESIS DE MARACAIBO
CONSEJO EPISCOPAL
COMUNICADO

Ante la publicación, bajo forma de carta abierta, de una comunicación que había sido dirigida personalmente al Arzobispo y al Nuncio Apostólico, por un grupo de feligreses que se autodenominan “chiquinquireños”, nosotros, el Consejo Episcopal de Maracaibo, en comunión con nuestro pastor, Mons. Ubaldo Santana y su obispo auxiliar Mons. Ángel Caraballo, nos sentimos en la obligación de responder también públicamente.
1.   Primero que todo, reiteramos nuestra plena confianza al equipo dirigido por Mons. Ángel Caraballo Fermín, obispo auxiliar, conformado por los presbíteros Engelberth Jackson y David Urdaneta y nos alegramos por la labor pastoral realizada. Han contado para ello, con el apoyo de un equipo de laicos, con claro sentido de comunión eclesial, apegados a los postulados de la doctrina y la caridad cristiana, colocando en primer lugar los valores del Reino de Dios. Nos consta a todos los vicarios episcopales que todos lo han hecho con gran consciencia de la relevancia que tiene la basílica en el conjunto religioso arquidiocesano.  
2.   Luego que se hizo efectiva la renuncia del Pbro. Eleuterio Cuevas en enero pasado, tanto Mons. Ángel Caraballo como los dos sacerdotes antes mencionados y el equipo laical de la basílica, han asumido con gran empeño y mística eclesial, la tarea de asegurar la necesaria transición antes del nombramiento del nuevo párroco.
3.   Entendemos la impaciencia que hay de contar con el nuevo pastor, tomando en cuenta la gran relevancia de la parroquia-basílica como epicentro de la devoción mariana chiquinquireña, desde donde se irradia regional, nacional e internacionalmente. Razones de peso han obligado a nuestro arzobispo a retardar su nombramiento, que Dios mediante, se producirá en el transcurso de las próximas semanas.
4.   Recibimos las apreciaciones de los remitentes que esperamos hayan hecho con recta intención, y respetamos su derecho a manifestar a sus pastores aquellos puntos que consideren importantes para la buena marcha de su Iglesia local, y en este caso de la basílica.
5.   Sin embargo, queremos dejar claro a los remitentes que, antes de hacer pública la carta, e involucrar en ella al Señor Nuncio apostólico, hubieran debido acudir personalmente a las instancias internas locales. Este es el genuino espíritu de comunión eclesial, de prudencia y caridad cristiana contenido en el Canon 212, que prevé sin duda el ejercicio de este derecho, pero: “salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas”.
6.   Pensamos que en esta carta se ha vulnerado la buena fama del equipo sacerdotal que con tanto esfuerzo está atendiendo la basílica. Hemos venido a saber, por su propio testimonio, que varios de los fieles que han firmado la carta lo han hecho sin conocer su contenido verdadero, pues sólo se les dijo que era para “agilizar el nombramiento de un nuevo párroco”.
7.   Las comunicaciones públicas y las cartas abiertas son recursos extremos a los que se acude cuando todas las puertas para el encuentro y el diálogo, a las que se ha tocado previamente, se han cerrado. Ese no ha sido el caso en esta situación. Sabemos además que tales expresiones se deben usar con extrema cautela y prudencia pues se prestan a provocar escándalos, tergiversaciones y señalamientos perjudiciales para las personas y para la misma Iglesia.
8.   Reiteramos que el párroco anterior, el Pbro. Eleuterio Cuevas, presentó su renuncia el día 02 de septiembre, y que Mons. Ubaldo Santana, como arzobispo,  la aceptó en conformidad con el Canon 538 §1, como largamente lo expuso en un Comunicado ante los MCS, el pasado mes de diciembre. De modo que ese proceso se realizó de acuerdo a los lineamientos que expresa la Iglesia, así como de acuerdo a los mismos se designará al nuevo Párroco.
9.   La situación que atravesamos en nuestro país nos interpela y nos compromete a expresar nuestra unidad en la caridad, la comprensión y la fraternidad, tal como corresponde a los seguidores de Jesús, a los que él llamo “sal y luz de la tierra” (Mt 5,13-14). Ése es el ejemplo que debemos dar para que los alejados y no practicantes puedan exclamar “miren como se aman”. En el amor hay verdad y en la verdad, amor, pues en él está Cristo nuestro Señor.
10.      Pedimos a María de Chiquinquirá, que ama a todos sus hijos, especialmente a los que han sido configurados a su Hijo Jesús como sacerdotes, ilumine la mente de nuestro arzobispo y la de sus colaboradores inmediatos en la designación del nuevo párroco. También le pedimos a la Chinita conceda a los fieles de la parroquia San Juan de Dios y en especial a los firmantes de la carta, crecer en conciencia de su propia responsabilidad, en obediencia, docilidad y visión sobrenatural, virtudes requeridas en estos momentos, para que puedan ayudar “en espíritu y en verdad” (Jn 4,23) y  de modo efectivo a su pastor “.

