miércoles, 27 de abril de 2016

COMUNICADO DE LA PRESIDENCIA CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA ANTE LA GRAVISIMA SITUACION DEL PAIS



COMUNICADO DE LA PRESIDENCIA CONFERENCIA
 EPISCOPAL VENEZOLANA
 ANTE LA GRAVISIMA SITUACION DEL PAIS

1.    Mediante un discernimiento espiritual, a la luz de la Palabra de Dios, los Obispos de Venezuela hemos orado y reflexionado acerca de la situación actual de nuestro país. Hacemos nuestras las angustias de nuestro pueblo del cual somos servidores. Nunca antes habíamos sufrido los venezolanos la extrema carencia de bienes y productos básicos para la alimentación y la salud, junto con otros males como el recrudecimiento de la delincuencia asesina e inhumana, el racionamiento inestable de la luz y el agua y la profunda corrupción en todos los niveles del Gobierno y la sociedad. La ideologización y el pragmatismo manipulador agudizan esta situación. Fruto del mencionado discernimiento son las ideas que ahora presentamos a la consideración de todos los ciudadanos de Venezuela.

2.      En más de una ocasión, Jesús el Señor, manifestó su solidaridad con las personas sufrientes y que sentían alguna necesidad. Incluso llegó a sentir compasión ante aquella multitud que le había seguido para escuchar su mensaje. Fue cuando les pidió a sus discípulos que le dieran de comer a todos. El mismo Señor manifestó su solidaridad con ellos al multiplicar los panes y dar de comer a todos hasta la saciedad. Gesto de amor y de misericordia.(cf. Mt 14,14).  Este hecho relatado por los evangelistas nos ilumina a todos nosotros miembros de la Iglesia para poder atender a quienes en nuestro país están sufriendo por las graves carencias de alimentos y medicinas, la violencia y la inseguridad. En este Año jubilar de la Misericordia, los pastores de la Iglesia en Venezuela queremos manifestar nuestra cercanía y acompañamiento a todos, y  así motivar a los creyentes discípulos de Jesús a que reafirmen con gestos concretos la solidaridad entre todos como hermanos. A pesar de lo dramático de la situación, nuestro pueblo ha vivido con gran dignidad e incluso con respuestas alternativas de solidaridad. Estas nobles actitudes constituyen signos de esperanza. ¡El pueblo nos evangeliza!. ¡Sentimos “el gusto de ser pueblo”! (Cf Francisco, La alegría del Evangelio”).

3.      Queremos alertar al pueblo!  Que no se deje manipular por quienes le ofrezcan un cambio de situación por medio de la violencia social.  Pero tampoco por quienes le exhortan a la resignación ni por quienes le obligan con amenazas al silencio. ¡No nos dejemos vencer por las tentaciones!  No caigamos  en el miedo paralizante  y la desesperanza, como si nuestro presente no tuviera futuro. La violencia, la resignación y la desesperanza son graves peligros para la democracia. Nunca debemos ser ciudadanos pasivos y conformistas, sino sujetos conscientes de nuestra propia y calamitosa realidad; sujetos pacíficos, pero activos y, en consecuencia, actuar como protagonistas de las transformaciones de nuestra  historia y nuestra cultura.  ¡El Evangelio nos reclama eficacia!

Hacemos un llamado a todos los poderes públicos, en los diversos ámbitos de sus respectivas competencias, a que escuchen  con respeto la voz del pueblo, las diversas expresiones de sus múltiples necesidades y sus justos reclamos.

4.     También queremos hacer un llamado de atención a todos los que se aprovechan de la situación de escasez y carestía por la que atravesamos los venezolanos: a los que se dedican a especular con los precios, asaltando a los ciudadanos con la práctica del llamado “bachaqueo”,  como a quienes, abusando de su autoridad, exigen pagos que no les corresponden. Tal proceder es moralmente inaceptable y hace evidente la falta de valores éticos en sus vidas. Aprovecharse de la necesidad ajena para lucrarse es un crimen y un pecado mortal a los ojos de Dios, del cual tendrán que dar cuenta en algún momento.

