domingo, 12 de marzo de 2017

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA 2017 HOMILIA CAMINAR JUNTOS CON CRISTO HACIA LA PASCUA

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA 2017
HOMILIA
CAMINAR JUNTOS CON CRISTO HACIA LA PASCUA
Muy queridos hermanos y hermanas,
Hoy iniciamos una nueva etapa del camino cuaresmal. Este domingo contrasta con el domingo anterior.  El Evangelio del domingo pasado nos mostró la humanidad de Jesús sofocando las tres tentaciones que el demonio le presentó para impedir que llevara a cabo la misión que el Padre le ha encomendado. Hoy, en cambio, nos muestra el esplendor refulgente de su divinidad y oímos una vez más la voz de su Padre, como en el bautismo en el Jordán (Cf Mt 3,17), reconociéndolo como su Hijo muy amado e invitando a los tres discípulos, testigos de su transfiguración, a escucharlo y a tomar en serio el camino que él ha escogido para llevar a cabo su misión mesiánica. Es un camino escabroso que pasa por la ignominia de la cruz, pero es el único que desemboca en la vida nueva de la Resurrección.
El evangelista Mateo reseña que allí, en lo alto de una montaña elevada, Jesús fue “transfigurado”. Entendemos por transfiguración la manifestación de su divinidad, de la cual, según un himno paulino, se había despojado para asumir la condición de una persona normal y corriente (Fil 2, 7-8). San Mateo la describe como un cambio que se produjo en el rostro y en los vestidos de Jesús. “Su rostro empezó a brillar como el sol y su ropa se hizo blanca como la luz”. El sol y la luz son elementos naturales de los que se valen los escritores bíblicos para describir de algún modo la presencia de lo divino en las realidades humanas, y por contraste asocian las tinieblas y a la oscuridad a la ausencia de Dios.
Mateo se vale de estos símbolos para describir, con una cita del AT, el momento en que Jesús sale de su casa familiar en Nazaret para iniciar su ministerio público y su predicación en Galilea: “El pueblo que habitaba en las tinieblas vio una gran luz y a los que habitaban en una región de sombras mortales una luz les iluminó” (Mt 4,16). Zacarías y su esposa Isabel se sienten envueltos en esa misma irradiación con  el don de un hijo en la vejez, Juan Bautista, y así lo cantan: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará un sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte y guiar nuestros pasos por los caminos de la paz” (Lc. 1, 78-79). El profeta Malaquías utiliza la misma terminología para describir el efecto que produce la irrupción de Dios en la vida de un ser humano que vive según los mandatos de Dios: “Pero a los que respetan mi nombre los alumbrará el sol de justicia que trae la salvación en sus rayos” (Mal 3,20; Cf Jue 5,31).
Jesús se transfigura en presencia de tres de sus discípulos, que tendrán más adelante un papel decisivo en el inicio de la difusión del Evangelio del Reino dentro y fuera de Palestina. Al transfigurarse ante ellos, los transforma en testigos de su verdadera identidad, de la naturaleza salvadora de su misión y del camino escogido para llevarla a cabo. El es Hijo de Dios hecho hombre que el Padre, en su infinito amor y misericordia, ha enviado al mundo para sacar a los hombres de las tinieblas de la muerte y del pecado y llevarlos a vivir en su verdadera condición de hijos de Dios, de hermanos unos de otros y de coherederos del Reino de libertad y de gracia, de amor, de  justicia y de paz.
Lo acontecido en lo alto de esta montaña, que la tradición identifica con el monte Tabor, quedará profundamente grabado en la mente y el corazón de Pedro. Años más tarde, en su segunda carta, dará testimonio de lo que allí ocurrió, que oyó la voz del Padre, desde la nube, pidiendo que siguiera a su Hijo. Allí aprendió que él y todos los discípulos del Señor debían de  guiarse en sus vidas por la Palabra divina “como lámpara que brilla en un lugar oscuro” (2 Pe 1, 16-21).  Cuando todo lo que allí vivió se confirmó en el Gólgota y en la mañana resplandeciente de la Resurrección, Pedro quedó con la firme convicción de que Dios lo llamaba a él, a sus compañeros y a todas las comunidades cristianas del futuro a esperar, según su promesa, “cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia” (2 Pe 3,13).
Desde hace ya once años este domingo de Cuaresma ha sido escogido para inaugurar la Semana de Doctrina Social de la Iglesia. La realización de esta importante iniciativa es el fruto de una acción mancomunada del Foro Eclesial de Laicos, fundado por el querido y recordado Dr. Jorge Porras, laico insigne y ejemplar,  la Universidad Católica Cecilio Acosta, a través  del Centro de Estudios de Doctrina Social de la Iglesia, y la parroquia Claret.
La Semana de Doctrina Social de la Iglesia en Maracaibo obedece a un imperativo del Magisterio pontificio, repercutido en Latinoamérica por todas las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y concretamente en nuestro país por el Concilio Plenario de Venezuela. Inspirados en los postulados del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, hemos querido darle concreción  a la directriz pastoral contenida en el No 163  del documento conciliar venezolano “La contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad”. Allí se  considera el estudio, el conocimiento y la aplicación de los grandes principios y criterios de la DSI como una de las grandes herramientas para contribuir en la construcción de una Venezuela más justa, fraterna y solidaria.
