domingo, 18 de agosto de 2019

DOMINGO XX ORDINARIO C 18-08-2019 - HOMILÍA - EL ALUMBRAMIENTO DEL REINO DE DIOS ES DOLOROSO


DOMINGO XX ORDINARIO C 18-08-2019
HOMILÍA
EL ALUMBRAMIENTO DEL REINO DE DIOS ES DOLOROSO

Muy queridos hermanos,
El evangelio de hoy es desconcertante. Jesús se presenta como portador de fuego y de división. ¿Es acaso Jesús un pirómano que viene a encender este mundo y sus habitantes con el fuego de la división? ¿No nos ha dicho tantas veces que él ha venido a traer la paz? (Jn 14,27;20,19.21) ¿Que él es un buen pastor que busca unir a la humanidad en un solo rebaño? (Jn 10,16;11,51-52;12,32) ¿No nos dejó como legado espiritual su deseo de que los suyos se unieran y dieran ejemplo de unidad como condición para que el mundo crea en él? (Jn 17,21).
Sacada de su contexto la frase se presta a manipulaciones. No han faltado quienes la han utilizado para anexar a Jesús a los promotores de la lucha de clases o a los precursores del principio maquiavélico del “divide y vencerás”. Hemos de cuidarnos siempre que escrutamos la Palabra para no hacerle decir a Jesús los que nos conviene o interpretar sus mensajes a nuestra conveniencia.   
Por ello antes de leer los textos bíblicos debemos invocar el Espíritu Santo Para abordar este texto es menester que invoquemos el don del Espíritu Santo para que abra nuestra mente y nuestro corazón a la inteligencia de las Escrituras (Lc 24,45) y nos lleve al conocimiento y comprensión de la verdad completa (Jn 16,12) y de lo que Dios quiere. Además, nosotros los católicos debemos leer las Escrituras con y desde la tradición y la enseñanza magisterial de nuestra Iglesia.
No, hermanos, Jesús no se contradice. No pretende sembrar divisiones ni confrontaciones. Habla de las consecuencias que provocará su predicación, sus acciones sanadoras en favor de los pequeños y de los pobres, y el camino escogido para llevar a cabo su misión mesiánica. Posturas, mensajes y opciones que chocan frontalmente con la visión y las expectativas de los dirigentes, de los mismos discípulos y del pueblo en general.
A Jesús lo mueve el Espíritu Santo que habita permanentemente en él y es como fuego que cura, ilumina, escuece y quema; un fuego que molesta a las autoridades locales y romanas. Ya el anciano Simeón cuando lo tuvo en sus brazos le había vaticinado a José y a María que el niño sería un signo de contradicción.  Su personalidad fogosa y apasionada figura recuerda mucho al profeta Elías, el profeta de fuego que puso al desnudo la idolatría del rey y del pueblo de Israel (Cfr 1 Re 18-19) 17. Jesús es una tea de luz y de gracia salvadora que debe esparcir en torno a sí, y por el mundo entero. A él se aplica en primer lugar lo que le pide a los suyos: ser Luz del mundo. Ahora bien, “nadie enciende una luz para ocultarla o ponerla bajo un cajón sino sobre un candelero, de modo que todos los que entren vean con claridad” (Lc 11,33-36)
En cambio, los fariseos y doctores de la Ley son portadores de oscuridad (Lc 11,37-54) que secuestran la luz de la Palabra para ellos y dejan al pueblo en la ignorancia. Los señalamientos de Jesús y su empeño en instruir a los pobres y sencillos les produce una profunda indignación y es tan grande su molestia por la forma como se comporta los sábados e infringe la ley de la pureza cultural que lo acusan de ser un enviado del mismísimo príncipe de los demonios (Lc 11,15), se confabulan para descalificarlo ante el pueblo sencillo (11,53) y terminan complotando con las autoridades romanas para eliminarlo.
Jesús sabe que la confrontación va a ir en aumento y advierte a sus discípulos que el fuego que se ha desatado con su predicación y sus actuaciones lo van sumergir a él y a los suyos en el horno encendido  de una gran prueba. El grupo de discípulos será el primero en experimentarlo. Dentro de los suyos cunde el desánimo, la incomprensión, el miedo. En pleno ministerio público, un gran número de sus seguidores lo abandonarán (Jn 6,66). En el momento crucial de su pasión, será la estampida general (Mc 14,50). Judas Iscariote, le entregará; Pedro, lo negará. Los demás desaparecen. Al pie de la cruz solo quedarán su madre María, el apóstol Juan y algunas mujeres discípulas suyas (Jn 19,25-27).
Por una prueba semejante pasarán también los discípulos que envía en misión. Van “como corderos en medio de lobos”. Serán entregados al tribunal y los azotarán en las sinagogas. Los arrastrarán ante gobernantes y reyes. ”El hermano entregará a la muerte a su hermano y el padre a su hijo. Los hijos denunciarán a sus padres para que los maten. Todos los odiarán por mi causa, pero tendrán la oportunidad de dar testimonio de su Señor ante los jefes y los pueblos paganos y si perseveran Dios los salvará. Y todo esto es así porque el discípulo no es mayor que su maestro ni el sirviente más que su señor. Al discípulo le basta con ser como su maestro y al sirviente como su señor.” (Mt 10, 16-25).
Todos los discípulos del Señor de todos los tiempos experimentarán los mismos acosos y persecuciones por parte de su misma familia. De hecho, cuando Lucas escribe este evangelio, las comunidades evangelizadas por él están sometidas a esos mismos embates. El Libro del Apocalipsis es un libro de consolación para todas las comunidades asiáticas sometidas a cruel persecución por el imperio romano.
Actualmente, los que decidan seguir a Jesús en verdad y actuar consecuentemente como sus discípulos, suelen pasar ellos también por la prueba del rechazo y de los ataques frontales. Uno de los causantes del martirio de niño San José Luis de los Ríos, durante la guerra cristera mexicana fue su tío. Hoy en día todos los cristianos que asumen posiciones pro-vida, defienden, en nombre de su fe, la causa de los nacidos, de los niños especiales, de los ancianos y en general de la dignidad de la persona humana en todas sus dimensiones, en nombre de Jesús, de su Evangelio y del magisterio eclesial, y por consiguiente rechazan el aborto, la contracepción, la eutanasia, la eugenesia, la ideología del género, son fuertemente atacados, insultados, multados, encarcelados y considerados como ciudadanos de segunda clase.
El Señor no quiere ni busca el sufrimiento por el sufrimiento, pero si nos enseña a asumirlo con la fuerza de su amor y la gracia y la luz de su Espíritu, si se presenta como consecuencia de la práctica consecuente de nuestra fe y en coherencia con nuestras convicciones. No podemos esconder debajo de la cama, la luz de la fe, de la esperanza y de la caridad que el Señor ha encendido en nuestras vidas con el bautismo. Pablo le recordaba a su discípulo Timoteo que la prueba es una condición inherente a la profesión cristiana: “Todos los que deseen una auténtica vida religiosa en Cristo Jesús serán perseguidos” (1 Tim 3,12) 
En esa misma dirección apunta la exhortación de Pedro en una de sus cartas: “Queridos hermanos, les dice, no se asombren de la prueba de fuego desatada contra ustedes, como si les pasara algo extraordinario. Al contrario, alégrense en la medida en que comparten los sufrimientos de Cristo, para que cuando se revele su gloria, también desborden de alegría y gozo. Dichosos ustedes si son insultados por el nombre de Cristo pues el Espíritu de la gloria, que es el Espíritu de Dios reposa sobre ustedes” (1 Pe 4,12-15).
Aunque parezca paradójico en ser consecuentes con Jesús y nuestra fe cristiana y vivirla coherentemente en medio del mundo se encierra la fuente de nuestra verdadera felicidad. Jesús nos lo recuerda en una de sus bienaventuranzas: “Dichosos ustedes cuando los insulten, los persigan, y, mintiendo digan toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos, pues del mismo modo persiguieron a los profetas anteriores a ustedes” (Mt 5,11).
Solos, dejados a nuestras propias fuerzas, nos dominará la cobardía, la comodidad o la indiferencia. Por eso necesitamos tanto de la eucaristía para alimentarnos juntos como hermanos, de la Palabra de vida y del cuerpo y de la sangre de nuestro Salvador. Necesitamos sostenernos con la oración constante en familia y en nuestras comunidades. Sólo uniéndonos a él y uniéndonos entre nosotros mediante el perdón, el amor mutuo y la misericordia podremos mantenernos firmes en nuestra fe y dar verdadero testimonio cristiano.
Maracaibo 18 de agosto de 2019