5.     Tanto los líderes del oficialismo como los de la oposición deben expresar su seria preocupación por todo el pueblo, sin dejarse llevar por intereses partidistas y particulares.  Es hora de demostrar que se está en una actitud de defensa del bien común y de los verdaderos intereses de cada uno de los ciudadanos de Venezuela.

6.      El momento actual conlleva algunas exigencias que hemos de asumir todos a favor del bien común. Los dirigentes políticos, sociales, empresariales, gremiales y religiosos  estamos llamados a dar testimonio tangible de responsabilidad y de  compromiso de amor a nuestra patria.

7.    El Gobierno debe favorecer todas las formas de ayuda a los ciudadanos. Es apremiante la autorización  a instituciones privadas del país, como Cáritas y otros programas de diferentes confesiones religiosas, que no nos metemos en la diatriba política, sino que servimos directamente a los más necesitados, para que podamos traer alimentos, medicinas y otros insumos necesarios, provenientes de ayudas nacionales e internacionales, y organizar redes de distribución a fin de satisfacer las urgentes necesidades de la gente.

8.    Es indispensable y justo preservar la sana convivencia. Las autoridades han de contribuir, con su discurso y sus acciones, a crear un clima de tranquilidad y paz social. Condenemos, como nos enseña Dios en el quinto mandamiento (Ex 20,13) toda forma de violencia, reñida siempre con el respeto a la vida.  Denunciemos y condenemos los horrorosos “linchamientos”, perpetrados en algunas ciudades, signo de la deshumanización en que han caído algunos ciudadanos. Todos los católicos tienen  la tarea de fortalecer la solidaridad entre los vecinos y en las comunidades. Este es su primer y principal apostolado. Quienes estén integrados en los Consejos Comunales, tienen un instrumento útil para este propósito. Escuchemos al Papa Francisco: “vivan los conflictos en modo evangélico, volviéndolos ocasión de crecimiento y reconciliación”.

9.    El respeto a la institucionalidad es un compromiso y una obligación moral irrenunciable. Los Poderes Públicos deben respetarse entre sí y articularse a favor de la nación. Lo contrario, el irrespeto y la permanente confrontación entre ellos, va en detrimento de la posibilidad real  de solucionar los problemas que nos afectan a todos. Concretamente, el Poder Ejecutivo y la Asamblea Nacional, a más de respetarse y actuar según su respectiva autonomía, reconociendo el papel que a cada uno le corresponde, están llamados a dar al pueblo ejemplo de “encuentro y diálogo” en favor de la convivencia nacional. En esta misma línea,  deben buscar, de manera conjunta, soluciones, que el pueblo reclama, a  problemas de vital importancia: la recuperación económica general del país, el desabastecimiento de alimentos y medicinas, la falta de electricidad y calidad de los servicios públicos, la violencia y la  inseguridad, la seguridad social de los adultos mayores, el problema de los llamados presos políticos. La Ley de amnistía es un clamor nacional e internacional y una contribución a la distensión social. Desconocer a la Asamblea Nacional es desconocer y pisotear la voluntad de la mayoría del pueblo.

10.              Todas las instancias de servicio de la Iglesia, diócesis, parroquias, institutos religiosos, asociaciones y grupos de apostolado, institutos educativos católicos, centros de reflexión, deben iluminar,  con la Palabra de Dios y la Doctrina Social de la Iglesia, la situación concreta de cada región. Desde esta perspectiva, es imperativo seguir ofreciendo la acción decidida de la Caritas Nacional, diocesana y parroquial y  las diversas acciones de la Pastoral Social. Es necesario “primerear” la caridad. Esta ha sido la lección imperecedera de la historia de la Iglesia. Todas nuestras comunidades eclesiales deben abrir un  espacio,  de modo  que se conviertan en  “casas de encuentro y diálogo” para quienes sincera y desinteresadamente buscan construir la paz. Todo esto lo sustentamos en la Palabra de Dios, la eucaristía, la oración y la caridad evangélicas.

11.              En medio de las dificultades del presente y las sombras que oscurecen  el porvenir, estamos invitados a ver y sentir el “paso” del Señor en medio de nosotros. Descubrirlo nos ayudará a actuar como “Testigos” del Resucitado y edificar en Venezuela el Reino de Dios, de justicia, amor y paz, sabiendo que “si el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles” (Salmo 126) Para ello contamos con la intercesión de María de Coromoto, quien es Madre que nos acompaña y consuela y “estrella de la evangelización”.