Maracaibo, 5 de mayo de 2017




Mons. Jesús Hernández
Vicario General


Pbro. Eduardo Ortigoza
Vicario para la Educación


Pbro. Néstor Primera
Vicario para los Asuntos Económicos

Pbro. Raúl Montoya
Vicario para la Zona Sur


Pbro. Juan Navarro
Vicario para la Pastoral

Pbro. Rafael Morales
Vicario para la Zona de la Guajira


Pbro. Rafael Villalobos
Vicario Judicial



domingo, 7 de mayo de 2017

ORDENACIÓN PRESBITERAL DE EDIXANDRO MORAN op - HOMILÍA

CUARTO DOMINGO DE PASCUA
ORDENACIÓN PRESBITERAL DE EDIXANDRO MORAN op
HOMILÍA

Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús,
Es una gran alegría celebrar, en este tiempo de Pascua, una ordenación presbiteral. Y más aún cuando se trata de un hijo de esta tierra, en la que la Virgen María del Rosario, patrona de la Orden de Santo Domingo, ha puesto su predilección.
No podía ser más acertada la escogencia por parte del diácono Edixandro, del cuarto domingo de Pascua, conocido como el domingo del Buen Pastor, para recibir la gracia del sacerdocio ministerial que lo transforma en una presencia de Jesucristo Buen Pastor. En este domingo la Iglesia nos invita a orar de modo especial por las vocaciones. En su Mensaje de este año, que lleva por título “Empujados por el Espíritu a la Misión”, el Santo Padre nos entrega esta luminosa enseñanza:
“Todo discípulo misionero siente en su corazón esta voz divina que lo invita a «pasar» en medio de la gente, como Jesús, «curando y haciendo el bien» a todos (cf. Hch 10,38). En efecto, como ya he recordado en otras ocasiones, todo cristiano, en virtud de su Bautismo, es un «cristóforo», es decir, «portador de Cristo» para los hermanos (cf. Catequesis, 30 enero 2016). Esto vale especialmente para los que han sido llamados a una vida de especial consagración y también para los sacerdotes, que con generosidad han respondido «aquí estoy, mándame». Con renovado entusiasmo misionero, están llamados a salir de los recintos sacros del templo, para dejar que la ternura de Dios se desborde en favor de los hombres (cf. Homilía durante la Santa Misa Crismal, 24 marzo 2016). La Iglesia tiene necesidad de sacerdotes así: confiados y serenos por haber descubierto el verdadero tesoro, ansiosos de ir a darlo a conocer con alegría a todos (cf. Mt 13,44)”
Edixandro es uno de esos paganos, a los que alude Pedro en la primera lectura, a quienes el Señor llama, aunque estén lejos. Edixandro sabe, en el fondo de su corazón, cuán lejos lo ha ido a buscar el Señor para traérselo primero a su redil y luego elegirlo para que le cuide una parte de su rebaño.
A todos los que hemos sido elegidos para este servicio nos ha ocurrido lo que le sucedió a Pedro, quien después de haber negado a su Señor y volver decepcionado a su antiguo oficio de pescador, se vio restituido en su cargo. “Simón, hijo de Juan, ¿me amas? - Si, Señor, tu sabes que te quiero. Jesús le dijo: Pastorea mis ovejas” (Jn 21, 15-17).
Todos los sacerdotes que hemos avanzado por el camino de nuestro ministerio, estamos marcados a fuego vivo por la convicción de que llevamos el gran tesoro del sacerdocio de Cristo en pobres vasijas de barro “para que quede claro que ese poder tan extraordinario proviene de Dios y no de nosotros” (2 Co 4,7). A los sacerdotes no nos conviene endiosarnos ni dejar que la gente nos endiose y nos coloque más en la categoría de ángeles que de simples seres humanos, cristianos pecadores y vulnerables que necesitan constantemente de la gracia divina y del apoyo de sus hermanos para mantenerse fiel a su vocación y vencer las tentaciones que lo acosan.
Toda historia vocacional es una vocación de amor. No se puede pasar de ser simple pescador de peces al oficio de pescador de hombres si el elegido no ha quedado invadido en todo su ser, por el amor redentor de Cristo. El amor de Dios y de los hermanos es el único motor que puede mover la vida, el ministerio y la entrega cotidiana de un sacerdote de Cristo. La vida nueva que Cristo ha traído al mundo solo se comunica con la fuerza del amor.
Cristo Jesús se nos ha adelantado en todo: en el amor, en la elección, en la salvación. La elección como todos sus dones, es una gracia inmerecida y gratuita. “No me eligieron ustedes a mí, sino que yo los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto” (Jn 15,15).