+Ubaldo R Santana Sequera FMI

PD: Feliz Cumpleaños Padre Silverio Osorio @padresilverio78


domingo, 11 de agosto de 2019

DOMINGO XIX ORDINARIO C 2019 - HOMILÍA


DOMINGO XIX ORDINARIO C 2019
HOMILIA
Muy queridos hermanos
En su caminata hacia Jerusalén, donde se consumará su misión redentora, Jesús se propone hacer de sus seguidores auténticos discípulos suyos. Un discipulado que descansa sobre una formidable revelación: que su Padre Dios no es solamente su padre, sino que quiere ser también padre de todos ellos. No ya sólo discípulos, sino hijos de Dios Padre. Este es el gran don que Jesús ha venido a traer a la humanidad. “Cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer para que nos rescatase y recibiéramos la condición de hijos” (Gal 4,4).
Jesús no se contenta con revelarlo. Con su propia vida dará un ejemplo, desde su nacimiento hasta su resurrección, de cómo se comporta un hijo con su Padre Dios. Y es que los seres humanos, por nosotros mismos y con nuestras propias fuerzas, no somos capaces de comportarnos como hijos de Dios y hermanos entre nosotros. Por eso Dios nos revela por medio de su Hijo cómo vive, se relaciona y se comporta un hijo, nos hace por medio del bautismo del don de la filiación y por el don del Espíritu Santo, en por los sacramentos de la iniciación cristiana, bautismo, eucaristía y confirmación, nos comunica la gracia para comportarnos como tales.
Con la gracia de la filiación divina recibimos también la gracia de la fraternidad: hermanos de Cristo y, en Cristo y con Cristo, hermanos unos de otros. No podemos ser hijos sin ser hermanos de los demás hijos de Dios y de comportarnos como tales con ellos. Nuestra vocación fundamental en esta tierra y dentro de la Iglesia es la de vivir, en los diversos estados en los que Dios nos llama, como hijos de Dios. Sabemos que somos hijos de Dios si nos  comportamos como hermanos unos de otros, nos servimos, nos ayudamos, nos perdonamos, promovemos la fraternidad en todos los ambientes, realidades y culturas donde nos toque vivir, compartiendo dentro de la Iglesia y con todos los demás seres humanos, los dones, talentos, tiempo y bienes.
¿Cómo ha de comportarse un hijo de Dios con su padre? ¿Cómo ha de comportarse un hermano con sus demás hermanos en la fe, los creyentes, no creyentes, sin religión, sin Dios alguno? Jesús se lo va mostrando camino a Jerusalén. A nosotros nos lo va mostrando en la Iglesia en el camino de nuestras vidas, en la sociedad en que vivimos, en esta situación tensa, angustiosa, incierta en la que nos encontramos actualmente en Venezuela.
Para aprender a ser hijos y hermanos necesitamos fijarnos en el comportamiento de Jesús con su Padre, en su comportamiento con los seres humanos que fue encontrando en su camino. Necesitamos dejarnos llevar y guiar por el Espíritu Santo, el gran maestro de la filiación y de la fraternidad y del amor compartido.
Solo una detenida contemplación de Jesús, de sus actitudes, opciones, preferencias bajo el impulso y soplo del Espíritu, no solos ni aislados sino en comunidad eclesial, nos hará descubrir cuál será nuestra manera propia de ser hijos en el Hijo, hermanos en el hermano mayor, solidarios en el compartir los bienes en el Espíritu Santo. Necesitamos escuchar la Palabra, meditarla, asimilarla y ponerla en práctica, como la Virgen María. Necesitamos compartir con los demás creyentes la eucaristía dominical. Necesitamos implorar en la oración constante e insistente el don del Espíritu. 
 Descubrir la filiación de Jesús, aprender de él a tratar con el Padre, a confiar totalmente en él le dará un sentido radicalmente distinto a nuestra vida, a nuestra manera de organizarla, de establecer un orden de prioridades a la hora de definir qué es lo importante y lo secundario; de pensar y utilizar el tiempo presente; de usar los bienes que adquirimos con nuestro trabajo; de situarnos ante el futuro, ante la muerte, ante la vida eterna que nuestro Jesús nos ofrece. Ser hijos del Padre, ser hermanos en Cristo, formar un solo cuerpo eclesial en el Espíritu es la plenitud de nuestra dignidad humana, la manera más cabal de realizar la imagen y semejanza con la que Dios nos plamó en la creación.
+Maracaibo 11 de agosto 2019
+Ubaldo R Santana Sequera fmi


domingo, 4 de agosto de 2019

DOMINGO XVIII ORDINARIO C - LA VIDA NO DEPENDE DE LOS BIENES - HOMILÍA


DOMINGO XVIII ORDINARIO C
LA VIDA NO DEPENDE DE LOS BIENES
HOMILÍA

Muy querido hermanos,
Un hombre rico e inconsciente es el protagonista de la parábola de este domingo. Se trata de un granjero que logra una gran cosecha. Tan grande que debe ampliar sus graneros para almacenarla. Con tanta riqueza se siente ahora satisfecho, seguro. Y piensa: Ahora que tengo toda esta fortuna acumulada me voy a dedicar a descansar, banquetear, fiestear y rumbear. Pero esa misma noche inesperadamente Dios lo llama a su presencia y todo lo que ha amontonado codiciosamente le servirá de nada.