Con nuestra afectuosa bendición episcopal.


Caracas, 27 de Abril de 2016

sábado, 16 de abril de 2016

XII ENCUENTRO DE LOS JÓVENES CON EL ARZOBISPO - EJA 2016



XII ENCUENTRO DE LOS JÓVENES CON EL ARZOBISPO
EJA 2016
MENSAJE DEL ARZOBISPO A LOS JOVENES


“La paz esté con ustedes”. Esta mañana, queridos jóvenes, les saludo con las mismas palabras que el Señor resucitado les dirigió a sus discípulos el mismo día de su Resurrección.   ¡La Paz esté con ustedes! Ese día también les quitó el miedo y les comunicó su alegría.
Por décimo segundo año consecutivo, acudo a esta cita con la juventud arquidiocesana, con la esperanza de que este nuevo encuentro, más que con el arzobispo, sea un encuentro con el mismo Señor Jesús. ¡Que se manifieste aquí el Señor Resucitado y sople fuerte sobre todos su Espíritu Santo! Que hoy él les muestre sus llagas gloriosas de crucificado, les quite el miedo,  los envuelva en su alegría y los haga testigos de su Misericordia.
Este año, la cita se produce en el marco del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Por este motivo se ha escogido el lema: Testigos de la Misericordia. ¿Qué es un testigo? Un testigo es aquel que ha visto, que ha oído, que ha presenciado un acontecimiento y está en condiciones de narrarlo tal como ocurrió (1 Jn 1,1-4).
¿Qué han visto ustedes de Cristo Jesús, qué han oído de él, que han presenciado de su vida, que los habilita para contárselo a otros jóvenes? Queridos jóvenes, ¡cuánto deseo que el mensaje, la persona, el estilo de vida, la forma de ser de Jesús, se incrusten tan profundamente en sus corazones que los transformen en formidables testigos de su Misericordia! Que a través del sacerdocio bautismal, todos ustedes se vuelvan puentes por donde circule la vida misericordiosa de Jesús.