Cada estrofa del Salmo 23, que acabamos de recitar, se ha de volver para ti, querido hijo, una experiencia gozosa de tu vida de elegido. Para poder ser buen pastor tienes primero que hacerte oveja y convencerte de que el Señor es tu pastor, que él te conoce por tu nombre y por tu voz; que ya peleó por ti con el lobo para arrancarte de sus fauces; que esa batalla le costó la vida y derramó su sangre en la cruz por ti; que aún lleva consigo, aunque ya resucitado y victorioso del mal, las marcas de la batalla que tuvo que librar.  
Has de convencerte, cada día más, que, al dar su vida por ti, Cristo se ha ganado todos los títulos para guiarte con seguridad, hacia las verdes praderas y frescos manantiales, donde puedes saciar tu hambre y tu sed de felicidad infinita. Has de vivir en carne propia que “aunque camines por cañadas oscuras nada has de temer, porque él va contigo; su vara y su cayado te brindan seguridad y reposo”. Que no eres tú el que le preparas la mesa eucarística sino él, en persona, quien la pone y él mismo se te ofrece en alimento hasta que tu copa rebose. En cada recodo difícil del camino sacerdotal que te espera, descubrirás “que su bondad y su misericordia te acompañan todos los días de tu vida”. Caminará unas veces delante de ti para mostrarte el camino, otras veces a tu lado para animarte y levantarte y otras detrás de ti para sostenerte e impulsarte.
Al final del rito de Ordenación oirás estas palabras: “Considera lo que realiza e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con la cruz de Cristo”. Todos los sacerdotes hemos nacido en la noche del Cenáculo. Fíjate bien en todos los gestos que el Señor realizó y en todas las palabras que pronunció aquella noche; porque la cena que él, aquella noche, te sirvió, también tú la tienes que servir a tus hermanos; los gestos que el Señor realizó, también tú los tienes que realizar en favor de tu comunidad. Las palabras que Jesús pronunció, también tú las tienes que predicar y enseñar.  Te tocará volverte pan, servidor y amigo.
El Señor nos pide, te pide, que hagas memoria de todo lo que aconteció aquella noche. Bien sabemos que el pan que convirtió en su cuerpo para entregarlo por la salvación del mundo y el vino que convirtió en su sangre para establecer la nueva y definitiva alianza entre Dios y la humanidad, eran un adelanto sacramental de lo que ocurriría al día siguiente en el Gólgota. Nos toca sin duda prestar ese servicio de perpetuar y hacer presente ese misterio de salvación en nuestra Iglesia. Ya eso es sin duda un impresionante servicio en favor de la vida de nuestro pueblo.
Pero esos gestos, esas palabras nos involucran también a nosotros. No somos meros agentes, ejecutores de un oficio pasajero. Toda nuestra vida, en todas sus dimensiones, está llamada a configurarse con lo que ocurrió en el Cenáculo y en el Gólgota. Momentos y lugares que son a su vez síntesis y recapitulación de todo el Evangelio de Jesús.  
Nosotros hacemos y decimos, pero también nos toca vivir la Buena Noticia que predicamos y los sacramentos que realizamos, sobre todo la Eucaristía. Nosotros también nos tenemos que dejar hacer por Dios pan que Jesús toma en sus manos, rompe, bendice y entrega; vino de la copa que el Señor comparte como signo de una nueva comunión filial y fraterna de los hombres entre sí con Dios. Nuestra vida sacerdotal cobra su pleno sentido cuando nos volvemos el mismo alimento que repartimos y la misma bebida que compartimos para que nuestros hermanos vivan y sacien su sed y no perezcan en el duro camino de la vida.
Vivimos tiempos tormentosos en Venezuela. El pueblo que nos toca servir pasa hambre, pasa sed, padece toda clase de enfermedades y no consigue fácilmente los medicamentos para su salud. Se siente indefenso, amenazado por toda clase de peligros y los gobernantes elegidos para cuidarlo y hacerlo progresar en fraternidad y unidad lo han abandonado a su propia suerte y lo han reducido a la humillante condición de indigentes y esclavos de un sistema represivo y totalitario. Atravesamos un inmenso desierto y no sabemos cuándo llegaremos a la Venezuela libre y soberana, donde todos, sin distinción de partidos e ideologías, seremos y nos comportaremos como hermanos.