En su necedad e inconsciencia no había caído en la cuenta de la caducidad de la existencia y de que la vida no puede girar en tornar a los bienes perecederos sino en torno a Dios y en torno al prójimo, particularmente de los más necesitados.  Es vana ilusión, como enseña hoy el Qohelet, poner a girar nuestra vida en torno a la comida, al vestido, a la salud, a la bebida. El verdadero bien no está en los bienes de esta tierra, ni en la acumulación que hagamos de ellos, sino en la persona misma. En el pasaje anterior al texto de hoy ya Jesús había comentado que el verdadero valor no está en las cosas sino en la persona creada a imagen y semejanza de Dios.
Por consiguiente, la verdadera sabiduría nos la comunica Jesús. Si nos volvemos sus discípulos y nos inscribimos en su escuela aprenderemos la verdadera sabiduría de la vida: es decir a descubrir valor relativo de las cosas creadas y el uso que debemos de hacer de ellas sin que sean ellas las que nos posean y nos usen. En la segunda lectura S. Pablo deja en claro que los bienes verdaderos y definitivos son los de arriba. En ellos hemos de poner todo nuestro corazón.
¿Hemos de despreciar entonces los bienes de la tierra? ¿Son malas las riquezas? Jesús, siguiendo el patrimonio sapiencial del AT, no condena la riqueza en sí. Condena la codicia, la avaricia con que se maneja. Tampoco condena los bienes de la creación sino el uso egoísta que hagamos de ellos. Los bienes de la creación han sido puestos a la disposición de la humanidad para que todos puedan vivir dignamente, no para que se lo apropien y lo disfruten unos pocos privilegiados, mientras multitudes mueren de hambre. Desviados de su finalidad propia, se vuelven males portadores de iniquidades e inequidades.
La gran necedad equivocación de este rico granjero es la de creer que no solamente es dueño absoluto y supremo de los bienes acumulados, sino que también es dueño de su propia vida y la puede manejar como un bien propio del cual puede disponer a su real saber y entender, olvidándose totalmente que de Dios viene y es Dios su creador quien decide cuando ha de volver.
“Descansa, come, bebe, banquetea”. Cuatro verbos que describen las metas que la civilización actual propone a través de la educación, de los medios de comunicación social, de la cultura global y de la educación familiar. Según este modelo cultural en boga, la vida estaría hecha para acumular suficientes bienes para dedicarse a descansar, a beber, comer, fiestear, rumbear y viajar.
Tiene un concepto sumamente pobre y egoísta de la existencia quien considera que los bienes están hechos para consumirlos él, solo él y todo para él y no para compartirse. Tal modelo de vida, como enseña el Papa Francisco, solo es posible si se abandona como simpe material de desechable a los millones de pobres que vegetan en tantas partes del planeta. Las grandes naciones industriales ven con preocupación cómo este modelo de vida se les puede derrumbar por la avalancha migratoria proveniente de los pueblos pobres de África, América y Asia. Por eso proliferan los gobiernos nacionalistas cierra-fronteras, anti-migración, xenófobos y segregacionistas.
Los países industrializados del Norte se guían por un modelo extractivista y depredador. África y América les interesa solo por sus riquezas minerales, acuíferas y madereras; no por su población. Para las riquezas libre circulación. Para las personas puertos cerrados, muros, alambradas.  Ante el desafío del crecimiento poblacional de las naciones pobres ponen en marcha agresivas campañas de anticoncepción, de esterilización y de aborto. La lógica anti-humanitaria que los guía: es mejor eliminar el número de comensales que aprender a compartir. La otra lógica que trajo Cristo: tanto vales cuanto compartes tu existencia, tu tiempo, tus talentos y tu tesoro con tus hermanos los hombres. 
Lo que el rico de la parábola fue almacenando fue una enorme acumulación de egoísmo y de necedad.  El valor de la vida se mide por el valor que se le dé a la persona humana, a toda persona humana, a todas las personas humanas sin excepción. No estamos preparados para la paz mientras no seamos capaces de respetarnos, de convivir y de compartir el espacio y los bienes, así como Dios comparte con todos, el aire, el sol, el viento, los ríos, los lagos y los mares.
Los discípulos de Jesús estamos llamados a adoptar el estilo de vida del maestro, que no tenía dónde reposar la cabeza, que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. Un estilo de vida que se ha de manifestar no solo en la vida personal, sino también en el modo de formar familias abiertas y generosas, de organizar la vida social, cultural y política de nuestros países.