No es fácil ser testigos calificados de la Misericordia divina porque vivimos en un mundo que prefiere escuchar la mentira y no la verdad. Vivimos en una civilización cruel que mata criaturas en el vientre de la madre, utiliza miles de embriones como material para hacer experimentos científicos. Un mundo que considera a los viejos, a los discapacitados, a los seres especiales como material desechable. Un mundo que ha perdido el rumbo porque no valora la dignidad de los seres humanos ni reconoce en cada uno de ellos la presencia de la imagen y semejanza de Dios.
Este mundo lo llevamos dentro  de nosotros mismos. Somos de alguna manera producto de esta civilización. Por eso nos cuesta deshacernos de sus falsos valores, de sus pautas engañosas y deshumanizadoras. Si no dejamos a Jesús trabajarnos a fondo dentro de nuestras familias, grupos, comunidades y parroquias nuestra conversión se puede quedar en la nata, en la superficie; carecer de raíz, de profundidad. ¡Cuidado! Que pueden estar privando a lo mejor en nosotros intereses egoístas que nos vuelven vulnerables, manipulables ante el acoso de las tentaciones.
Pero el Señor es un Buen Pastor, que no tira la toalla fácilmente con nosotros. Nos vuelve a llamar. Nos ofrece nuevas oportunidades para ser de los suyos, adherirnos más fuertemente a su persona,  ponernos a trabajar en su proyecto de amor, de misericordia y de perdón. ¡Qué maravilloso es poder llegar a decir juntos: Somos la juventud de Cristo! Cristo identifica  mi voz, Cristo me conoce a fondo. ¡Somos de Cristo! ¡Formamos parte de su Equipo!
Si, jóvenes, sean ustedes  de Cristo y sea Cristo  de ustedes! Restéense con él, a fondo, para siempre. ¡Que su vida, su tiempo, sus opciones, sus palabras, su celular, su tablet, sus redes, pertenezcan claramente a Jesús! El nos hizo el centro de su vida y de su misión en esta tierra. Déjense convocar por él para ser ustedes ovejas de su rebaño. Familiarícense con su voz, conózcanlo más a fondo. Síganlo. Caminen con él, déjense envolver por la fuerza de su amor. El les enseñará las claves para actuar en todo momento y en todo lugar como testigos de su misericordia.
No se dejen engañar por otras falsas voces que tratan de imitar la suya para engatusarlos. Para seguir a Jesús por el camino de la misericordia, necesitan prestarle atención a su Palabra, buscarlo en la Oración personal, comunitaria, escuchar atentamente y tenderles la mano a  las personas que se acercan a ustedes, en busca de ayuda, de amistad, de consuelo, de fortaleza. Tienen un tesoro que es Cristo. Comuníquenlo. No se lo guarden para ustedes. Como dice San Francisco de Asís: dando es que se recibe. San Juan Pablo II decía que la fe solo se fortalece entregándola a otros.
No le tengan miedo a sus propias debilidades. El Señor sabe  de qué barro han sido hechos. El conoce sus  virtudes, sus dones y talentos. Conoce sus alegrías y tristezas.  Así como son, los ama y los llama a colaborar con él y los envía a difundir  su mensaje de misericordia para colaborar junto a él en la promoción de una nueva cultura de la paz, del perdón y de la reconciliación.
Muchos se asustarán al verlos caminar con Jesús y les dirán que esa es una aventura loca. Apóyense unos a otros, en sus grupos y comunidades juveniles. No se suelten de sus asociaciones y de sus parroquias. Juntos podemos llegar a ser hombres y mujeres nuevos y construir un mundo más justo y mejor. Eso es posible porque caminamos detrás de un piloto seguro, que no suelta el timón y conserva la ruta en medio de las tempestades; de un baqueano poseedor del mejor GPS del mundo que nos lleva indefectiblemente a puerto seguro.  Alguien que nos brinda paz, confianza y seguridad.