En este documento se detectan las graves deficiencias de nuestro actual sistema político: el resurgimiento del militarismo, el predominio del Estado, el centralismo, la creación de mecanismos de aparente participación que en realidad son excluyentes, el peligro del mesianismo político, el paternalismo, el uso clientelar de las políticas sociales, el debilitamiento de las organizaciones de base, comunitarias y vecinales, la corrupción administrativa generalizada. Todo incide en el gravísimo empobrecimiento del país (Ibídem NN. 4-46). Estos males, diagnosticados hace ya más de 15 años, lejos de disminuir, se han ido agravando desmesuradamente.  A todos ellos hay que sumar la hambruna, la carencia de insumos y medicamentos, la inseguridad y la anarquía, males que están causando un lento genocidio de la población venezolana, particularmente de los más pobres, y la fuga masiva al extranjero de gente joven y talentosa.
Hoy con gran dolor debemos hacer nuestras las palabras bíblicas: somos un pueblo que camina en las tinieblas y en sombras de muerte y aún no vemos asomarse ese sol que nace de lo alto y nos trae en sus rayos la justicia social, la convivencia y la paz. Cómo quisiéramos que se produjera un cambio rápido y profundo y en poco tiempo recuperáramos la patria que amamos y sus valores perdidos. Pero hemos de ser conscientes de que la solución completa no está a la vuelta de la esquina porque la gran mayoría de nuestros dirigentes políticos siguen pensando en forma excluyente,  carecen de valores éticos y morales sólidos y bien fundamentados,  son presa fácil de los grandes intereses económicos y políticos internacionales, están dominados por el ansia de poder,  no vacilan en enriquecerse a base de corrupción y rapiña y no están dispuestos a dar su vida por el bien y el progreso de su pueblo, particularmente de los más pobres y abandonados.
No debemos cansarnos de denunciar estas iniquidades. Pero eso no basta. Debemos sobre todo dedicar todas nuestras fuerzas a sembrar esperanza y a preparar mujeres y hombres honestos y competentes que amen con pasión a su pueblo y se entreguen con mística y tesón al noble ejercicio de la Política, como ciencia y arte de asegurar en justicia y equidad el bien común, partiendo de los pequeños y de los pobres.
Los pastores y agentes pastorales hemos cometido una grave omisión al no haber promovido e impulsado, como en otros tiempos, la formación de hombres y mujeres de fe para meterse de lleno y con tesón en el campo de la política, capacitados para influir significativamente en las decisiones que afectan a la nación en los campos cultural, social, político y económico. Tenemos que superar el rechazo y el miedo a trabajar en este campo y dejar de satanizar el desempeño del servicio público. Hemos dejado el nicho de la política vacío y lo han ocupado, con sus debidas y honrosas excepciones,  gente ignorante y corrupta, enferma de populismo perverso, que han pervertido el sentido de la verdadera democracia, han dividido a los venezolanos, han destruido nuestro sentido de convivencia y fraternidad y han clavado en el corazón de la patria el morbo del odio y del resentimiento.
Por eso es menester que los católicos del tiempo presente se formen debidamente para actuar en el campo socio-político: “Los obispos, sacerdotes y religiosos orientarán y apoyarán la formación socio-política de los venezolanos en la línea de la construcción de la paz y de la justicia. Insistirán en la participación política de los seglares (los laicos) como una opción de servicio y compromiso en la construcción de nuevos modelos de sociedad” (CIGNS 153). Lo que no sembremos hoy no lo cosecharemos mañana. Esta semana social dedicada al tema “La comunidad política y la Iglesia católica”, prestigiada por la presencia de pastores y especialistas de gran valía, quiere contribuir a la consecución de este propósito.  Ojalá en nuestras parroquias, grupos, movimientos y comunidades cristianas surjan iniciativas similares.
El misterio pascual que nos preparamos a celebrar en este tiempo de Cuaresma es para nosotros una poderosa fuente de esperanza. Las lecturas de hoy nos ha traído la gran figura de Abraham, que a pesar de su edad y de grandes dificultades, fue elegido para iniciar la formación del pueblo de Israel y cumplió a cabalidad su misión. Como San Pablo nosotros podemos decir también que gracias a la presencia de Dios en nuestras vidas “estamos acosados pero no angustiados, desorientados pero no desesperados, perseguidos pero no abandonados, derribados pero no aniquilados” (2 Co 4,8).
Desde el Tabor que es esta eucaristía, sabemos que Dios que resucitó al Señor Jesús, también nos resucitará con Jesús, que “todo contribuye al bien de los que amamos a Dios” y que “en todo saldremos más que vencedores gracias a Dios que nos ha amado en Cristo”. Que ni muerte ni vida, ni ángeles ni principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes ni las alturas, ni las profundidades, ni cualquiera otra creatura podrá robar nuestra esperanza ni separarnos del amor de Dios manifestado en  Cristo Jesús, nuestro Señor (Cf Rom 8,28.37-39).
Hermanos y hermanas, fortalezcamos nuestra fe, guiémonos por la Palabra de Dios “como lámpara que ilumina nuestra oscuridad”, alimentémonos con el pan de vida, caminemos firmes con nuestra Madre María de Chiquinquirá llenos de esperanza de que saldremos de las tinieblas y sombras de muerte y aparecerá en el horizonte de nuestro país el cielo nuevo y la tierra nueva en la que habite la justicia, el sol radiante que nos traerá en sus rayos el ansiado don de la paz. Amén.
Maracaibo 12 de marzo de 2017