Este modo de pensar y organizar la existencia de los seres humanos en este mundo inspirado en Jesús está recogido en la Doctrina Social de la Iglesia. Eso no significa que tengamos que organizarnos en ghettos o en burbujas de felicidad. Al contrario, tenemos el gran resto de continuar con nuestras existencias la encarnación de nuestro Señor en estas realidades. Trigo y cizaña caminaran juntos hasta el final. Nos toca trabajar duro no para acumular nuestros trigos en graneros seguros sino echarlo en los terrenos de este mundo confiado en que la gracia y la fecundidad del Espíritu Santo los hará fructificar.

Caracas 4 de agosto de 2019

+ Ubaldo R Santana Sequera FMI




jueves, 3 de enero de 2019

HOMILIA NOCHE BUENA 2018 LUNES 24 /12/18 - JE Hernández B. pChulique

HOMILIA NOCHE BUENA 2018
LUNES  24 /12/18

Nos hacemos en esta Noche Buena una pregunta

¿Podemos desearnos EN LA Venezuela de hoy  una FELIZ NAVIDAD?

A esta pregunta respondemos

ESTA NOCHE “SIEMPRE ES BUENA” PARA NOSOTROS LOS CRISTIANOS. PORQUE

Celebramos queridos hermanos que la Palabra que estaba siempre con el Padre y el Espíritu,? esa Palabra que se dejó escuchar en el rumor desde el Antiguo Testamento se hizo carne y habitó entre nosotros.

ESA PALABRA HECHA CARNE ESTA PRESENTE  EN EL HUMILDE PESEBRE DE BELEN Y TAMBIEN EN NUESTROS PESEBRES.

Inaudita sabiduria del Padre, amor insondable del Hijo, irrupcion del amor del Santo Espiritu que actuó en el seno virginal de María y que se manifestará plenamente más tarde cuando nace la Iglesia de Cristo muerto y resucitado .

ADOREMOS HERMANOS CON SU MADRE MARÍA Y SAN JOSE A ESTE NIÑO “RECOSTADO EN EL PESEBRE Y ENVUELTO EN PAÑALES”.

POR ESO
En esta Noche Buena de este diciembre de 2018 podemos desearnos queridos hermanos una Feliz Navidad.

Y ya no nos referimos a los zulianos solamente. Desde cualquier aldea, desde cualquier ciudad o  pueblo todos somos Venezolanos. Seguimos siendo andinos, llaneros, orientales, del centro, del sur, zulianos, pero

ANTE TODO, SOMOS VENEZOLANOS. UNA FELIZ NAVIDAD PARA TODOS LOS VENEZOLANOS.

Le damos  gracias a Jesús, el Señor de Belén junto con ustedes por celebrar esta Navidad 2018 .

Le damos gracias al Señor por todas las Navidades vividas en esta nuestra querida tierra zuliana al calor de la familia, de los vecinos, de los amigos, de los feligreses. 

El recuerdo lleno de honda gratitud y cariño a los que se han ido a la Casa del Padre, nuestras oraciones por ellos, ellos nos esperan en la eterna Navidad.