Ustedes saben que hay por allí mucho muchacho y muchacha que rescatar  del licor, de la droga, del bachaqueo, del esoterismo, del sexo desenfrenado, de la delincuencia callejera. No son malos. Sus familias, su sociedad, sus malas juntas los dañaron. La solución no es lincharlos ni encerrarlos en cárceles donde se pudren y llenos de odio y resentimiento. La solución es, como enseñaba Don Bosco, prevenir y ayudar a los jóvenes con gran amor antes de que caigan en vicios y malandrajes.  
En este año de la misericordia, el papa Francisco nos dice que este mundo tiene solución si le aplicamos una buena dosis de Misericordina. En vez de sembrar marihuana, amapola y minas antipersonales, sembremos misericordia.  El terreno de Venezuela está minado de escasez alimentaria, de inseguridad impune, de odio fratricida. Reina la ley de la selva:  ¡sálvese quien pueda! Se está sembrando cizaña pura en el corazón de los venezolanos.  
El Buen Pastor necesita jóvenes que le ayuden a seguir su obra en el mundo. Pidámosle, en víspera del domingo de las vocaciones, que suscite en el nuestros corazones el deseo de darle a nuestras vidas un decisivo giro de servicio: en el sacerdocio  en la vida religiosa, misionera,  en la construcción de una familia cristiana, en la renovación de la función política. La mies es grande en esta arquidiócesis. Los fieles que componen nuestra Iglesia Marabina son muchos: alrededor de 3.000.000 de habitantes, y solo cuenta con 150 sacerdotes, entre religiosos y diocesanos, algunos ya enfermos y ancianos, 20 diáconos permanentes y alrededor de 100 religiosas dedicadas a la educación.
Necesitamos una legión de ministros extraordinarios de la comunión, delegados de la Palabra, catequistas de adultos, adolescentes y niños. Hago un llamado a los jóvenes, aquí presentes, para que dejen resonar fuertemente, hoy, en su corazón, el campanazo de la voz poderosa de Cristo Buen Pastor que los invita a seguirlo en una de estas vocaciones. Déjense interpelar por el Señor: Reflexionen seriamente y respóndanle con decisión.  El los está llamando y cuenta con ustedes para ser sacerdotes, diáconos, religiosas, misioneras, consagradas, familias cristianas, servidores del país en el mundo de la política, de la economía y de la cultura.
Jóvenes, Cristo los necesita. No se queden con los brazos cruzados. El Buen Pastor tiene necesidad de sus labios para seguir predicando el evangelio, de sus manos para seguir curando heridos, de su corazón para seguir amando, de toda sus personas para seguir salvando.  Tiene necesidad de ustedes para sembrar en  muchos jóvenes, estériles y vacíos, las semillas de la bondad, de la comprensión, de la ayuda mutua, de la amistad desinteresada y de la fraternidad.
Oigan al Papa Francisco: No queremos jóvenes debiluchos, jóvenes que están “ahí no más”, ni sí ni no, pegados eternamente a un celular, desconectados del mundo y de la realidad. No queremos jóvenes que se cansen rápido y que vivan cansados, con cara de aburridos. Queremos jóvenes fuertes, queremos jóvenes con esperanza y con fortaleza, ¿por qué? Porque conocen a Jesús, porque conocen a Dios, porque tienen un corazón libre”. (Palabras improvisadas en el encuentro con los jóvenes en la Costanera de Asunción, el 12 de julio).
Que María de Nazaret, la primera joven que se atrevió a decirle SI a Dios y se resteó con El a fondo hasta el final, sea  la inspiradora, la madre bendita que les comunique a todos su fuerza testimonial y su inagotable alegría en la entrega de cada día. Que ella haga resonar siempre en su corazón las palabras de su Hijo Jesús: No tengan miedo, Yo he vencido el Mal, el pecado y la muerte y estaré con ustedes todos los días  hasta el fin del mundo”. ¡En nombre de Jesús, lancen conmigo la red y la pesca será abundante!
Buen Pastor, enseña a los jóvenes aquí reunidos 
lo que significa «dar» su vida
 