+Ubaldo R Santana Sequera FMI

Arzobispo de Maracaibo

miércoles, 1 de marzo de 2017

MENSAJE CUARESMA 2017 - “HAY MAYOR ALEGRÍA EN DAR QUE EN RECIBIR”

MENSAJE CUARESMA 2017
“HAY MAYOR ALEGRÍA EN DAR QUE EN RECIBIR”
(Hech 20,35)


¡Muy amado Pueblo de Dios y personas de Buena Voluntad!
1 La Celebración Anual de Cuaresma, nos brinda la oportunidad de entrar en contacto nuevamente con ustedes para invitarles a vivir santamente este tiempo  y a cumplir la exhortación del apóstol de no echar en saco roto la gracia que Dios nos da en tiempo oportuno (2Cor. 6, 1-2).
2. En su mensaje cuaresmal de este año el papa Francisco nos dice claramente en qué consiste este importante período: “La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor”. (Mensaje de Cuaresma, 2017)
3. Para llegar a este destino glorioso es necesario que cada uno de nosotros, con seriedad y decisión, nos comprometamos a cumplir, entre otras acciones, las tres obras recomendadas por Jesús y practicadas en la gran tradición de la Iglesia: la oración, el ayuno y la limosna. A través de la oración, el hombre entra en relación directa, personal y comunitariamente, con su Creador, Redentor y Santificador.  El ayuno nos permite tener un sano dominio de nosotros mismos, y a no dejarnos arrastrar por nuestras pasiones. La limosna nos ayuda a salir de nosotros mismos, para ir al encuentro del hermano, especialmente del pobre y el necesitado.
4. Estas tres obras nos ayudan a realizarnos plenamente como personas, pues abarca las tres relaciones fundamentales del ser humano: con Dios (oración), consigo mismo (ayuno) y con el prójimo (limosna). Son tres caminos que nos permiten realizar plenamente nuestra vocación: alcanzar “la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, hasta ser un hombre de plena madurez, hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. (Ef. 4, 13). No perdamos nunca de vista esta meta.
5. Queremos centrar el mensaje de este año en la limosna, teniendo en cuenta el mensaje cuaresmal del papa Francisco y la situación tan precaria e insegura que estamos viviendo en el país, en todo lo que toca la alimentación sana y equilibrada de sus habitantes.  La grave crisis alimentaria reclama de todos los cristianos una participación más activa para, de algún modo, atenuar el hambre y la desnutrición que padecen muchos hermanos nuestros.
6. “El término “limosna”, deriva del griego y significa precisamente “misericordia”. La limosna cristiana no es, pues, un gesto frío y distante de desprendimiento. Debe brotar de una persona cuyas entrañas se estremecen de misericordia ante el dolor del otro (Cf Mt 9,36). Y como la misericordia tiene mil caminos, mil modalidades, así la limosna se expresa en tantos modos, para aliviar la dificultad de cuantos se encuentran en necesidad” (Papa Francisco, Catequesis, 09/04/2016; Cf Cat. Igl. Cat. No 2462).
7. La praxis de la limosna misericordiosa está presente en el Antiguo Testamento como una acción gratísima al Señor, que nunca queda sin su recompensa. En ocasiones viene mandada directamente por Dios: “Nunca dejará de haber pobres en la tierra; por eso, te doy este mandamiento: abrirás tu mano a tu hermano, al necesitado y al pobre de la tierra (Dt. 15, 11; Cf Tob. 4, 7). El libro del Eclesiástico recomienda repetidas veces la limosna, y se dice que ella es más útil que el oro y que obtiene de Dios el perdón de los pecados (3, 15.33; 17, 18; 29, 11).
8. Son innumerables los gestos mediante los cuales Jesús comparte su tiempo, su don de sanación y sus bienes con los necesitados. Para él no era cuestión de dedicar tiempo sino una opción de vida. San Pablo dice que Jesús “siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (Cf 2 Co 8,9). Y en su predicación nos invita frecuentemente a ser generosos con los más necesitados: “Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes” (Lc. 6, 38; 12, 33).
9. Esto mismo predicaron los Apóstoles, y la Iglesia no ha cesado nunca de repetirlo y de practicarlo: “Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad, y no tiene compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él? Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad” (1Jn 3, 17-18). Los primeros cristianos vivieron con generosidad la comunión de bienes (Cf Hech 4,32-35) y el apóstol Pablo promovió una gran colecta (Cf 2 Co 8 y 9), como muestra de caridad, cuando los cristianos de Jerusalén pasaron por una gran hambruna (Rom 15, 26; Hech 24, 17).
10. Dar limosna no es solamente desprendernos de bienes materiales en beneficio de los necesitados. Para que cobre su pleno significado es menester que brote de un corazón que ama a los pobres y nos lleve a compartir también con ellos, nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestros bienes espirituales (EG No 200). Acordémonos que en ellos y en su religiosidad se dan las bienaventuranzas y se encierra un gran potencial evangelizador.  Debemos abrirnos a los demás, sentir sus diversas necesidades, tocar las llagas de su dolor, de sus sufrimientos e infortunios, y buscar –no solo en nuestros recursos, sino sobre todo en nuestros corazones, en nuestro modo de comportarnos y de actuar- los medios para adelantarnos a sus necesidades o llevar alivio a sus sufrimientos y desventuras. La limosna verdadera no afecta solamente nuestros bolsillos o nuestras cuentas bancarias sino también y sobre todo nuestras entrañas de misericordia y de compasión, nuestra sensibilidad por el dolor ajeno, tal como nos lo mostró Jesús en su actuar cotidiano (Cf Mt 14,13-21).
11. “Dar limosna” no es dar migajas, no es dar lo que sobra, es darnos nosotros mismos como se dio aquella pobre viuda observada y elogiada por Jesús (Cf Lc 21,1-4). Es un primer paso para llegar a  vivir la opción preferencial por los más necesitados,  opción que hizo Jesús, y que el papa Francisco no se cansa de recordarnos en sus mensajes y en su actuar. Inspirada en ella, la Iglesia hizo una opción por los pobres entendida como una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad…Esta opción está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza. Por eso quiero una Iglesia pobre y para los pobres” (EG. 198).