El saludo de cariño y los mejores augurios a los que se
han ido a otros lugares del mundo. Los llevamos en el corazón, no los olvidamos. Unámonos todos en una plegaria al Niño Jesús de unos por otros.

Somos venezolanos debemos estar unidos buscando restaurar la Patria que nos entregaron nuestros padres , nuestros abuelos, nuestros antepasados. Venezuela los estará esperando como siempre con los brazos abiertos como lo hizo con muchos que vinieron de otros países y se quedaron con nosotros, ustedes que han nacido en esta tierra bendita o la han tomado como segunda Patria.

A los que estamos aquí en el país  y a los que viven en otras latitudes, oremos todos hermanos por Venezuela delante del Niño Jesús, fortalezcamos los lazos de fraternidad, de amistad. Cuidemos nuestros hogares, nuestras familias, preparémonos para una nueva Venezuela .

LE DECIMOS A LA VIRGEN MARÍA Y A SAN JOSÉ, QUE NOS DEJEN A ESE  NIÑO PORQUE NOS HACE FALTA.

ORACION AL NIÑO JESUS. NOCHE BUENA 2018

QUÉDATE NIÑO JESÚS con todos los venezolanos  en esta Noche Buena de 2018. Aquí te necesitamos, queremos que nazcas en cada uno de nuestros hogares, en los hogares de todos los venezolanos, de los que vivimos aquí y de los que andan por el mundo, para que vuelva la esperanza .

Te decimos desde lo más hondo de nuestro ser: Niño Jesús estamos contentos porque has nacido y estás entre nosotros. Quédate con nosotros Jesus, Señor de Belén.
Quédate con los venezolanos que vivimos en esta bendita tierra y los que viven dispersos por muchas naciones.
Que todos te abramos las puertas de nuestras casas y de nuestros corazones, como siempre ha sido a lo largo de tantos años.

Escucha nuestros ”lamentos, nuestros silencios”, haz que “nuestros sueños se hagan realidad” a lo largo del próximo año 2019. Líbranos de la “indiferencia, de la superficialidad , del desánimo”.

Niño Jesus, ayúdanos a levantar nuestras miradas al “amor,  la belleza, la verdad, la justicia.” (carta de los Padres Sinodales a los jóvenes, Oct 2018).

Fíjate en los que están “heridos por la vida” de cada día en  nuestro país. Seca tantas lágrimas de muchos de nuestro pueblo, de los presentes y de los muchos ausentes y da tu sonrisa y tu bendición al hogar de cada venezolano. Dále a nuestra amada Venezuela tu luz para que se abra al futuro que Tú le tienes preparado. Bendícenos Niño Jesús.

Quédate Niño de Belén con tu Madre Santa y San José en nuestros hogares y bendícelos.

Relanza los corazones de este pueblo que busca  caminos de hermandad, de dignidad humana, de paz duradera.

Te necesitamos Niño Jesús,
Te suplicamos que te quedes.
Deseamos que nos acompañes a lo largo del 2019.
Tenemos necesidad de Ti, único Salvador.
Queremos que Tú nos guíes.
Que brille tu estrella para todos los venezolanos dispersos por el mundo, dondequiera que se encuentren.

Feliz Navidad a todos.

Maracaibo,Venezuela 24/12/2018
JE Hernández B.
pChulique

Concordia en Venezuela y reconciliación en Nicaragua, desea el Papa en Navidad.

Concordia para Venezuela y reconciliación para la “querida Nicaragua” son los deseos del Papa, para los países latinoamericanos que aún están sumidos en profundas crisis políticas y sociales. Los pronunció en su tradicional bendición “Urbi et Orbi” (a la ciudad y al mundo). Asomado al balcón central de la Basílica de San Pedro, Francisco saludó la Navidad. Repasó los focos de tensión en los cinco continentes. Imploró la paz para Siria, Ucrania y Yemen. Y clamó por la fraternidad, pese a las diferencias.

“Que este tiempo de bendición le permita a Venezuela encontrar de nuevo la concordia y que todos los miembros de la sociedad trabajen fraternalmente por el desarrollo del país, ayudando a los sectores más débiles de la población”, afirmó el pontífice, hablando en italiano.

Más adelante añadió: “Que delante del niño Jesús, los habitantes de la querida Nicaragua se redescubran hermanos, para que no prevalezcan las divisiones y las discordias, sino que todos se esfuercen por favorecer la reconciliación y por construir juntos el futuro del país”.

El Papa decidió incluir estos únicos dos focos inestables latinoamericanos en un mensaje centrado en la fraternidad. Como es tradición, exactamente al mediodía de este 25 de diciembre y ante una Plaza de San Pedro llena, el pontífice dio su saludo navideño. Recordó el camino de los pastores, los primeros en llegar a la gruta de Belén. “¿Qué nos dice este Niño, que nos ha nacido de la Virgen María? ¿Cuál es el mensaje universal de la Navidad?”, cuestionó. Aseguró que el mensaje es que Dios es un “padre bueno” y nosotros somos todos hermanos.

Es la “fraternidad cristiana”, continuó. Sin ella, los esfuerzos por un mundo más justo no llegarían muy lejos e, incluso, los mejores proyectos corren el riesgo de convertirse en estructuras sin espíritu, siguió. Por eso, confesó que su deseo de Navidad es un deseo de fraternidad.

Solicitó fraternidad entre personas de toda nación y cultura. Fraternidad entre personas con ideas diferentes, pero capaces de respetarse y de escuchar al otro. Fraternidad entre personas de diversas religiones. Jesús ha venido a revelar el rostro de Dios a todos aquellos que lo buscan.