El Papa Francisco en la carta que le envió ayer a los obispos venezolanos nos anima a mantener viva y fuerte esta esperanza: “Agradezco así mismo su continuo llamamiento a evitar cualquier forma de violencia, a respetar los derechos de los ciudadanos y a defender y defender la dignidad humana y los derechos fundamentales, pues, igual que ustedes, estoy persuadido de que los graves problemas de Venezuela se pueden solucionar si hay voluntad de establecer puentes, de dialogar seriamente y de cumplir con los acuerdos alcanzados”,
Te toca ser un pastor valiente que no se deje arrastrar por la desesperación y el pesimismo en esta hora menguada de tu país. Haz tuyo estas recomendaciones que el Papa Francisco le dio a los sacerdotes y consagrados en su reciente viaje a Egipto y que presentó bajo formas de tentaciones a vencer. Vence con Cristo y la ayuda de tus hermanos en la Iglesia, la tentación de dejarte arrastrar, en vez de asumir con valentía tu vocación de pastor que guía a su rebaño. “El buen Pastor, dice el Santo Padre, tiene el deber de guiar a su grey (cf. Jn 10,3-4), de conducirla hacia verdes prados y a las fuentes de agua (cf. Sal 23). No puede dejarse arrastrar por la desilusión y el pesimismo (diciéndose a si mismo): «Pero, ¿qué puedo hacer yo?».
Está siempre lleno de iniciativas y creatividad, como una fuente que sigue brotando incluso cuando está seca. Sabe dar siempre una caricia de consuelo, aun cuando su corazón está roto. Sabe ser padre cuando los hijos lo tratan con gratitud, pero sobre todo cuando no son agradecidos (cf. Lc 15,11-32). Nuestra fidelidad al Señor no puede depender nunca de la gratitud humana: «Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6,4.6.18).
Lucha contra “la tentación de sentirte por encima de los demás y de someterlos por vanagloria, de tener la presunción de dejarte servir en lugar de servir. Es una tentación común que aparece desde el comienzo entre los discípulos, los cuales —dice el Evangelio— «por el camino habían discutido quién era el más importante» (Mc 9,34). El antídoto a este veneno es: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35).
Enfrenta con Cristo y con tu presbiterio, la tentación del individualismo. Como dice el conocido dicho egipcio: «Yo, y después de mí, el diluvio». Es la tentación de los egoístas que por el camino pierden la meta y, en vez de pensar en los demás, piensan sólo en sí mismos, sin experimentar ningún tipo de vergüenza, más bien al contrario, se justifican. La Iglesia es la comunidad de los fieles, el cuerpo de Cristo, donde la salvación de un miembro está vinculada a la santidad de todos (cf. 1Co 12,12-27; Lumen Gentium, 7). El individualista es, en cambio, motivo de escándalo y de conflicto.
En realidad, el consagrado, si no tiene una clara y sólida identidad, camina sin rumbo y, en lugar de guiar a los demás, los dispersa. Enraízate fuertemente en tu identidad de sacerdote dominico católico, partícipe junto con los demás presbíteros de tu Orden y de la Iglesia local, donde te toque servir, del único sacerdocio de Cristo, como un árbol que cuanto más enraizado está en la tierra, más alto crece hacia el cielo. Solo así podrás vivir a plenitud el lema de la Orden de los Predicadores: “Contemplata aliis tradere”.
Querido hijo, te esperan tiempos recios. No te va a ser fácil, responder a los desafíos que te esperan más allá de las puertas de este templo parroquial. Pero con palabras de San Gregorio Magno, papa te digo: “Que ninguna adversidad te prive del gozo de esta fiesta interior que hoy se inicia en ti; porque al que tiene la firme decisión de llegar a término ningún obstáculo del camino puede frenarlo en su propósito”. Por eso te invito que vivas siempre injertado en Jesús, ensamblado en tu comunidad religiosa y consubstanciado con las comunidades cristianas que te toque servir. (Cf. Jn 15,4). Cuanto más enraizados estés en Cristo, más vivo y fecundo será tu ministerio pastoral. “Así como es santo quien te llamó, también tú sé santo en toda tu conducta” (1 Pe 1,15)
Que Nuestra Señora del Rosario a quien has sido confiado por tu fundador Santo Domingo de Guzmán, desde la fundación de la Orden, se haga a partir de hoy tu madre, protectora y guía y tú, como buen hijo de madre tan amorosa, te dejes conducir por ella por las sendas ya surcadas por las huellas de su Hijo Jesús, para que, con tan eficaz compañía, recorras con firmeza todos los misterios de la redención, glorifiques a Dios y santifiques a tus hermanos.  Amén
Maracaibo 7 de mayo de 2017.