12. Hemos de tener en cuenta, que por voluntad divina los bienes de la creación están destinado a todo el género humano. El hombre, al servirse de ellos, debe considerar que es sólo administrador, no dueño exclusivo. Si posee bienes de fortuna debe comportarse con ellos como un colaborador de la providencia divina, multiplicarlos,  hacerlos fructificar y transferir sus beneficios a sus hermanos que carecen de ellos.
13. La Iglesia no se ha cansado de denunciar insistentemente en sus mensajes sociales el grave escándalo de la desigualdad en la distribución y disfrute de los bienes de la tierra, del saber, de la tecnología y de la información.  Esta injusticia social clama al cielo y está en contra del plan de Dios. Socorrer a los necesitados es un deber de justicia aun antes que un acto de caridad. Los planes asistenciales, como las ollas comunitarias y las bolsas de comida, solo deben pensarse como respuestas coyunturales y pasajeras. “La inequidad es la raíz de todos los males”, por eso la Iglesia basada en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia, nos llama a luchar con todos los hombres y mujeres de  buena voluntad, para superar las causas estructurales de la pobreza en nuestro país y en el mundo (EG No  202).
14. Ante la magnitud de la miseria que vivimos en nuestro país no podemos quedarnos indiferentes. Nuestros bienes –riquezas, capacidades, talentos recibidos- nos han sido dados para bien de todos. ¿Estamos seguros de que hacemos servir todo lo que hemos recibido para bien de la sociedad, para bien de nuestros hermanos? ¿Es ésta la orientación que damos a nuestros negocios, a nuestros estudios, a nuestra carrera y profesión, a nuestro estilo de vida? No debemos considerar como propio lo que otros hermanos necesitan para sobrevivir. ¿Somos consecuentes con esta verdad y estamos dispuestos a sumarnos cada año a la Campaña Compartir promovida por la Cáritas Nacional y arquidiocesana en Cuaresma?
15.- El Compartir nuestros bienes no tiene que ver con la cantidad que tengamos sino con una actitud fundamental de todo cristiano pues representa un ejercicio ascético para librarnos del apego a las cosas materiales. Todos experimentamos de un modo u otro la tentación que el diablo le presentó a Jesús en el desierto (Cf Mt 4,1-11). Es fuerte la seducción de las riquezas materiales y como el Señor tenemos que alimentarnos, personalmente y en comunidad, de la Palabra de Dios para vencer esa tentación y alejar de nosotros la idolatría del dinero y de las posesiones (1Tm 6, 10; EG, 55). En lugar de ser instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz” ( Papa Francisco, Mensaje de Cuaresma 2017).
16. Para quien ha quebrantado el séptimo mandamiento: NO ROBARÁS, la limosna es un medio para restablecer la justicia y enmendar al pecador. Así lo atestigua toda la tradición y el Magisterio de la Iglesia. Al respecto, San Ambrosio afirma: “Te vendiste al pecar, redímete ahora con tus bienes, paga tu rescate con tu dinero. Viles son las riquezas, pero la misericordia es preciosa. <<La limosna libra del pecado>> (Tob 12, 8). Y en el Evangelio dice el Señor: Hagan amigos de las riquezas injustas (Lc. 4, 9). Convierte tú, como dispensador, las riquezas e instrumentos de la avaricia, en recursos de la misericordia” (San Ambrosio, Libro de Elías y el ayuno, 20; PL 14, 759).
17. Nuestro Señor Jesucristo nos señala una característica típica de la limosna cristiana: tiene que ser en secreto. “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha…así tu limosna quedará en secreto” (Mt. 6, 3-4), La preocupación principal del seguidor de Jesús es que todo vaya orientado a darle mayor gloria a Dios y ayudar al hermano necesitado sin buscar beneficios o reconocimientos personales.
18. Queridos hermanos, teniendo en cuenta estas consideraciones, les invitamos a ser generosos en su entrega cristiana, pues hay más alegría en dar que en recibir. Durante este tiempo de cuaresma, cumplamos con la obra de misericordia de dar de comer al hambriento (Mt 25,35).  La Iglesia en Venezuela, a través de la Red de Cáritas, nos propone concretamente como praxis caritativa este año,  el programa de Ollas comunitarias.  Este programa no consiste solo en alimentar el cuerpo, ni es un fin en sí mismo, sino principalmente una animación y acción pastoral que invita a la organización comunitaria, la solidaridad, el encuentro y el acompañamiento con los que más sufren ante la falta de alimentos.
19. Unámonos con alegría, entusiasmo y voluntad a participar en este importante programa de Cuaresma. Seamos creativos y busquemos juntos, incluso con los hermanos de otras Iglesias y confesiones religiosas,  la manera de disminuir las deficiencias alimentarias de nuestros hermanos más afectados. La Colecta Compartir de este año, fruto de nuestra generosidad y de nuestras privaciones y ayunos, será destinada a fortalecer en la arquidiócesis las Cáritas Parroquiales, para que estén en condiciones de llevar adelante los programas asistenciales, de promoción humana y organización comunitaria que reclaman las circunstancias.
20. Los agentes parroquiales de la pastoral social, los miembros de las Cáritas arquidiocesanas y parroquiales, los delegados de la Palabra, los catequistas y todos los agentes de pastoral, los laicos inmersos en el mundo de la política,  están invitados a participar en la XI Semana de Doctrina Social de la Iglesia, organizada por el Foro eclesial y la UNICA. Todos debemos sentirnos particularmente urgidos de prepararnos mejor para ser más eficaces y pertinentes en nuestro compromiso de trabajar por el restablecimiento de la justicia social, de la convivencia y de la fraternidad entre todos los venezolanos.
21. Queridos hermanos, entremos en este camino cuaresmal con la firme decisión de convertirnos, de escuchar el mensaje que Dios nos dirige a través de su Palabra, de dejar entrar el amor de Dios en nuestros corazones, de mostrar a través de nuestro desprendimiento la encarnación del maravilloso y alegre don del dar con generosidad.
22. María de Chiquinquirá, Madre y Sierva del Señor, nos ayude a llevar adelante la batalla espiritual de la cuaresma armados con la oración, el ayuno y la práctica generosa de la limosna, para llegar a las celebraciones de las fiestas de Pascua, renovados en el Espíritu y más convencidos de la dignidad inviolable de cada ser humano.
Con estos sentimientos, conjuntamente con mi Obispo auxiliar, les imparto mi bendición paternal.
Maracaibo 28 de febrero de 2017