mediante
 la vocación y la misión. 
Como enviaste a los Apóstoles
 a predicar el Evangelio 
hasta los confines de la tierra,
 
lanza ahora tu
 desafío a la juventud de esta Iglesia 
para que cumpla la gran misión de darte a conocer
 
a cuantos aún no han oído hablar de ti.
 

Da a estos jóvenes la valentía  y la generosidad
de los grandes misioneros del pasado, 
de suerte que, a través del testimonio de su fe
 y su solidaridad con todos sus hermanos y hermanas necesitados, 
el mundo descubra
 la verdad, la bondad 
y la belleza de la vida que sólo tú puedes dar.

Enseña a los jóvenes reunidos en este Palacio de  Eventos,
a llevar tu mensaje de vida y verdad,
 de amor y solidaridad, 
a  ciudades y campos, a  edificios y villas a  barrios y caseríos,
Y a sembrarlo en el centro de todos las realidades y problemas  
que afligen a la familia venezolana al inicio de este siglo XXI.

Buen Pastor, cuenta con nosotros para lanzar en tu nombre la red
en los mares donde nunca la hemos lanzado
y a salir a trabajar animosos en tu viña,
contando con tu amor y tu inmensa misericordia. Amén. 

(Adaptada de una oración de S. Juan Pablo II)
Maracaibo 16 de abril de 2016

+ Ubaldo R Santana Sequera FMI
Arzobispo de Maracaibo

domingo, 10 de abril de 2016

HOMILIA DE LA ORDENACIÓN DIACONAL DE EDUARDO DABOIN



HOMILIA DE LA ORDENACIÓN DIACONAL DE EDUARDO DABOIN
PARROQUIA LA INMACULADA CONCEPCIÓN, CARRASQUERO
(Hch 5, 27; Sal. 29; 1Apc. 5, 11-14; Jn 21, 19)
Muy apreciados sacerdotes concelebrantes, queridas religiosas, amados hijos e hijas en Cristo Jesús,
¡La Paz del Señor Resucitado de entre los muertos esté con ustedes!
El Señor Jesús, nos congrega, en esta hermosa Iglesia Parroquial, para celebrar dos grandes acontecimientos: la Apertura de la Visita Pastoral a esta parroquia de parte de Monseñor Ubaldo y un servidor, y la ordenación diaconal de un hijo de esta comunidad, Eduardo Daboin, quien está acompañado de su queridísima mamá Marisela, su papá Jorge y su hermano Jean Daniel, y de esta comunidad que lo vio crecer y madurar su vocación sacerdotal, pues ha sido “elegido de entre los hombres y puesto a favor de los hombres”, no es un extraterrestre, ni un ángel, tiene un historia personal, sentimientos y proyectos, y el Señor le ha dicho “ven y sígueme.
Querido Eduardo: me contaste que tu historia vocacional inició por una interpelación divina que recibiste al asistir  a una ordenación sacerdotal en el Centro Don Bosco, especialmente durante el canto de las letanías de los santos. Pero procurabas, por miedo, no hacerle caso al llamado de Dios. Tenías una gran concepción de lo que era un sacerdote, a veces, creías que estaban en comunicación directa con Dios y que subían al cielo para hablar directamente con él y, de vez en cuando, bajaban para transmitirnos enseñanzas espirituales. Tus abuelos te ayudaron mucho en el crecimiento de la fe. Los sacerdotes que trabajaron en esta parroquia te acompañaron a discernir y madurar el llamado; el padre Antonio Villasmil, el padre Lenín Naranjo, el padre Nedward Andrade y el padre Alexis León. No fue fácil dar el paso para entrar en el Seminario. El padre Nedward te dijo con firmeza: “Eduardo, estoy hablando frente a un futuro sacerdote”, y se ha cumplido esa profecía. Y entraste en el Seminario, teniendo como lema: “Señor concédeme la gracia de responderte como tú quieres que te responda”
Ahora vas a dar otro paso en este camino, pues quedarás configurado ontológicamente a Cristo servidor. Has elegido un bello lema: “Nadie tiene amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15, 13).  Y al preguntarte por qué elegiste ese lema, me respondiste: “He escogido este lema porque es una invitación constante para mí, en desgastarme totalmente por todos, dar la vida es donarse en totalidad por mis hermanos, seguir el ejemplo de Cristo que se entrega por los demás, pues deseo ardientemente que mi ministerio este siempre en vía a dar la vida por el otro. Sin ninguna distinción”. Eduardo, oraremos para que el Señor te de la fuerza necesaria para cumplir este propósito.
Agradezco a Eduardo la deferencia que ha tenido conmigo al pedirme que fuera yo, quien le impusiera las manos y recitara la oración consecratoria que lo configurará para siempre a Cristo, que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida por muchos. Es para mí un momento de alegría. Recién llegado a Maracaibo, el otrora rector del Seminario me dijo que me asignaría, para que me acompañara durante los primeros meses, a un seminarista que sobresalía por su capacidad de servicio, discreción, lealtad y amor a la Iglesia, y no se equivocó. Todas esas virtudes, y otras más, las he visto en ti, querido Eduardo; y, si lo menciono públicamente, por un lado, no es para que te enorgullezcas sino para que dirijas tu corazón y tu mente al Señor, dándole gracias, pues de él has recibido todo, como dice el Salmista “no a nosotros, Señor, no a nosotros sino a tu nombre la gloria”,  y por otro, para decirle a ustedes, comunidad cristiana, que ordenaremos a un diacono integro, que ha sido considerado idóneo como ha respondido el rector del seminario y que dará su vida en el ejercicio de su ministerio diaconal y, posteriormente, en el sacerdocio
¡Qué mejor manera de celebrar el Quincuagésimo aniversario de esta parroquia y de nuestra Arquidiócesis que con esta ordenación diaconal! Eres, querido Eduardo, el primer Carracarense, que entrará a formar parte, en un futuro próximo, al presbiterio marabino. “Demos gracias al Señor, porque eterna es su misericordia”. El Papa Juan Pablo II afirmaba que “una parroquia sin vocaciones sacerdotales y religiosas, es una parroquia estéril”. Esta parroquia ha comenzado a dar sus primeros frutos: tú eres el primero de muchos que vendrán detrás de ti.  Carlos Moisés, otro hijo de esta tierra, ya cursa el primer año de Teología. Recemos por él para que el Señor le conceda la perseverancia.
Durante esta cincuentena pascual estamos celebrando con alegría la Resurrección del Señor y proclamando, por consiguiente, que él vive y tiene poder, a pesar de que, desde el punto de vista humano, pareciera que el pecado, la escasez de alimentos, la indiferencia de quienes tienen el deber de tomar decisiones y la lucha entre hermanos, han llegado para no irse. El Papa Francisco, en su exhortación apostólica “La Alegría del Evangelio” afirma. “la resurrección de Cristo no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. Verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto…” (EG, 276). Ver como un hijo de esta tierra recibe la ordenación diaconal es celebrar la resurrección, pues, a través de Eduardo, el Señor actuará en las tres misiones que se le encomendará: la Predicación de la Palabra, el Servicio al Altar y el ejercicio de la caridad.
Las lecturas que han sido proclamadas ponen a nuestra consideración el tema de la virtud de la obediencia en nuestro apostolado, tema propicio para esta celebración. En la primera lectura, hemos escuchado que, ante la prohibición del sumo sacerdote, Pedro replica “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Dentro de algunos minutos, colocaré tus manos entre mis hermanos, y te preguntaré: Prometes obediencia a tu obispo y a sus sucesores. Y tú responderás: Prometo. La obediencia es la disponibilidad total y dichosa de cumplir la voluntad del Padre a través de las indicaciones de los legítimos superiores.  Cristo fue “obediente hasta la muerte y una muerte de cruz” (Flp 2,8) y “aprendió sufriendo a obedecer” (Hb. 5, 8). En el ejercicio de tu ministerio, actuarás “en la persona de Cristo”, y tendrás que pedir a los fieles que se te encomiendan la “obediencia”. Sólo si eres obediente, podrás exigir con caridad la obediencia a los fieles. “La obediencia cristiana (dice el Directorio), motivada y vivida rectamente sin servilismos, ayuda al presbítero a ejercer con transparencia evangélica la autoridad que le ha sido confiada: sin autoritarismo y sin decisiones demagógicas. Solo el que sabe obedecer en Cristo, sabe cómo pedir, según el Evangelio, la obediencia de los demás” (DMVP, 28).
Obediencia a Dios quien te habla desde lo más íntimo de tu conciencia. Obediencia a la Palabra y a la Tradición de la Iglesia. Obediencia a tu Obispo. A este respecto, San Ignacio de Antioquia dice “Es conveniente obedecer sin ningún género de fingimiento, porque no es  a éste o a aquel obispo que vemos a quien se trataría engañar, son que el engaño, iría dirigido contra el Obispo invisible; es decir, en este caso ya no es contra un hombre mortal, sino contra Dios, a quien aún lo escondido está patente”.
El Evangelio nos relata los frutos que se obtienen cuando somos obedientes al mandato de Señor. Jesús ordena: “Echen las redes a la derecha de la barca y encontrarán. La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces”. 
Recordemos que poco antes, Pedro y los apóstoles habían pasado toda la noche trabajando, pero no habían pescado nada. Algunos exegetas afirman que “por la noche” significa: por su cuenta, con sus propias fuerzas, habían trabajado inútilmente. Han perdido el tiempo. Por la mañana, con la luz, cuando Jesús está presente, cuando ilumina con su Palabra y su mandato, cuando orienta la faena, las redes llegan repletas a la orilla.
En cada día nuestro ocurre lo mismo. En ausencia de Cristo, el día es noche; el trabajo, estéril: una noche más, una noche vacía, un día más en la vida. Nuestros esfuerzos no bastan, necesitamos a Dios para que den fruto. Junto a Cristo, cuando le tenemos presente, los días se enriquecen.
Un santo escribía a su hijo espiritual “te empeñas en andar solo, haciendo tu propia voluntad, guiado exclusivamente por tu propio juicio…y ¡ya lo ves!, el fruto se llama infecundidad. Hijo, si no rindes tu juicio, si eres soberbio, si te dedicas a “tu apostolado”, trabajarás toda la noche. ¡toda tu vida será una noche!, y al final amanecerás con las redes vacías” (San Josemaría, Forja n. 574) Lamentablemente, quienes estamos aquí presente, hemos visto a sacerdotes que no quieren recorrer el camino establecido por el Señor para realizar un apostolado fecundo y conseguir la salvación, desconociendo lo que nos enseña la Iglesia “que Jesús en cumplimiento de la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el reino de los cielos, nos reveló su misterio y efectúo la redención con obediencia” (LG, 3).
La obediencia del servidor de Jesús debe ser pronta alegre; no puede tener límites., pues él nos enseñó a obedecer en lo fácil y en lo heroico, pues obedeció en cosas gravísimas y dificilísimas: hasta la muerte de Cruz. A veces nos cuesta obedecer, pues somos débiles y nos cuesta actuar en contra de nuestra voluntad para identificarnos con la voluntad de Dios, en esos momentos seguiremos el consejo que le dio el Señor a Santa Teresa de Jesús: “muchas veces –dice Santa Teresa- me parecía no sufrir conforme a mi bajo natural; me dijo el Señor: Hija la obediencia da fuerzas”. Es verdad, la obediencia da fuerza, al inicio nos cuesta obedecer, pero si nos empeñamos y ponemos lo mejor de nosotros mismos el Señor nos premia y podremos cumplir lo que él nos manda con su gracia. 
Suele suceder que en el ejercicio del ministerio podemos tener algunas inspiraciones que creemos vienen del Señor, y, en no pocas ocasiones, pueden no ser aceptadas ni comprendidas por la legítima autoridad. Los Santos, siempre han aconsejado que actuemos con prudencia y dentro de la obediencia cristiana, puesto que “todo es seguro dentro de la obediencia y todo se vuelve sospechoso fuera de ella. Cuando Dios concede sus inspiraciones a un alma, la primera es la de la obediencia…” (San Francisco de Sales). Además, la obediencia es el camino seguro para alcanzar la santidad, meta que obligatoriamente tenemos que alcanzar los cristianos.
La Beata Madre Teresa de Calcuta, cuya beatificación tendrá lugar el próximo mes de Septiembre, daba este consejo a sus hijas, consejo que puede servirnos: “La obediencia es Palabra de Dios. Hay que obedecer para ser santos. La santidad no está en un sentimiento, sino en la obediencia… Créanme, la obediencia es seguro signo de santidad. Pregúntense a Uds. mismas: ¿Soy santa? ¿Cómo sabré si soy santa? Fíjese cómo anda su obediencia… Si la obediencia no va bien en nuestra vida religiosa, no somos más que un número y ninguna de nosotras ha dejado casa, familia, etc., para ser un número. Obedezcan cordialmente con una obediencia de alma y espíritu. Obedezcan hasta en el más mínimo detalle. ¿En las cosas más pequeñas y más ridículas? También en esas. Yo puedo cometer un error al destinarlas aquí o allá, y después de seis meses a otro lugar. Pero ustedes jamás lo cometerán, obedeciendo”.
La obediencia de Pedro, su confianza en las palabras de Jesús   fue la última preparación de Pedro para recibir el llamamiento definitivo: “apacienta mis ovejas”. Parece como si el Señor hubiera dispuesto su llamada después de un acto de obediencia y de confianza plena. Ya no lo llamó a ser un apóstol, sino lo constituyó jefe del Colegio Apostólico, le dio las llaves del Reino de los cielos.
Querido Eduardo, la obediencia es camino seguro de santificación, de construcción de la unidad de la Iglesia, de un apostolado fecundo, y garantía de salvación eterna.
Apreciado Padre Alexis, queridos hermanas y hermanos, muchísimas gracias por la bienvenida que me han dispensado, por su alegría y por el esmero con que han preparado esta vista pastoral que hoy inauguramos.
Vengo en representación de monseñor Ubaldo Santana, arzobispo de esta Iglesia particular, para conocerlos, conocer sus zonas pastorales, sus proyectos, inquietudes, fracasos e ilusiones. Tendremos la oportunidad de predicar el mensaje de vida eterna, la Palabra de Dios, que es viva y eficaz; de administrar los sacramentos, los canales a través de los cuales llega a nosotros la gracia de Dios, especialmente la Eucaristía, la cual edifica la Iglesia, y la confesión, el perdón de nuestros pecados; y de regir, con firmeza y amor, el rebaño que nos ha sido encomendado. Véanme como el Padre que quiere estar con sus hijos.
Encomendamos esta visita pastoral y el ministerio diaconal de Eduardo  a la tierna protección de la Inmaculada Concepción, santa patrona de esta comunidad parroquial. Le pedimos que vuelva a nosotros esos sus ojos misericordiosos, que se muestre siempre como madre, llena de dulzura y piedad. Amén.

Monseñor Ángel Caraballo
Obispo Auxiliar de Maracaibo