+Ubaldo R Santana Sequera FMI
Arzobispo de Maracaibo


MENSAJE CON MOTIVO DE LA JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES 2017

MENSAJE
CON MOTIVO DE LA JORNADA MUNDIAL
DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES 2017


Hoy domingo del Buen Pastor, Jornada Mundial de las Vocaciones, les invito a todos a dar gracias por su propia vocación. Hemos de tener siempre claro que cada uno de nosotros es un promotor vocacional. Diría el principal promotor vocacional de la Iglesia local. Fueron unos sacerdotes de carne y hueso los que despertaron en mi corazón de niño la vocación al sacerdocio a los 7 años. 

En este domingo valgámonos del subsidio que ha elaborado la pastoral vocacional y del Mensaje que nos ha dirigido el Papa Francisco para despertar en nuestros fieles el sentido y la importancia que tiene la dimensión vocacional de la existencia humana y la vida cristiana.

Introduzcamos de manera habitual permanentemente, en cada oración de los fieles de nuestras misas una petición por las vocaciones sacerdotales, la vida consagrada, misionera y contemplativa. Cultivemos familias cristianas y santas, donde se forman personas con sentido de servicio, de abnegación y de entrega por el bien de sus hermanos.    

Jesús mismo hizo la primera oración por las vocaciones. Brotó de sus entrañas misericordiosas al ver una multitud de gente abandonada, como ovejas sin pastor: "La cosecha es abundante pero los trabajadores son pocos. Por eso, rueguen al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recogerla" (Mt 9, 36-38).

Años atrás con motivo del Año sacerdotal convocado por el Papa Benedicto XVI invité a los párrocos a promover en las parroquias y demás centros de evangelización un grupo de personas que se dediquen, entre otras actividades,  a la oración ante el Santísimo por las vocaciones, estén atentas al bienestar integral de los sacerdotes y seminaristas de su parroquia, promuevan actividades para sostener el seminario y las casas donde se forman los candidatos al sacerdocio y apoyen la construcción de la casa sacerdotal. Los llamé Grupo Ars. 

El Mensaje del Santo Padre Francisco para este año, “Empujados por el Espíritu para la Misión”, lleva ya en el mismo título el énfasis misionero que le quiere dar a toda vocación cristiana y en particular a la vida de especial consagración y a la presbiteral. Este es un talante indispensable para calibrar la calidad de la vocación de los candidatos al sacerdocio. Ya sabemos cuánto insiste el Papa Francisco en la necesidad de edificar una Iglesia “en salida”. Para ello debe contar con discípulos misioneros.

No desmayemos en nuestra oración y promovamos entre nuestros feligreses la vida comunitaria y el espíritu misionero, fuente donde muchos pueden descubrir mejor lo que el Señor quiere de ellos en la Iglesia actual. 

El encuentro de jóvenes con el Arzobispo se llevará a cabo si Dios quiere el sábado 17 de junio. Esta vez se le dará un formato eucarístico y de fuerte solidaridad con el prójimo. 

En nuestras oraciones acordémonos de tantos jóvenes que han perdido su vida por causa de la violencia y la represión desmedida; también para que cese el clima de violencia, represión y muerte que envuelve nuestras poblaciones y se alcance la paz tan ansiada por todos.

 Que María de Chiquinquirá, madre que supo cultivar en su hijo Jesús, con su esposo San José, la vocación de servicio y de entrega, nos bendiga y nos proteja.