+Ubaldo Ramón Santana Sequera
Arzobispo de Maracaibo.

+ Ángel Francisco Caraballo Fermín
Obispo Auxiliar












sábado, 18 de febrero de 2017

EUCARISTA DE ACCION DE GRACIAS POR EL JUBILEO SACERDOTAL DE MONS. ANGEL CARABALLO HOMILIA

EUCARISTA DE ACCION DE GRACIAS
POR EL JUBILEO SACERDOTAL DE MONS. ANGEL CARABALLO
HOMILIA
Lecturas: Jer 1,1-4; Sal 23; 2 Tim 1,6-8; Mt 20,25-28
Muy querido Mons. Ángel Caraballo,
Queridos hermanos concelebrantes y diáconos permanentes,
Muy queridos hermanos y hermanas,
Nos hemos congregado como una gran familia en la casa de la Madre en Maracaibo, en este día dieciocho, tan significativo para ella y para nosotros sus hijos e hijas, para dar gracias al Señor. En primer lugar por el don del sacerdocio que, en su gran misericordia, quiso Dios concederle a Mons. Ángel Caraballo. En segundo lugar por el don de la fidelidad que le ha permitido a este elegido desempeñarlo con perseverancia y entrega durante estos 25 primeros años. Por tal motivo ¡Demos gracias al Señor porque es bueno porque es eterna su misericordia! (Sal 117,1)
Para mí es una gran alegría pronunciar esta homilía ya que tuve la dicha de ordenarlo sacerdote pocos meses después de mi llegada a Ciudad Guayana el 7 de diciembre de 1991. Fue el primer sacerdote diocesano oriundo de esa nueva diócesis. Hijo de familia ferrominera. Por eso puedo hacer mías con toda propiedad las palabras de Pablo a su discípulo Timoteo que acabamos de escuchar: “Te recuerdo que avives el don de Dios que recibiste por la imposición de mis manos”.
Mons. Ángel ha puesto especial empeño en avivarlo constantemente porque llega a estas bodas de plata profundamente enamorado de su vocación transmitiendo en torno a si la felicidad que le ha proporcionado el ser consecuente con la vocación recibida. ¡Gracias, Monseñor, por el sencillo y consecuente testimonio de tu vida sacerdotal! Te tuve a mi lado durante tus primeros diez años allá en Ciudad Guayana y ahora llevas ya cuatro años con nosotros en Maracaibo y mantienes siempre viva esa llama que el Señor encendió en tu corazón cuando estudiabas ingeniería en la Universidad Central y que lejos de apagarse arde cada día con mayor fuerza.
Cuando Dios llama y elige a alguien para enviarlo al servicio de su pueblo, establece una relación muy estrecha con esa persona. Así lo hizo con Abraham, Moisés, David y así lo sigue haciendo. Su alianza es irreversible y no la quebranta a pesar de las deficiencias de sus elegidos. Dios no retira jamás los dones que nos hace. Ya has oído muchas veces en tu vida ministerial esa frase del ritual de instituciones y ordenaciones: “Dios que empezó en ti la obra buena, él mismo lo lleve a término”. Todo es de Dios. De Dios la llamada inicial, de Dios la ordenación sacerdotal y de Dios su desenvolvimiento fiel y consumación.
Cuando tomamos conciencia de todo lo que nos ha dado, la vida entera se nos vuelve pequeña para manifestarle nuestra gratitud. Así lo dice el salmista: “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?” (Salmo 116,12). Pero el Señor, sabiendo que no tenemos cómo hacerlo, ha venido en nuestra ayuda y ha puesto en nuestras manos una manera infalible de darle gracias: la santa misa. “Hagan esto en memoria mía” (1 Co 11,24). ¡Bendito sea el Señor que ha encontrado en ti un servidor agradecido que todos los días le expresas tu gratitud en el altar!
Con el don el Señor nos da también la gracia para actuarlo. Todo lo podemos en aquel que nos conforta. Basta permanecer unido a él como el sarmiento a la vid. Cristo se lo dijo claramente a sus discípulos en la última cena: “El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de mi no pueden hacer nada” (Jn 15,5). Yo me imagino que Mons. Ángel, en este recorrido de un cuarto de siglo de vida sacerdotal, se ha dado cuenta que lleva ese inmenso tesoro y dignidad en un frágil vaso de barro (2 Co 4,7) y que resulta imprescindible vivir permanentemente unido a Cristo Jesús para mantenerse en pie y vencer la tentación de querer colocarnos en el centro en vez de dejar el lugar a Jesús.
El Papa Francisco en su Exhortación sobre “La alegría del Evangelio” nos ha advertido sobre el peligro de caer en el narcisismo y de dejarnos envolver por la mundanidad espiritual, que en palabras del Santo Padre, es querer “buscar en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal” (EG 93). ¡No nos soltemos nunca de Cristo Jesús!
El sacerdote es a la vez oveja y pastor. Como oveja es un cristiano, un bautizado, miembro del pueblo de Dios, del cuerpo de Cristo. Forma parte del pueblo que Dios apacienta, del rebaño que él cuida (Cf Salmo 95,7). Para llegar a ser buen pastor necesita, primero que todo, llegar a ser buena oveja que se deja conducir, lleno de confianza y sin miedo por el Señor, a través de cañadas oscuras, hacia los verdes prados, hacia las fuentes de agua, hacia la mesa que repara sus fuerzas. Se deja rejuvenecer y fortalecer por el óleo de la alegría y se goza de vivir en su presencia.
Al gusto espiritual de ser parte del pueblo, el Papa Francisco lo llama una opción evangelizadora que se ha de transformar en una pasión (EG 268). “Jesús quiere que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura. Cuando lo hacemos la vida se nos complica maravillosamente y vivimos la intensa experiencia de ser pueblo, la experiencia de pertenecer al pueblo” (EG 270)
El salmo responsorial de hoy nos invita dejarnos conducir por Jesús Buen Pastor. Esa unión de la oveja con su pastor que la conoce por su nombre y cuya voz le es familiar, es fundamental y se realiza mediante la incardinación en una Iglesia local, pueblo y familia de Dios, en la adhesión efectiva y afectiva obediencia a Cristo en la persona del obispo, en su inserción en el colegio presbiteral donde experimenta la fraternidad, la comunión de bienes y la santidad comunitaria y en su entrega abnegada y gozosa a la evangelización del pueblo que le ha sido encomendado.
En el diálogo que el obispo ordenante sostiene con el elegido antes de imponerle las manos, le pregunta: “Quieres unirte cada día más a Cristo, sumo sacerdote, que por nosotros se ofreció al Padre como víctima santa y con el consagrarte para la salvación de los hombres?” El cumplimiento de la misión solo es posible si se mantiene viva, activa y estrecha esa unión con Cristo mismo. Lo que ocurre en su ser debe reflejarse luego en su hacer. El sacerdote está llamado a transformar en experiencia de vida la gracia de la configuración con Cristo que recibe en el sacramento.
Con esta celebración Mons. Ángel nos hace descubrir lo importante que es saber detenerse al cabo de cierto tiempo de camino recorrido para darnos cuenta si mantenemos ardiente el amor primero, si no nos hemos salido del camino, si seguimos a Jesús llenos de gozo y entusiasmo. San Pablo cuando le escribe a los Filipenses desde la cárcel hace ese monitoreo de su vida y exclama: “Cristo es para mi la razón de vivir. Todo lo que era para mi ganancia humana lo sigo estimando pérdida a causa de Jesucristo”. Lo que me interesa es el bien supremo de conocerlo, de ganarlo, de encontrarme unido a él. Continuo mi carrera por si logro conquistarlo porque para eso fui conquistado por él. “Por eso olvidando lo que dejé atrás corro en dirección a la meta hacia el premio al que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús” (Cf Fil 3, 1-15).
Un sacerdote como Pablo no puede alcanzar esa meta sino acompañado del pueblo que ha servido con amor y abnegación hasta el olvido de sí mismo. La piedra de toque de nuestra unión a Cristo se verifica en el don total de nuestra vida a los que nos necesitan particularmente los más pobres y desamparados.
Cuando Mons. Ángel recibió la ordenación sacerdotal Venezuela era otra y ejerció su ministerio en una región próspera y hermosa. Hoy le toca realizar su vocación de servicio en esta región zuliana que no conocía y en medio de una Venezuela convulsionada por el hambre, la desnutrición, las deficiencias sanitarias, la inseguridad civil y jurídica, la peste de la corrupción en todos los niveles, de la que no escapa ni siquiera la Iglesia.
Estás atravesando las cañadas oscuras del salmo 23. Pero acuérdate de las palabras de Pablo a Timoteo. Son hoy para ti también: “Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de dominio de si. Por tanto no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor Jesucristo…al contrario comparte conmigo el sufrimiento por el Evangelio”. Ya sabes en quien has puesto tu confianza. Convéncete que el es poderoso para conservar lo que se ha confiado hasta el día final” (2 Tim 1,7-12).
Dios que te llamó, como Jeremías, a derribar y a arrasar el mal que se anida en el corazón del hombre y de la sociedad, a construir y a edificar un pueblo en la justicia, la dignidad, el respeto y la reconciliación, te acompañe en esta nueva etapa de tu misión investido ya de la plenitud del orden sacerdotal. “Que la bondad y el amor te escolten todos los días de tu vida para que llegues a habitar en la casa del Señor a lo largo de tus días” (Sal 23,5).
Que María Santísima, Nuestra Señora de Chiquinquirá, a quien sirves en estos días desde la basílica, sea tu Madre, guía, protectora y educadora y descubras con ella la felicidad de todo servidor que escucha la Palabra, vive de ella y la hace vivir a sus hermanos.
+Ubaldo R Santana Sequera
Arzobispo de Maracaibo

sábado, 7 de enero de 2017

HOMILIA EN LA ORDENACIÓN PRESBITERAL DEL DIÁCONO EDUARDO DABOIN PARROQUIA LA INMACULADA. CARRASQUERO.