Recordó que Dios quiso hacerse humano, no apareció como un ángel, sino que nació en un tiempo y en un lugar concretos, como hombre. Lo hizo para mostrar que la salvación pasa por el amor, la acogida y el respeto, porque todos son hermanos en la humanidad.

“Nuestras diferencias no son un daño o un peligro, son una riqueza. Como para un artista que quiere hacer un mosaico: es mejor tener a disposición teselas de muchos colores, antes que de pocos. La experiencia de la familia nos lo enseña: siendo hermanos y hermanas, somos distintos unos de otros, y no siempre estamos de acuerdo, pero hay un vínculo indisoluble que nos une, y el amor de los padres nos ayuda a querernos. Lo mismo vale para la familia humana, pero aquí Dios es el ‘padre’, el fundamento y la fuerza de nuestra fraternidad”, apuntó.

Entonces, al pedir que durante la Navidad todos redescubran los nexos de fraternidad que unen a los seres humanos y a los pueblos, pasó revista a los focos de tensión alrededor del mundo, comenzando por la situación en Medio Oriente. Deseó que los israelíes y palestinos retomen el diálogo y emprendan un camino de paz que ponga fin a un conflicto que -desde hace más de setenta años- “lacera la tierra elegida por el señor para mostrar su rostro de amor”.

Clamó porque el niño Jesús permita “a la amada y martirizada” Siria que vuelva a encontrar la fraternidad después de largos años de guerra y que la Comunidad internacional se esfuerce firmemente por hallar una solución política que deje de lado las divisiones y los intereses creados para que el pueblo sirio, especialmente quienes tuvieron que dejar las propias tierras y buscar refugio en otro lugar, pueda volver a vivir en paz en su patria.

Dedicó un pensamiento especial a Yemen, con la esperanza de que la tregua alcanzada por mediación de la comunidad internacional pueda aliviar finalmente a tantos niños y a las poblaciones, exhaustos por la guerra y el hambre.

“Pienso también en África, donde millones de personas están refugiadas o desplazadas y necesitan asistencia humanitaria y seguridad alimentaria. Que el divino niño, rey de la paz, acalle las armas y haga surgir un nuevo amanecer de fraternidad en todo el continente, y bendiga los esfuerzos de quienes se comprometen por promover caminos de reconciliación a nivel político y social”, abundó.

Más adelante auguró que la Navidad fortalezca los vínculos fraternos que unen la Península coreana y permita que se continúe el camino de acercamiento puesto en marcha, para que se alcancen soluciones compartidas que aseguren a todos el desarrollo y el bienestar.

Imploró consuelo para Ucrania, “ansiosa por reconquistar una paz duradera que tarda en llegar”. Precisó que solo con la paz, respetuosa de los derechos de toda nación, el país puede recuperarse de los sufrimientos padecidos y reestablecer condiciones dignas para los propios ciudadanos. Aseguró que se siente cercano a las comunidades cristianas de esa región, y pidió que se puedan tejer relaciones de fraternidad y amistad.

También recordó a los pueblos que sufren “colonizaciones ideológicas, culturales y económicas” viendo lacerada su libertad y su identidad, y que sufren por el hambre y la falta de servicios educativos y sanitarios.

Se dirigió, además, de manera especial, a quienes celebran la Natividad en contextos difíciles, y hostiles, allí donde las comunidades cristianas son una minoría, a menudo vulnerable o no considerada. Deseó que ellos y a todas las comunidades minoritarias puedan vivir en paz y que vean reconocidos sus propios derechos, sobre todo a la libertad religiosa.

“Que el niño pequeño y con frío que contemplamos hoy en el pesebre proteja a todos los niños de la tierra y a toda persona frágil, indefensa y descartada. Que todos podamos recibir paz y consuelo por el nacimiento del salvador y, sintiéndonos amados por el único padre celestial, reencontrarnos y vivir como hermanos”, sentenció.

Fuente: www.lastampa.it

miércoles, 26 de diciembre de 2018

MENSAJE URBI ET ORBI DEL SANTO PADRE FRANCISCO NAVIDAD 2018

MENSAJE URBI ET ORBI
DEL SANTO PADRE FRANCISCO
NAVIDAD 2018
25 de diciembre de 2018.

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz Navidad!

A vosotros, fieles de Roma, a vosotros, peregrinos, y a todos los que estáis conectados desde todas las partes del mundo, renuevo el gozoso anuncio de Belén: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad» (Lc 2,14).

Como los pastores, que fueron los primeros en llegar a la gruta, contemplamos asombrados la señal que Dios nos ha dado: «Un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12). En silencio, nos arrodillamos y adoramos.

¿Y qué nos dice este Niño, que nos ha nacido de la Virgen María? ¿Cuál es el mensaje universal de la Navidad? Nos dice que Dios es Padre bueno y nosotros somos todos hermanos.

Esta verdad está en la base de la visión cristiana de la humanidad. Sin la fraternidad que Jesucristo nos ha dado, nuestros esfuerzos por un mundo más justo no llegarían muy lejos, e incluso los mejores proyectos corren el riesgo de convertirse en estructuras sin espíritu.

Por eso, mi deseo de feliz Navidad es un deseo de fraternidad.

Fraternidad entre personas de toda nación y cultura.