Maracaibo 7 de mayo de 2017

+Ubaldo R. Santana Sequera FMI
Arzobispo de Maracaibo
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sábado, 6 de mayo de 2017

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA 54 JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 54 JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

Empujados por el Espíritu para la Misión

Queridos hermanos y hermanas
En los años anteriores, hemos tenido la oportunidad de reflexionar sobre dos aspectos de la vocación cristiana: la invitación a «salir de sí mismo», para escuchar la voz del Señor, y la importancia de la comunidad eclesial como lugar privilegiado en el que la llamada de Dios nace, se alimenta y se manifiesta
Ahora, con ocasión de la 54 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, quisiera centrarme en la dimensión misionera de la llamada cristiana. Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad. Todos los cristianos han sido constituidos misioneros del Evangelio. El discípulo, en efecto, no recibe el don del amor de Dios como un consuelo privado, y no está llamado a anunciarse a sí mismo, ni a velar los intereses de un negocio; simplemente ha sido tocado y trasformado por la alegría de sentirse amado por Dios y no puede guardar esta experiencia solo para sí: «La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera» (Exht. Ap. Evangelium gaudium, 21).
Por eso, el compromiso misionero no es algo que se añade a la vida cristiana, como si fuese un adorno, sino que, por el contrario, está en el corazón mismo de la fe: la relación con el Señor implica ser enviado al mundo como profeta de su palabra y testigo de su amor.
Aunque experimentemos en nosotros muchas fragilidades y tal vez podamos sentirnos desanimados, debemos alzar la cabeza a Dios, sin dejarnos aplastar por la sensación de incapacidad o ceder al pesimismo, que nos convierte en espectadores pasivos de una vida cansada y rutinaria. No hay lugar para el temor: es Dios mismo el que viene a purificar nuestros «labios impuros», haciéndonos idóneos para la misión: «Ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado. Entonces escuché la voz del Señor, que decía: “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?”. Contesté: “Aquí estoy, mándame”» (Is 6,7-8).
Todo discípulo misionero siente en su corazón esta voz divina que lo invita a «pasar» en medio de la gente, como Jesús, «curando y haciendo el bien» a todos (cf. Hch 10,38). En efecto, como ya he recordado en otras ocasiones, todo cristiano, en virtud de su Bautismo, es un «cristóforo», es decir, «portador de Cristo» para los hermanos (cf. Catequesis, 30 enero 2016). Esto vale especialmente para los que han sido llamados a una vida de especial consagración y también para los sacerdotes, que con generosidad han respondido «aquí estoy, mándame». Con renovado entusiasmo misionero, están llamados a salir de los recintos sacros del templo, para dejar que la ternura de Dios se desborde en favor de los hombres (cf. Homilía durante la Santa Misa Crismal, 24 marzo 2016). La Iglesia tiene necesidad de sacerdotes así: confiados y serenos por haber descubierto el verdadero tesoro, ansiosos de ir a darlo a conocer con alegría a todos (cf. Mt 13,44).
Ciertamente, son muchas las preguntas que se plantean cuando hablamos de la misión cristiana: ¿Qué significa ser misionero del Evangelio? ¿Quién nos da la fuerza y el valor para anunciar? ¿Cuál es la lógica evangélica que inspira la misión? A estos interrogantes podemos responder contemplando tres escenas evangélicas: el comienzo de la misión de Jesús en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,16-30), el camino que él hace, ya resucitado, junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), y por último la parábola de la semilla (cf. Mc 4,26-27).
Jesús es ungido por el Espíritu y enviado. Ser discípulo misionero significa participar activamente en la misión de Cristo, que Jesús mismo ha descrito en la sinagoga de Nazaret: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18). Esta es también nuestra misión: ser ungidos por el Espíritu e ir hacia los hermanos para anunciar la Palabra, siendo para ellos un instrumento de salvación.