HOMILIA EN LA ORDENACIÓN PRESBITERAL
DEL DIÁCONO EDUARDO DABOIN
PARROQUIA LA INMACULADA. CARRASQUERO.

Lecturas: Eclo. 2, 1-6: Salm 22; 1Tim 1, 12-17; Jn 10, 11-17



Muy queridos hermanos y hermanas
En el marco de los 50 años de esta comunidad parroquial de la Inmaculada Concepción, con alegría y esperanza cristianas, estamos celebrando la ordenación presbiteral de un hijo de Carrasquero. Saludo de modo especial al Padre Alexis León, administrador parroquial, a la comunidad religiosa de los padres salesianos, a los sacerdotes concelebrantes, a los diáconos permanentes, a las religiosas presentes y a los seminaristas que sirven en esta solemne celebración.
Permítanme saludar especialmente a los padres de Eduardo y a toda esta comunidad cristiana, que han sido testigos de excepción del llamado divino de este joven, al cual ustedes vieron nacer, crecer y madurar en su proceso de vocacional. A ustedes, Eduardo, les debe mucho, pues, aunque el Señor puede llamar, directa y extraordinariamente, a una persona, suele, sin embargo, valerse de acontecimientos y personas para dar a conocer su voluntad. Les pido encarecidamente que sigan orando por él, para que el Señor lleve a feliz término lo que él mismo inició.
Hace apenas un mes clausuramos el Año de la Misericordia, pero como ha dicho el Papa Francisco “’aunque se cierra la Puerta santa, permanece siempre abierta de par en par para nosotros la verdadera puerta de la misericordia, que es el Corazón de Cristo” (Homilía de Clausura del Año de la Misericordia). Estamos todavía celebrando el Nacimiento del Salvador, y resuenan, todavía hoy, las palabras de San Juan “tanto amó Dios al mundo que envió a su hijo único” (Jn 3, 16).
Esta ordenación sacerdotal, es para nosotros, un gesto de misericordia de Jesús que ha llamado a Eduardo a ser uno de los suyos, un amigo, un confidente, un ministro, uno que lo hará presente en la comunidad cristiana. Es también, un regalo para esta Iglesia Marabina, urgida de sacerdotes configurados según el corazón de Cristo Jesús. Sacerdotes que sean testigos de vida en unidad y comunión afectiva y efectiva con su Obispo y a su presbiterio en medio de un pueblo en desbandada. Sacerdotes apasionados por la proclamación de la Buena Nueva de la Salvación en estos momentos de tanta incertidumbre y confusión, de tanta manipulación y mentira. Sacerdotes valientes que guíen con aplomo un pueblo pobre y abandonado, carente de líderes capaces, honestos y responsables. Demos gracias a Dios por este gesto de misericordia y por este gran regalo.
Has elegido, querido hijo, el evangelio en el que Jesús se presenta a sus discípulos como un Buen Pastor y en el que aparecen las principales virtudes que deben adornar el ministerio del sacerdote: conocer por su nombre cada una de sus ovejas, defenderlas de sus depredadores y estar dispuesto a dar la vida por ellas.

Como bien sabes, esta figura del Buen Pastor es muy familiar en la Sagrada Escritura y en las primeras comunidades cristianas. Se conserva efectivamente una pintura en una lápida sepulcral de las catacumbas de Domitila, en Roma, que data del final del siglo tercero, en la que aparece Jesucristo como un Buen pastor, que guía y protege a sus fieles con su autoridad (el cayado), los atrae con la sinfonía melodiosa de la verdad (la flauta) y les hace reposar a la sombra del árbol de la vida (la cruz que abre la puerta del paraíso).
En el Antiguo Testamento Dios mismo es representado como pastor de su pueblo “El Señor es mi pastor nada me falta” (Salmo, 23).  “Él es nuestro Dios y nosotros el pueblo de su rebaño” (Salmo, 95,7). El futuro Mesías también es descrito con la imagen de pastor: “Como el pastor pastorea su rebaño; recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva y trata con cuidado a las paridas» (Is 40,11). Esta imagen ideal de pastor encuentra su plena realización en Cristo. Él es el buen pastor, el Gran Pastor, enviado por el Padre, en busca de la oveja extraviada (Cf Lc 15,1-4); se apiada del pueblo porque lo ve «como ovejas sin pastor» (Mt 9,36); y a sus discípulos los llama “’el pequeño rebaño” (Lc. 12, 32)
Todo sacerdote, como Jesús, debe conocer a sus ovejas y las ovejas deben reconocer en la voz del sacerdote, la voz del mismo Cristo a quien representan: «Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen». En Israel, era posible que se llegara a un conocimiento íntimo y profundo entre el pastor y las ovejas, pues permanecían años y años en compañía del mismo pastor, quien acababa por conocer el carácter de cada una y llamarla con un apodo afectuoso (Jn 10,4).
Está claro lo que Jesús quiere decir con estas imágenes. Él conoce a sus discípulos, conoce lo que cada uno lleva en su corazón (Jn 2, 24-25) les conoce «por su nombre», que para la Biblia quiere decir en su esencia más íntima. Él les ama con un amor personal que llega a cada uno como si fuera el único que existe ante Él. Cristo no sabe contar más que hasta uno: y ese uno es cada uno de nosotros.
El Papa Francisco no se cansa de recordar a los sacerdotes y a los obispos que debemos ser pastores ‘’con olor a ovejas’’, olor que se adquiere si estamos en contacto permanente con los fieles que nos han sido encomendados. En el Capítulo V de la Exhortación ‘’El Gozo del Evangelio”, nos da algunas pautas, para que sigamos el ejemplo de Jesús. Siempre tenemos la tentación “de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros…Cuando lo hacemos la vida siempre se nos complica maravillosamente y vivimos la inmensa experiencia de ser pueblo, de pertenecer al pueblo” (EG, 270).
Y el Papa insiste que imitamos a Jesús en el ejercicio del ministerio: Jesús “si hablaba con alguien, miraba sus ojos con una profunda atención amorosa, así hizo con el Joven Rico, lo miró con cariño (Mc. 10, 21), se hace accesible al ciego de nacimiento, a pesar de que los apóstoles tratan de impedírselo (Mc. 10, 46), come con los publicanos y pecadores, sin importarle que lo traten de comilón y borracho (Mt. 11,19), trata con respeto y caridad a la mujer sorprendida en flagrante adulterio y lo vemos disponible a atender a Nicodemo de noche (Jn. 3, 1-15)” (EG, 269)