Fraternidad entre personas con ideas diferentes, pero capaces de respetarse y de escuchar al otro.

Fraternidad entre personas de diversas religiones. Jesús ha venido a revelar el rostro de Dios a todos aquellos que lo buscan.

Y el rostro de Dios se ha manifestado en un rostro humano concreto. No apareció como un ángel, sino como un hombre, nacido en un tiempo y un lugar. Así, con su encarnación, el Hijo de Dios nos indica que la salvación pasa a través del amor, la acogida y el respeto de nuestra pobre humanidad, que todos compartimos en una gran variedad de etnias, de lenguas, de culturas…, pero todos hermanos en humanidad.

Entonces, nuestras diferencias no son un daño o un peligro, son una riqueza. Como para un artista que quiere hacer un mosaico: es mejor tener a disposición teselas de muchos colores, antes que de pocos.

La experiencia de la familia nos lo enseña: siendo hermanos y hermanas, somos distintos unos de otros, y no siempre estamos de acuerdo, pero hay un vínculo indisoluble que nos une, y el amor de los padres nos ayuda a querernos. Lo mismo vale para la familia humana, pero aquí Dios es el “padre”, el fundamento y la fuerza de nuestra fraternidad.

Que en esta Navidad redescubramos los nexos de fraternidad que nos unen como seres humanos y vinculan a todos los pueblos. Que haga posible que israelíes y palestinos retomen el diálogo y emprendan un camino de paz que ponga fin a un conflicto que ―desde hace más de setenta años― lacera la Tierra elegida por el Señor para mostrar su rostro de amor.

Que el Niño Jesús permita a la amada y martirizada Siria que vuelva a encontrar la fraternidad después de largos años de guerra. Que la Comunidad internacional se esfuerce firmemente por hallar una solución política que deje de lado las divisiones y los intereses creados para que el pueblo sirio, especialmente quienes tuvieron que dejar las propias tierras y buscar refugio en otro lugar, pueda volver a vivir en paz en su patria.

Pienso en Yemen, con la esperanza de que la tregua alcanzada por mediación de la Comunidad internacional pueda aliviar finalmente a tantos niños y a las poblaciones, exhaustos por la guerra y el hambre.

Pienso también en África, donde millones de personas están refugiadas o desplazadas y necesitan asistencia humanitaria y seguridad alimentaria. Que el divino Niño, Rey de la paz, acalle las armas y haga surgir un nuevo amanecer de fraternidad en todo el continente, y bendiga los esfuerzos de quienes se comprometen por promover caminos de reconciliación a nivel político y social.

Que la Navidad fortalezca los vínculos fraternos que unen la Península coreana y permita que se continúe el camino de acercamiento puesto en marcha, y que se alcancen soluciones compartidas que aseguren a todos el desarrollo y el bienestar.

Que este tiempo de bendición le permita a Venezuela encontrar de nuevo la concordia y que todos los miembros de la sociedad trabajen fraternalmente por el desarrollo del país, ayudando a los sectores más débiles de la población.

Que el Señor que nace dé consuelo a la amada Ucrania, ansiosa por reconquistar una paz duradera que tarda en llegar. Solo con la paz, respetuosa de los derechos de toda nación, el país puede recuperarse de los sufrimientos padecidos y reestablecer condiciones dignas para los propios ciudadanos. Me siento cercano a las comunidades cristianas de esa región, y pido que se puedan tejer relaciones de fraternidad y amistad.

Que delante del Niño Jesús, los habitantes de la querida Nicaragua se redescubran hermanos, para que no prevalezcan las divisiones y las discordias, sino que todos se esfuercen por favorecer la reconciliación y por construir juntos el futuro del país.

Deseo recordar a los pueblos que sufren las colonizaciones ideológicas, culturales y económicas viendo lacerada su libertad y su identidad, y que sufren por el hambre y la falta de servicios educativos y sanitarios.

Dirijo un recuerdo particular a nuestros hermanos y hermanas que celebran la Natividad del Señor en contextos difíciles, por no decir hostiles, especialmente allí donde la comunidad cristiana es una minoría, a menudo vulnerable o no considerada. Que el Señor les conceda ―a ellos y a todas las comunidades minoritarias― vivir en paz y que vean reconocidos sus propios derechos, sobre todo a la libertad religiosa.

Que el Niño pequeño y con frío que contemplamos hoy en el pesebre proteja a todos los niños de la tierra y a toda persona frágil, indefensa y descartada. Que todos podamos recibir paz y consuelo por el nacimiento del Salvador y, sintiéndonos amados por el único Padre celestial, reencontrarnos y vivir como hermanos.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Discurso de Navidad de Francisco a la Curia 2018

Discurso de Navidad de Francisco a la Curia 2018
«La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz» (Rm 13,12).

Inundados por el gozo y la esperanza que brillan en la faz del Niño divino, nos reunimos nuevamente este año para expresarnos las felicitaciones navideñas, con el corazón puesto en las dificultades y alegrías del mundo y de la Iglesia.

Os deseo sinceramente una santa Navidad a vosotros, a vuestros colaboradores, a todas las personas que prestan servicio en la Curia, a los Representantes pontificios y a los colaboradores de las nunciaturas. Y deseo agradeceros vuestra dedicación diaria al servicio de la Santa Sede, de la Iglesia y del Sucesor de Pedro. Muchas gracias.