Jesús camina con nosotros. Ante los interrogantes que brotan del corazón del hombre y ante los retos que plantea la realidad, podemos sentir una sensación de extravío y percibir que nos faltan energías y esperanza. Existe el peligro de que veamos la misión cristiana como una mera utopía irrealizable o, en cualquier caso, como una realidad que supera nuestras fuerzas. Pero si contemplamos a Jesús Resucitado, que camina junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-15), nuestra confianza puede reavivarse; en esta escena evangélica tenemos una auténtica y propia «liturgia del camino», que precede a la de la Palabra y a la del Pan partido y nos comunica que, en cada uno de nuestros pasos, Jesús está a nuestro lado. Los dos discípulos, golpeados por el escándalo de la Cruz, están volviendo a su casa recorriendo la vía de la derrota: llevan en el corazón una esperanza rota y un sueño que no se ha realizado. En ellos la alegría del Evangelio ha dejado espacio a la tristeza. ¿Qué hace Jesús? No los juzga, camina con ellos y, en vez de levantar un muro, abre una nueva brecha. Lentamente comienza a trasformar su desánimo, hace que arda su corazón y les abre sus ojos, anunciándoles la Palabra y partiendo el Pan. Del mismo modo, el cristiano no lleva adelante él solo la tarea de la misión, sino que experimenta, también en las fatigas y en las incomprensiones, «que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 266).
Jesús hace germinar la semilla. Por último, es importante aprender del Evangelio el estilo del anuncio. Muchas veces sucede que, también con la mejor intención, se acabe cediendo a un cierto afán de poder, al proselitismo o al fanatismo intolerante. Sin embargo, el Evangelio nos invita a rechazar la idolatría del éxito y del poder, la preocupación excesiva por las estructuras, y una cierta ansia que responde más a un espíritu de conquista que de servicio. La semilla del Reino, aunque pequeña, invisible y tal vez insignificante, crece silenciosamente gracias a la obra incesante de Dios: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo» (Mc 4,26-27). Esta es nuestra principal confianza: Dios supera nuestras expectativas y nos sorprende con su generosidad, haciendo germinar los frutos de nuestro trabajo más allá de lo que se puede esperar de la eficiencia humana.
Con esta confianza evangélica, nos abrimos a la acción silenciosa del Espíritu, que es el fundamento de la misión. Nunca podrá haber pastoral vocacional, ni misión cristiana, sin la oración asidua y contemplativa. En este sentido, es necesario alimentar la vida cristiana con la escucha de la Palabra de Dios y, sobre todo, cuidar la relación personal con el Señor en la adoración eucarística, «lugar» privilegiado del encuentro con Dios.
Animo con fuerza a vivir esta profunda amistad con el Señor, sobre todo para implorar de Dios nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. El Pueblo de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangelio. Por eso, pido a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numerosos grupos de oración presentes en la Iglesia que, frente a la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes enamorados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios.
Queridos hermanos y hermanas, también hoy podemos volver a encontrar el ardor del anuncio y proponer, sobre todo a los jóvenes, el seguimiento de Cristo. Ante la sensación generalizada de una fe cansada o reducida a meros «deberes que cumplir», nuestros jóvenes tienen el deseo de descubrir el atractivo, siempre actual, de la figura de Jesús, de dejarse interrogar y provocar por sus palabras y por sus gestos y, finalmente, de soñar, gracias a él, con una vida plenamente humana, dichosa de gastarse amando.
María Santísima, Madre de nuestro Salvador, tuvo la audacia de abrazar este sueño de Dios, poniendo su juventud y su entusiasmo en sus manos. Que su intercesión nos obtenga su misma apertura de corazón, la disponibilidad para decir nuestro «aquí estoy» a la llamada del Señor y la alegría de ponernos en camino, como ella (cf. Lc 1,39), para anunciarlo al mundo entero.
Vaticano, 27 de noviembre de 2016
Primer Domingo de Adviento