Te aconsejo, querido Eduardo, que no seas sacerdote de carreteras, ni de aeropuertos, sino que te entregues plenamente a la misión que te he encomendado. Céntrate bien en ella, no te disperses. Pídele al Espíritu Santo que seas siempre capaz de discernir lo importante y esencial de tu ministerio para llevarlo a cabo con alegría. Sólo así podrás conocer bien a las personas que están a tu cuidado, podrás amarlas, podrás compartir con ellas sus alegrías y penas, podrás, en definitiva, mostrar el rostro misericordioso de Jesús, que nos ama a cada uno, con un amor total, sacrificado, perdonador.
El sacerdote, como Jesús, debe dar la vida. “Él da la vida a las ovejas y por las ovejas y nadie podrá arrebatárselas’”. La pesadilla de los pastores de Israel eran las salvajes bestias –lobos y hienas- y los salteadores. En lugares tan aislados constituían una amenaza constante. Era el momento en que se evidenciaba la diferencia entre el verdadero pastor –el que apacienta las ovejas de la familia, quien tiene la vocación de pastor- y el asalariado que se pone al servicio de algún pastor sólo por la paga que recibe de él, pero que no ama, e incluso frecuentemente odia a las ovejas. Frente al peligro, el mercenario huye y deja a las ovejas a merced del lobo o del malhechor; el verdadero pastor afronta valientemente el peligro para salvar el rebaño.
Te ha tocado, Eduardo, recibir la ordenación presbiteral, en un momento difícil de la historia de nuestra querida patria. Espero que, como Jesús, estés dispuesto a dar la vida y proteger de los peligros externos e internos al pueblo de Dios. Este momento difícil debe constituir para ti una ocasión, una oportunidad para manifestar tu amor incondicional a Dios y a la gente. Es válido para ti el consejo que hemos escuchado del libro del Eclesiástico: “’acepta todo lo que te venga, y sé paciente si la vida te trae sufrimientos. Porque el valor del oro se prueba en el fuego, y el valor de los hombres en el horno del sufrimiento”.
El sacerdocio no es una profesión. Por tanto, no buscarás los mejores puestos, no te lucrarás con el ejercicio del ministerio, no te darás lujos ni vivirás una vida confortable, placentera, libre de preocupaciones, no me pedirás permiso para trasladarte a un país rico y desarrollado para vivir la “dulce vida”. Para estas cosas, Dios no te eligió. Dios te eligió para ser de Él, servir y dar la vida.
Hay retos, palabras y circunstancias que desaniman a los cobardes, suelen ser las mismas que animan a los valientes. Espero que te encuentres entre estos últimos. Haz vida en ti, cuanto te aconseja el sabio: “Hijo mío, si tratas de servir al Señor, prepárate para la prueba. Fortalece tu voluntad y sé valiente, para no acobardarte cuando llegue la calamidad. Aférrate al Señor, y no te apartes de él; así, al final tendrás prosperidad”. Y sigue, al pie de la letra, el lema que escogiste “Todo lo puedo, en Cristo que me fortalece” (Fil 4,13), pues como tú bien lo has dicho ser sacerdote es ser partícipe del sacerdocio de Cristo que se entrega y se dona por los demás, dar la vida por las ovejas, perderla para tomarla de nuevo.
Queridos jóvenes, aquí presentes, vale la pena dar la vida por Jesús, él no quita nada y lo da todo. Pregúntate, en este momento, ¿Jesús quiere que yo sea sacerdote? ¿Vale la pena dar la vida por Jesús? ¿Jesús tendrá necesidad de mí? Si ves que el Señor te llama a entregar tu vida al servicio del evangelio, sé generoso, responde inmediatamente, no hagas esperar al que es tu vida, luz y camino, para que puedas decir como San Pablo en la lectura de hoy: ‘’Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio”.
Eduardo, estamos en tierras marianas. Las tierras marenses están marcadas por la presencia de María bajo diversos títulos y advocaciones: Virgen del Carmen, María Auxiliadora, Inmaculada Concepción, La Chinita. Cada uno de ellos te han ido mostrando a lo largo de tu vida cristiana el rostro amoroso y materno de tu madre amada. Hoy, al iniciar tu vida de sacerdote,  te confío a su poderosa y maternal protección. Que  ella sea para ti, modelo, esperanza y consuelo. Amén

Carrasquero, 7 de enero de 2017


+ Ubaldo Ramón Santana Sequera
Arzobispo de Maracaibo

jueves, 22 de diciembre de 2016

MENSAJE DE NAVIDAD 2016 ¿QUÉ NAVIDAD QUEREIS CELEBRAR?

MENSAJE DE NAVIDAD 2016
¿QUÉ NAVIDAD QUERÉIS CELEBRAR?
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos…que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la virgen y se hizo hombre

La Navidad es una Buena Noticia. Mejor dicho, es LA BUENA NOTICIA. La mejor de las buenas noticias que le haya podido llegar a esta humanidad sufrida y doliente. La Navidad no es sólo un mensaje, no es una teoría, como el Big Ban; la Navidad es un acontecimiento, un hecho histórico, una evidencia del infinito amor de Dios por nosotros. Así habla Dios: a través de hechos, de acontecimientos.
En el antiguo Testamento habló a través de la historia del pueblo de Israel. En el Nuevo Testamento, habló a través de la persona de su mismo Hijo, el Verbo Eterno. Así empieza la Carta a Los Hebreos: “Muchas veces y de muchas maneras Dios habló en la antigüedad a nuestros padres por medio de los profetas. Y ahora, en este tiempo final, nos ha hablado por su Hijo” (He 1,1). Así lo narra San Juan al inicio de su evangelio: “Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros” (Jn 1,14).
Antes del evangelio escrito, hubo un evangelio vivo. Será la perfecta coherencia entre el modo de vivir de Jesucristo y sus enseñanzas que impactarán profundamente a sus oyentes y arrastrará tras de él a los discípulos. (Cf Lc 4,31-36). Por eso es tan importante que nos fijemos en cada detalle de lo ocurrido en la noche de Belén.

Cuando los ángeles anunciaron a los pastores el nacimiento del Mesías les dieron como señal: “Encontrarán a un niño recién nacido, es decir que no habla; envuelto en pañales, es decir, un criatura de padres pobres, acostado en un pesebre, no solamente pobre sino entre animales.  Este inicio de pobreza, silencio y trabajo se prolongó luego durante más de 30 años en el taller de Nazaret al lado de sus padres. Es tan fuerte este período de su vida que más adelante él será conocido como Jesús, el de Nazaret, el Nazareno.  
Su predicación respaldará plenamente esta vivencia. Proclamara: “Dichosos los pobres porque a ustedes les pertenece el Reino de Dios” (Lc 6,20). “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habiendo ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, las revelaste a los pequeños” (Lc 10,21). “Todo lo que le hagan a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mi me lo hicieron” (Mt 25,40).
La Navidad cristiana es por consiguiente en su núcleo esencial la aparición de Dios en este mundo, no como un fantasma, ni como un ídolo, ni como una fuerza suprema gravitacional, sino como un ser humano, como un  niño de padres humildes, sencillos y pobres. Siempre hay que volver al corazón mismo de esta fiesta porque hoy en día Navidad se ha vuelto un bosque de arbolitos, de adornos, de Santas, de regalos, de consumos, de gastos, de reuniones sociales, bosque tan envolvente que ha ido quitándole el puesto a la verdadera Navidad. La globalización comercial ha ido imponiendo a través de sus cuñas publicitarias el mensaje de “Felices Fiestas” en vez de “Feliz Navidad”.
Yo los invito, mis hermanos y hermanas, a detenernos un momento a ante el pesebre de nuestro templo parroquial o el de nuestra casa a para contemplarlo. Hagamos como Moisés en el desierto cuando cuidaba las ovejas de su suegro Jetró, que cambió su ruta para ir una zarza sorprendente que ardía sin consumirse (Ex 3,1-3). Detengámonos y preguntémonos: ¿Por qué el evangelista contrasta la noticia del nacimiento con la otra noticia del censo ordenado por el Emperador Augusto? ¿Cómo es eso que ese Niño-Dios no nació en una cuna en su casa, sino en pleno desplazamiento de sus padres? ¿Cómo es eso que José, siendo nativo de Belén, no encontró lugar decente y adecuado para el parto de su esposa y tuvo que acomodarla en el fondo de una cueva? ¿Cómo es eso que, si bien unos ángeles le cantaron en el cielo, los primeros testigos de su nacimiento fueron unos pobres pastores de ovejas? ¿Por qué Dios quiso llegar al mundo así, de modo tan difícil, tan pobre, con testigos de tan poca calificación? 
El evangelista Lucas quiere que entendamos que la Buena Noticia que cambia el rumbo de la historia no la da el emperador Augusto desde su palacio romano sino un infante desde una cueva en un pueblo desconocido. Los tiempos han llegado a su plenitud (Cf Gal 4,1-4) y la fuerza para construirlo no está en la dominación ni en la explotación del hombre por otro hombre sino en el poder del amor hecho entrega y servicio hasta la muerte.  La Buena Noticia no llega de una gran capital: Roma, Jerusalén, sino de Belén, un pueblito desconocido, de la periferia del mundo. Así habla Dios. Así llega Dios a este mundo. Así es el camino abierto por Dios en esta humanidad para salvarnos. Ese es el camino que nosotros también como discípulos-testigos de la noche de Belén estamos llamados a recorrer.
Una Navidad así es muy cuestionadora, muy cruda para los gustos de nuestro mundo. Mejor entonces edulcorarla, volverla un cuento bonito, como un cuento de hadas más, y reemplazarla por historias que nos embelesen pero que no nos lleven a cambiar nada en nuestras vidas. Nos sentimos sin duda más cómodos con un Santa que llega con todo su carruaje de renos repleto de regalos; con un supuesto “espíritu de navidad” con olor a mandarinas y con otras fórmulas séudo navideñas que nos incitan a centrarnos en nosotros mismos, a encerrarnos en nuestras cápsulas egoístas y a olvidarnos del sufrimiento y dolor que nos rodea.
La Navidad de este año acontece  en un mundo dominado por grandes poderes imperiales,  convulsionado por el terrorismo, con campamentos abarrotados de refugiados, por naufragios en alta mar de pateras sobrecargadas de migrantes desesperados que buscan huir de la miseria, de inmensos cruceros navideños llenos de turistas que se dan la buena vida. Acontece en una Venezuela donde los niños mueren de hambre, las familias no tienen cómo abastecerse, los enfermos no consiguen medicinas, donde no hay seguridad en ninguna parte, donde el diálogo no avanza, la miseria crece, las familias se disgregan.
En medio de tanta desesperación, necesitamos celebrar Navidad. Necesitamos escuchar nuevamente el canto de los ángeles. Necesitamos ir con los pobres pastores a ver al niño y con José y María recargar de esperanza nuestras almas vacías. Necesitamos celebrarla familiarmente, comunitariamente. Celebrarla con sencillez y austeridad pero celebrarla. José y María no pudieron celebrar su primera Navidad con su familia. Un capricho del emperador los había dispersado. Muchos de nosotros no podremos reunirnos todos en familia. Muchos estarán lejos, en otros países. No la vamos a poder celebrar con todas nuestras tradiciones culturales y culinarias. Pero eso no significa que no podamos celebrar la Navidad.
Mantengamos viva nuestra fe, nuestras celebraciones y las hermosas tradiciones que fortalecen los lazos del regalo más bello de esta tierra después del Niño Dios: la familia. No dejemos de reunirnos en familia, los que estemos, y compartamos lo poco o mucho que llevemos para la comida. No dejemos que la inseguridad o el miedo nos impida  ir juntos a la misa de Nochebuena o del día de Navidad. No dejemos de alegrarnos, de cantar  “Niño Lindo” mientras destapamos el niño Jesús de nuestro pesebre casero. No dejemos de comunicarnos con nuestros seres queridos. No dejemos de tomar en cuenta a nuestros familiares mayores, enfermos. Nadie nos puede robar el gozo de celebrar la Navidad.
Navidad es un acontecimiento. Hagamos también de nuestra Navidad un acontecimiento de amor y solidaridad. En momentos tan difíciles como los que atraviesa nuestro país, seamos solidarios y afectuosos con nuestros semejantes, con el que nos necesite, sólo así daremos un sentido pleno a la festividad del nacimiento de aquel niño, venido de Dios, y que, siendo Dios mismo, nos pidió amarnos como él nos amó. Esa, y no otra, es la verdadera esencia de la fiesta que el Señor quiere que tengamos en la tierra.
 Les deseamos a todos una Feliz y Santa Navidad 2016.

+Ubaldo R Santana Sequera FMI              + Angel F Caraballo Fermín
    Arzobispo de Maracaibo                                 Obispo Auxiliar


Feliz Navidad!!!