Permitidme también darle una cálida bienvenida al nuevo Sustituto de la Secretaría de Estado, Mons. Edgar Peña Parra, que el pasado 15 de octubre comenzó su delicado e importante servicio. Su origen venezolano refleja la catolicidad de la Iglesia y la necesidad de abrir cada vez más el horizonte hasta abarcar los confines de la tierra. Bienvenido, Excelencia, y buen trabajo.

La Navidad es la fiesta que nos llena de alegría y nos da la seguridad de que ningún pecado es más grande que la misericordia de Dios y que ningún acto humano puede impedir que el amanecer de la luz divina nazca y renazca en el corazón de los hombres. Es la fiesta que nos invita a renovar el compromiso evangélico de anunciar a Cristo, Salvador del mundo y luz del universo. Porque si «Cristo, “santo, inocente, inmaculado” (Hb 7,26), no conoció el pecado (cf. 2 Co 5,21), sino que vino únicamente a expiar los pecados del pueblo (cf. Hb 2,17), la Iglesia encierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificación, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación. La Iglesia “va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios”, anunciando la cruz del Señor hasta que venga (cf. 1 Co 11,26). Está fortalecida, con la virtud del Señor resucitado, para triunfar con paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades, tanto internas como externas, y revelar al mundo fielmente su misterio, aunque sea entre penumbras, hasta que se manifieste en todo el esplendor al final de los tiempos» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 8).

Apoyándonos en la firme convicción de que la luz es siempre más fuerte que la oscuridad, me gustaría reflexionar con vosotros sobre la luz que une la Navidad (primera venida en humildad) a la Parusía (segunda venida en esplendor) y nos confirma en la esperanza que nunca defrauda. Esa esperanza de la que depende la vida de cada uno de nosotros y toda la historia de la Iglesia y del mundo.

Jesús, en realidad, nace en una situación sociopolítica y religiosa llena de tensión, agitación y oscuridad. Su nacimiento, por una parte esperado y por otra rechazado, resume la lógica divina que no se detiene ante el mal, sino que lo transforma radical y gradualmente en bien, y también la lógica maligna que transforma incluso el bien en mal para postrar a la humanidad en la desesperación y en la oscuridad: «La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió» (Jn 1,5).

Sin embargo, la Navidad nos recuerda cada año que la salvación de Dios, dada gratuitamente a toda la humanidad, a la Iglesia y en particular a nosotros, personas consagradas, no actúa sin nuestra voluntad, sin nuestra cooperación, sin nuestra libertad, sin nuestro esfuerzo diario. La salvación es un don que hay que acoger, custodiar y hacer fructificar (cf. Mt 25,14-30). Por lo tanto, para el cristiano en general, y en particular para nosotros, el ser ungidos, consagrados por el Señor no significa comportarnos como un grupo de personas privilegiadas que creen que tienen a Dios en el bolsillo, sino como personas que saben que son amadas por el Señor a pesar de ser pecadores e indignos. En efecto, los consagrados no son más que servidores en la viña del Señor que deben dar, a su debido tiempo, la cosecha y lo obtenido al Dueño de la viña (cf. Mt 20,1-16).

La Biblia y la historia de la Iglesia nos enseñan que muchas veces, incluso los elegidos, andando en el camino, empiezan a pensar, a creerse y a comportarse como dueños de la salvación y no como beneficiarios, como controladores de los misterios de Dios y no como humildes distribuidores, como aduaneros de Dios y no como servidores del rebaño que se les ha confiado.

Muchas veces ―por un celo excesivo y mal orientado― en lugar de seguir a Dios nos ponemos delante de él, como Pedro, que criticó al Maestro y mereció el reproche más severo que Cristo nunca dirigió a una persona: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» (Mc 8,33).

Queridos hermanos y hermanas:

Este año, en el mundo turbulento, la barca de la Iglesia ha vivido y vive momentos de dificultad, y ha sido embestida por tormentas y huracanes. Muchos se han dirigido al Maestro, que aparentemente duerme, para preguntarle: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (Mc 4,38); otros, aturdidos por las noticias comenzaron a perder la confianza en ella y a abandonarla; otros, por miedo, por intereses, por un fin ulterior, han tratado de golpear su cuerpo aumentando sus heridas; otros no ocultan su deleite al verla zarandeada; muchos otros, sin embargo, siguen aferrándose a ella con la certeza de que «el poder del infierno no la derrotará» (Mt 16,18).

Mientras tanto, la Esposa de Cristo continúa su peregrinación en medio de alegrías y aflicciones, en medio de éxitos y dificultades, externas e internas. Ciertamente, las dificultades internas siguen siendo siempre las más dolorosas y destructivas.

Las aflicciones

Son muchas las aflicciones: cuántos inmigrantes —obligados a abandonar sus países de origen y arriesgar sus vidas— hallan la muerte, o sobreviven pero se encuentran con las puertas cerradas y sus hermanos de humanidad entregados a las conquistas políticas y de poder. Cuánto miedo y prejuicio. Cuántas personas y cuántos niños mueren cada día por la falta de agua, alimentos y medicinas. Cuánta pobreza y miseria. Cuánta violencia contra los débiles y contra las mujeres. Cuántos escenarios de guerras, declaradas y no declaradas. Cuánta sangre inocente se derrama cada día. Cuánta inhumanidad y brutalidad nos rodean por todas partes. Cuántas personas son sistemáticamente torturadas todavía hoy en las comisarías de policía, en las cárceles y en los campos de refugiados en diferentes lugares del mundo.