Francisco

Orando por la Vocaciones: “Empujados por el espíritu Santo para la Misión”


“Empujados por el espíritu Santo para la Misión”

IV Domingo de Pascua
Domingo 07 de Mayo de 2017

MONICIÓN DE ENTRADA
Queridos hermanos estamos en el Cuarto Domingo de la Pascua, viviendo junto a toda la Iglesia Universal la solemnidad de Jesucristo Buen Pastor.
Hoy iniciamos la jornada mundial de Oración por las vocaciones, necesitamos «salir de sí mismo», para escuchar la voz del Señor, y la importancia de la comunidad eclesial como lugar privilegiado en el que la llamada de Dios nace, se alimenta y se manifiesta.
            Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad. Todos los cristianos han sido constituidos misioneros del Evangelio. Por eso, vivamos con gozo esta presencia de Jesús que llama a su servicio hombres y mujeres como Buen Pastor que toca el corazón de los suyos y carga sobre sus hombros a quien necesita de su auxilio.

ORACIÓN UNIVERSAL
A Dios, Padre todopoderoso, que resucitó a Jesús, Buen pastor y salvador, presentémosle nuestras plegarias.
A cada petición diremos: ¡Escúchanos, Padre!
1. Por el papa, los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas. Para que pastoreen la Iglesia con amor y entrega. OREMOS
2. Por quienes ejercen la autoridad en nuestra Patria. Para que nos gobiernen con justicia y capacidad de servicio. OREMOS
3. Por los enfermos y los que viven en soledad. Para que en Cristo, el Buen Pastor que a todos conoce y a todos ama, encuentren luz y esperanza. OREMOS
4. Por los jóvenes. Para que de entre ellos surjan líderes que la Iglesia y el mundo de hoy necesitan. OREMOS
5. Por nuestra Comunidad Parroquial, pequeño rebaño de Cristo para que, frente a la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes enamorados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios. OREMOS
6. Por todos nosotros. Para que respondamos con generosidad y entrega a la misión que el Señor nos confía. OREMOS
Padre Santo, que has querido que tu Hijo Jesús sea el verdadero pastor de tu pueblo, acoge nuestras súplicas y haznos discípulos de Aquél que no ha venido a ser servido sino a servir y dar la vida por todos y que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
Señor, somos tu pueblo llamado y enviado a construir tu reino.
Sabemos que la mies es abundante y necesita manos que le cuiden y consuelen.
Ayúdanos a trabajar en la acogida de quien sufre,
Velar por los cansados y agobiados por la carga,
Consolar al triste y hablar sin desfallecer al corazón del hombre.

Te bendecimos y en ti confiamos, Señor del cielo y de la tierra,
Porque llamas a hombres y mujeres a tu servicio santo
 Y sean así, una presencia viva de tus manos,
Donde el amor se torne en profecía y ternura, vida nueva y testimonio.
Haz que podamos volver a encontrar el ardor del anuncio y proponer,
Sobre todo a los jóvenes, el seguimiento de Cristo.

Socórrenos con la gracia de Tu Espíritu, Ante la sensación de una fe cansada,
Inspira en ellos el deseo de descubrir a Jesús,
Dejarse interrogar y provocar por sus palabras y por sus gestos
 Una vida plenamente humana y dichosa de gastarse amando.
Anímales Tú, Padre, a vivir esta profunda amistad
Con Tu Hijo Jesucristo, Buen Pastor, que vive y Reina
Por los siglos de los Siglos. Amén.


V Domingo de Pascua
Domingo 14 de Mayo de 2017

MONICIÓN DE ENTRADA
Estamos ya en el 5º Domingo de Pascua, y Todo discípulo misionero siente en su corazón esta voz divina que lo invita a «pasar» en medio de la gente, como Jesús, «curando y haciendo el bien» a todos (cf. Hch 10,38).
Poco a poco nos acercamos al misterio de la Ascensión del Señor y la Venida del Espíritu Santo, que completarán el gran misterio de nuestra salvación que celebramos durante la Cuaresma y la Cincuentena Pascual.
Esta salvación se realiza también ahora, cuando nos reunimos para escuchar la Palabra de Dios y para recibir el Pan sagrado de la Eucaristía.  Es disponernos a conocer de Él para ser ungidos por el Espíritu e ir hacia los hermanos para anunciar la Palabra, siendo para ellos un instrumento de salvación, viviendo la vocación al cual hemos sido llamados.
Con sencillez de corazón y con gran alegría dispongámonos a recibir al Señor que viene a salvarnos.
ORACIÓN UNIVERSAL
A Jesús resucitado, vida y esperanza de la humanidad entera, presentémosle nuestras plegarias.
A cada petición diremos: ¡Jesús resucitado, escúchanos!
1. Por la Santa Iglesia de Dios: para que dé en el mundo un buen testimonio del camino de vida que es Jesús. OREMOS
2. Por los gobernantes: para que la familia humana, en todos los países del mundo, viva en paz, justicia y libertad. OREMOS
3. Por todos los que no conocen a Cristo: para que descubran la ternura del Padre trasforme sus desánimos, les haga arder sus corazones y les abra sus ojos, anunciándoles la Palabra y partiendo el Pan.. OREMOS
4. Por los difuntos de nuestras familias: para que gocen de la presencia del Señor en las moradas del cielo. OREMOS
5. Por nosotros: para que encontremos en Jesús la luz que ilumine nuestro camino y la alegría que renueve nuestro corazón. OREMOS
Escucha, Señor Jesús, nuestra oración, y condúcenos hacia la vida plena que Dios el Padre nos ofrece. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.






viernes, 5 de mayo de 2017

Papa Francisco envía Carta a los obispos de Venezuela expresando su cercanía y preocupación por el sufrimiento del pueblo venezolano.

Papa Francisco envía Carta a los obispos de Venezuela expresando su cercanía y preocupación por el sufrimiento del pueblo venezolano.
Con fecha 05 de mayo de 2017, el Papa Francisco envío una carta a los obispos expresando su preocupación ante la grave situación que vive el pueblo venezolano. A continuación la carta del Papa Francisco: